Edición Nº 1101 - Viernes 9 de octubre de 2026

Brasil entre la paz y la violencia

Por Jorge Ciasullo

Pensadores de todos los tiempos, se han ocupado de la violencia en la sociedad así, Tomas Hobbes o Nicolás Machiavelo, destacaban la necesidad de un poder fuerte centralizado y necesario como rector de la vida social y política. También lo sostuvo Max Weber: "El estado es el depositario del monopolio de la violencia" es decir, del uso de la fuerza.

Nos parece oportuno iniciar esta columna, con las reflexiones de filósofos y pensadores, relacionadas con la violencia en las sociedades. Todos ellos parten de la base de que el hombre es esencialmente bueno, sin embargo, son necesarias leyes y disposiciones que los amparen y gobiernos que apliquen sin hesitar esas disposiciones, cuando surgen grupos, aparentemente intrascendentes, pero que luego como bola de nieve, van creciendo tanto en número y radicalización, como en violencia, a la sombra de un estado ausente o cuando no tolerante, llegando en algunos casos hasta a alentarla abiertamente.

Estas situaciones de extrema violencia que las sociedades han sufrido por razones políticas, religiosas, étnicas, etc. también lamentablemente con demasiada frecuencia, vuelven a aparecer en la "modernidad" del siglo XXI.

Por esta razón es preocupante la situación en algunas ciudades del Brasil, relacionada con simpatizantes del gobierno de Jair Bolsonaro.

En ese sentido, es ilustrativo el artículo publicado el pasado 18 de mayo bajo el título: "Civiles armados apoyan a Bolsonaro en Brasilia" (Página 12).

En el texto al que hacemos referencia, informa sobre un grupo de militantes pro Bolsonaro, que se hace llamar los 300 de Brasilia: "sus integrantes acampan-armados- en las inmediaciones de la Plaza de los Tres poderes".

La vocera del grupo es Sara Giromin integrante del partido Demócratas - cuyo líder es Rodrigo Maia, presidente de la Cámara de Diputados- que fue candidata a diputada (sin lograr ser electa) por Rio de Janeiro, logrando llamativamente casi 18 mil votos. Para que no quepan dudas de su ideología, Sara Giromin se hace llamar Sara Winter, en honor a una militante de la Unión Británica de fascistas. Por si fuera poco, en las entrevistas que concede, gusta de fotografiarse con una pistola en cada mano. En esas entrevistas, realiza declaraciones tales como que "los miembros del Supremo Tribunal Federal (STF) deben ser eliminados por ley o por el pueblo" o que los simpatizantes izquierdistas "tienen que ser exterminados". Todo dicho.

El campamento -armado- es frecuentado por dos diputadas federales del Partido Liberal Social (PLS) un grupo ultraderechista que actúa en sus declaraciones como tales.

Desde un tiempo a esta parte Brasil sufre con las llamadas milicias, integradas por hombres armados y enmascarados- se dice que entre ellos ex policías- que toman justicia por mano propia, además de perpetrar robos, asaltos y extorsiones. El gobierno las combate abiertamente así como al delito en general y a los narcotraficantes, con "mano dura".

Los defensores de los derechos humanos, han denunciado el accionar policial, calificándolo de tan inhumano como ineficiente. Por su parte, la policía sostiene que es la única manera de enfrentar una ola delictiva que ha puesto al país en riesgo.

El número de asesinatos registró en 2019, 41.000 muertes, 10.000 menos que el año anterior, de todos modos, una cifra estremecedora, siendo la inseguridad la mayor preocupación de los ciudadanos.

Surge entonces la pregunta: ¿es válido utilizar la violencia contra la violencia? En todo caso tolerar organizaciones o grupos, como "Los 300 de Brasilia" no parece ser la solución.

"La violencia nunca surge del poder. El poder solo surge de la acción política. La violencia surge cuando hay ausencia de poder" (Hannah Arendt).




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