Cambio Climático, estamos rodeados...
Por Tomás Laguna
La causa de la reducción de gases efecto invernadero como forma de enfrentar el cambio climático, más allá de su razón incuestionable, ha servido de argumento a quienes han utilizado la causa ambientalista como trinchera anti sistema. Nuestros sistemas productivos están en la mira.
El rubro más importante de nuestra economía, aquel sobre el que se sustentan nuestras exportaciones, se enfrenta a una guerra sorda, con enemigos escondidos en trincheras múltiples que disparan desde la impunidad de las redes sociales contra el agro negocio acusándolo de las mayores calamidades. Desde otros ámbitos más formales se cuestiona a la ganadería y a la agricultura por su contribución a los gases de efecto invernadero. En un caso organizaciones internacionales como la siempre desconcertante FAO, otras desde los países industrializados, urbanos todos, con un campesinado que sobrevive en base a subsidios cumpliendo más la función de jardineros de lujo antes que productores rurales, sociedades todas que en definitiva son las que más contribuyen en la emisión de gases efecto invernadero. En esas mismas economías, desde medios periodísticos de cierto prestigio como la misma BBC de Londres, se publican informes indicando que para no contribuir a los GEI hay que evitar comer carne o productos lácteos, fundamentalmente si provienen de América del Sur (BBC News, “Climate change food calculator: What’s your diet’s carbón footprint?” 9/agosto/2019). Es el argumento más fuerte que han encontrado para contrarrestar la mayor capacidad de competir en la producción de alimentos desde nuestro continente.
Lo peor es que estas nuevas corrientes tienen hoy sus adeptos en nuestra misma sociedad, afiliados a vientos de doctrinas snobs como parte de una lucha anti sistema dónde todo vale al momento de ser contestatario. Así es que surgen adeptos a dietas alternativas contrarias a la naturaleza humana y por extensión al sistema capitalista de producción de alimentos. Es la dictadura del relativismo, son “vientos de doctrinas” que al decir del papa Benedicto XVI "parece que completa el concepto de libertad" cuando en realidad puede “llegar a destruirla”. Así las cosas, el mundo se enfrenta a una nueva cumbre sobre el cambio climático. Se trata de la XXV Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 25) la que se llevará a cabo en Chile en diciembre próximo bajo el lema “Tiempo de Actuar”, poniendo énfasis en la necesidad de que todos los países aumenten sus compromisos para limitar el calentamiento global. Lo que se decida a este nivel pasará a ser parte de la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático, tratado que establece las obligaciones de los estados miembros para combatir el cambio climático y que fue firmado en la Cumbre de la Tierra en 1992.
Pero también es necesario atender otro hecho relevante. En el 2020 caduca el Protocolo de Kyoto, acuerdo internacional firmado en Japón en 1997 y en vigencia recién en el 2005, con el objetivo de reducir las emisiones de seis gases de efecto invernadero. Simultáneamente entrará en vigencia el Acuerdo de París, laudado en la COP 21 en ocasión de la cumbre de 2015 en Francia cuando nuestro país asumió un determinado compromiso en lo que se denomina “Contribuciones Nacionales Determinadas” para la reducción de los gases de efecto invernadero (GEI). La agenda es intensa, y como resuelva nuestro país su representación, argumentos, justificación del cumplimiento de los compromisos a partir del Acuerdo de París, será clave para luego proyectarnos como país productor de alimentos para el mundo en condiciones de contrarrestar las acusaciones que nos hacen desde el norte desarrollado, y que luego amenazan transformarse en barreras no arancelarias.
Para atender esta agenda en el Poder Ejecutivo se conformó el Grupo de Coordinación del Sistema Nacional de Respuesta al Cambio Climático y Variabilidad, tal su extensa denominación. También es muy extensa su integración. 9 ministerios incluyendo OPP, más otras varias instituciones. No obstante se hace necesario actuar en forma focalizada, concentrando esfuerzos y estrategias. ¿Quien lidera esta representación? ¿Cómo enfrentar el escándalo mediático mundial dónde no se tiene miramiento en promover jovencitas de imagen angelical como figuras salvadoras del planeta, que en su prístina y cándida pureza atacan a la producción ganadera?
Mientras todo esto ocurre el Canciller de la República dedica su tiempo, pagado por la sociedad para la cual trabaja, a defender el régimen más corrupto e ignominioso del continente. Seguramente sería más útil su función si se dedicara precisamente a estos temas que nos ocupan, que son en esencia temas de Estado en contrario con su causa bolivariana, que es causa del exclusivo interés del partido de gobierno.
Como canciller le correspondería presidir la avanzada del Poder Ejecutivo en defensa de nuestros sistemas productivos frente al fariseísmo de Europa y sus organizaciones sociales.
Lo grave es que muchos integrantes del Gobierno, a partir de sus condicionamientos ideológicos, son también contestes con quienes se aprovechan del Calentamiento Global para su lucha anti sistema. Estamos rodeados…
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