Batlle y la educación como garantía del cambio social e intelectual

El exvicepresidente Luis Hierro publicó en su Facebook el resumen de una ponencia realizada en un curso de formación política, que es interesante reproducir en esta fecha.

En 2018 tuve oportunidad de participar en un ciclo de formación política para hablar sobre Batlle y Ordóñez. Dividí la exposición en cuatro capítulos y este es el resumen de la última parte. Aunque es un poco más largo que los escritos destinados a Facebook, me pareció interesante reiterar su publicación, como homenaje a don Pepe en estas fechas.

El modelo democrático que impulsó Batlle y Ordóñez se basó en el pleno ejercicio de las libertades, en la existencia de partidos populares y representativos y en la participación influyente y responsable de los ciudadanos. La extensión de la Educación a todas las capas sociales fue la garantía de ese proceso.

La reforma educativa que impulsó el batllismo a principios del siglo XX significó una explosión de la matrícula y una verdadera democratización de la Enseñanza. Los caminos para esos logros fueron claros: la efectiva gratuidad de la enseñanza media, la creación de los liceos departamentales, la promoción de Facultades vinculadas a los temas de la producción y la tecnología, la edificación de una enorme cantidad de nuevos locales y la extensión de todos los servicios educativos en forma por demás intensa.

La obra fue completa, promoviendo con enorme rapidez y eficacia las diversas tareas: formación de maestros y profesores, nuevos locales, legislación, becas al exterior de estudiantes y egresados, invitación a un nutrido elenco de profesores extranjeros. Se hizo todo, a la vez, en poco tiempo y con una enorme visión y energía.

Gratuidad de la Enseñanza

La reforma vareliana había establecido la gratuidad de la enseñanza escolar, pero no ocurría eso con Secundaria y con la Universidad, cuyos alumnos estaban sometidos a un sistema de matrícula que hacía muy costosos los estudios, limitados entonces a los hijos de las familias pudientes.

Según consigna el historiador Benjamín Nahum, los liceales debían pagar $ 2 por materia y por año y otros $ 2 por cada examen, subiendo esas cifras a $ 3 en la Universidad. El aporte al que estaban obligadas las familias era en promedio de $ 44 anuales por alumno liceal; una cifra que equivaldría a $ 25.000 actuales, según estimaciones de técnicos del Partido Colorado. En la Universidad, las cifras alcanzaban una gama de iba a $ 148 a $ 342 por estudiante. Eran costos muy elevados para las familias de los trabajadores. Ante esa situación discriminatoria, se propuso un proyecto para consagrar la exoneración de la matrícula, lo que se convirtió en ley. Para asegurar el balance presupuestal, la norma promovió a la vez un recargo a la contribución inmobiliaria de los propietarios ausentistas, aquellos que siendo propietarios no vivían en el país.

Los liceos departamentales

Su funcionamiento se hizo obligatorio por ley, estableciendo una meta realmente ambiciosa y que hizo justicia con el interior del país, dado que, hasta entonces sólo los alumnos montevideanos o aquellos hijos de familias acomodadas del interior, que podían solventar el traslado a la capital de los estudiantes, podían cursar Secundaria. Hacia 1908 había en el interior solo cinco liceos privados a los que asistían 770 estudiantes, un sector minoritario, lo que quedó demostrado con el importante crecimiento posterior de la matrícula.

Batlle mantuvo un gran interés en este tema, ya que en 1906 había establecido una meta similar por ley y por decretos, pero la misma se había cumplido parcialmente, por lo que insistió en su segundo mandato. Hacia la finalización del mismo, en 1915, funcionaban liceos públicos en todos los departamentos.

La obra edilicia

Toda reforma requiere el sustento de una infraestructura edilicia adecuada y en ese sentido el Batllismo hizo una obra que aún perdura, dejando su sello en edificios paradigmáticos, como el local central de la Universidad y de la Facultad de Derecho o la sede de la Facultad de Medicina.

Pero conviene hacer un listado más amplio de los locales educativos construidos, para tener una efectiva dimensión de lo que se hizo. Es notable también la rapidez con que se levantaban e instalaban los edificios, a veces en menos de un año.

Entre 1903 y 1915, cuando terminó la segunda presidencia de Batlle y Ordóñez, se construyeron 51 escuelas y se repararon y ampliaron, por lo menos con 2 aulas más, otras 53, según el relato del arquitecto Jones Brown, jefe de la Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas en ese tiempo, en un artículo publicado en la revista El Batllismo, que figura en el archivo del Partido Colorado.

Se construyeron o habilitaron liceos en todos los departamentos. En 1912 se inauguraron 13 liceos departamentales y en 1913 otros cinco. A ellos hay que agregar que son de esos años los Liceos 1 y 2 de Montevideo, los que posteriormente serían denominados Rodó y Miranda.

A su vez, y como ya se ha mencionado, son de estos años el edificio central de la Universidad y de la Facultad de Derecho, el local del Instituto Alfredo Vázquez Acevedo, los locales de la Facultad de Medicina frente al Palacio Legislativo, las sedes de la Facultad de Agronomía en la Avenida Garzón y de la Facultad de Veterinaria en la Avenida Luis Alberto de Herrera y Alberto Lasplaces. También son de ese tiempo las construcciones de edificios muy característicos, como la escuela ubicada en la avenida Brasil y 26 de Marzo; la escuela de Canelones y Salterain, la de Maldonado y Ciudadela entre tantos otros.

Sección femenina y liceos nocturnos

Con el mismo propósito de brindar igualdad de oportunidades, se promovió la habilitación de cursos nocturnos en los liceos para que los trabajadores pudieran concurrir al terminar sus actividades.

A la vez, se promovió la creación de la Sección Femenina de Enseñanza Secundaria. Si bien el Batllismo no compartía el prejuicio de que era necesaria la separación de sexos al momento de impartir enseñanza, impidiendo la convivencia en los liceos; dada la escasa concurrencia de las mujeres a los cursos se admitió, como una política transicional, la habilitación de cursos exclusivos, lo que provocó un enorme crecimiento de la matrícula.

La Enseñanza industrial

Con la idea de reformar la vieja Escuela de Artes y Oficios, que tuvo una inspiración represiva en su origen, se planteó la necesidad de instalar varias escuelas industriales, argumentando el Poder Ejecutivo que "la formación del obrero no puede ser la obra exclusiva de la fábrica misma...siendo necesario orientar las vocaciones manuales...y organizar la población obrera del país por la preparación técnica y la formación de la destreza manual". De esa manera se habilitaron en el período que estamos analizando, varias escuelas industriales primarias y una superior.

Pero lo más importante de este tiempo fue la gestión de Pedro Figari como Director de la Escuela de Artes y Oficios, pasaje que si bien fue breve, resultó ser muy fecundo. En 1910 Figari presentó un proyecto en el que establecía que el fin de la Escuela era la enseñanza de las ciencias y del arte en sus aplicaciones industriales, la instrucción del mayor número de personas sin distinciones de ninguna clase, debiéndose ofrecer, además, cursos especiales para obreros en horas y días que a estos más les conviniera.

En esa iniciativa hay varias propuestas sobre los valores que deben inspirar la educación, que inclusive hoy deberían tenerse en cuenta, como la idea de que hay que "despertar y desarrollar en el alumno el espíritu de observación y el sentido estético, preparándolo para razonar...". También se promovía "despertar y desarrollar el espíritu de iniciativa, de organización y de empresa, alentando las facultades ejecutivas del alumno". Hay que "modelar el criterio y el ingenio del alumno más aún que la manualidad..." y hay que "enaltecer las ventajas de la perseverancia".

Aunque el gobierno no coincidía exactamente con esas ideas innovadoras - queda para otra oportunidad el análisis de la discusión entre Figari y Batlle a propósito de la orientación que deberían tener los liceos y las escuelas industriales, con argumentaciones aún vigentes de ambos lados -la iniciativa motivó el interés del Poder Ejecutivo. Al terminar su segundo mandato, en 1915, Batlle y Ordóñez envió un proyecto de ley orgánica de la Enseñanza Técnica, pero como no fue tratado por las Cámaras, su sucesor Feliciano Viera lo reiteró con modificaciones, aprobándose en 1916. Hacia 1920 empezaron a instalarse escuelas industriales en el interior, siendo las primeras de ellas inauguradas en San José, Canelones y Paysandú. Son de estas fechas los cursos nocturnos en el Cerro y la escuela de industrias edilicias, conocida hoy como Escuela de la Construcción. Las escuelas industriales tuvieron por lo tanto un importante empuje, ya que a fines del siglo XIX había solo 500 alumnos en esta rama y hacia 1930 los mismos llegaban a 9000.

El crecimiento de la matrícula

El aumento de la población por el impacto migratorio y la mejora y extensión de los servicios educativos, provocaron un importante crecimiento de la matrícula de estudiante en todos los niveles.

Según las "Estadísticas Históricas" publicadas por la Universidad de la República, Enseñanza Primaria, que ya venía con un importante desarrollo desde la reforma vareliana, tuvo un empuje muy importante en este tiempo. Para hacer más ilustrativa la comparación, tomamos a los efectos de la medición, el primer año de la presidencia de Batlle y Ordóñez, 1903; y el último de su segunda presidencia, 1915; pero en realidad habría que evaluar el período más largo que abarca las tres primeras décadas del siglo. Pero en todo caso: en 1903 había, funcionando, 614 escuelas públicas y en 1915 esa cifra llegó a 1000, un 40% más, con la característica de que se habían multiplicado las escuelas rurales, que llegaban, de ese total, a 765.

La cantidad de alumnos en las escuelas pasó de 54.355 en 1903 a 97.393 en 1915, mientras que el total de maestros se incrementó de 1177 a 2033 en ese período.

La expansión en Secundaria fue también explosiva, ya que en 1903 había en total 376 alumnos y en 1915 la cifra se había multiplicado más que por diez, con 4051 estudiantes. Ese incremento se produjo antes de hacerse efectiva la gratuidad en Secundaria, lo que ocurrió en 2016. Tras la aplicación de esa política de equidad, el crecimiento fue mayor, ya que hacia 1930, los alumnos en Secundaria alcanzaban a los 12.768.

Los cursos nocturnos, que se miden desde 1908, también registraron importantes incrementos, ya que en esa fecha inicial había en total 1772 alumnos y en 1915, 3592.

A su vez, la cantidad de mujeres alumnas se multiplicó como nunca, dando razón a la propuesta transicional que manejó don Pepe, ya que, de 20 alumnas en 1913, se pasó a 500 en 1920.

La evolución de la matrícula en la Universidad es más difícil de medir, ya que no hay estadísticas confiables correspondientes a principios del siglo XX. Pero, como concepto general, vale establecer que la tendencia creciente también se registró en el sector universitario.

Política científica y tecnológica

El proyecto batllista estaba orientado a consagrar una efectiva independencia del país, marco en el que hay que inscribir las nacionalizaciones y estatizaciones para controlar el drenaje de divisas y ganancias de las empresas privadas al exterior; el énfasis en la explotación de los recursos naturales y la independencia energética; y la búsqueda de un modelo propio en materia científica y tecnológica, procurando su vinculación con la producción.

Según la investigadora María Laura Martínez, quien hizo un pormenorizado estudio sobre estos temas, fue con la invalorable colaboración e incansable iniciativa de Eduardo Acevedo, ministro de Industrias desde 1911, que el gobierno de la época promovió la creación de cuatro instituciones destinadas precisamente a potenciar el impulso a la ciencia y la tecnología en el marco de un proyecto nacional: las estaciones agronómicas, el Instituto de Pesca, el Instituto de Geología y Perforaciones y el Instituto de Química Industrial.

Por ley de 1911 se crearon seis estaciones agronómicas, cuyo diseño se basó en las experiencias de Dinamarca y de Estados Unidos. Tendrían mil hectáreas cada una y se dedicarían a tipos de producción especializada, como la fruticultura, la avicultura y la lechería. Las estaciones agronómicas, dirigidas por técnicos, tenían el objetivo de formar capataces y peritos agronómos, así como deberían promover la investigación en torno al mejoramiento de razas ganaderas, semillas, forrajes, rotación de cultivos y utilización de maquinaria agrícola.

Creado también por ley de 1911, el Instituto de Pesca tenía el objetivo de estudiar la riqueza ictícola, seleccionando y multiplicando las mejores especies, estableciendo medios de transporte y frigoríficos para el pescado e instalando una fábrica de conservas para el consumo y la exportación. La ley consideraba "de interés público" el establecimiento de zonas de pesca y colonias pesqueras en el mar y en los ríos y lagunas, para asegurar una explotación racional. Para poner en marcha esos proyectos, se resolvió la compra de un barco pesquero en Estados Unidos.

La creación del Instituto de Geología y Perforaciones estaba vinculada a la preocupación que tenía Batlle, manifestada ya desde 1903, por encontrar carbón o petróleo y lograr una mayor independencia energética. Según explico "El Día", se procuraba también una búsqueda científica de toda la riqueza extractiva, ya que podían existir reservas importantes de oro, hulla, talco y grafito. Para complementar esa actividad, el Instituto de Química tenía como cometido el asesoramiento al Poder Ejecutivo respecto al aprovechamiento industrial de los productos naturales, investigando la plena utilización de las materias primas existentes en el país.

Para concretar estas tareas, los gobiernos batllistas pusieron en marcha, apenas terminada la guerra civil de 1904, una política deliberada para atraer técnicos y científicos extranjeros. En 1906 se contrató a Alejandro Backhaus, alemán, doctor en filosofía y a la vez catedrático de agricultura en Universidades germanas, quien vino a prestar servicios en la Escuela (todavía no era Facultad) de Agronomía. Lo mismo ocurrió con Daniel Salmon, estadounidense, doctor en medicina veterinaria, quien vino a dirigir la escuela respectiva. Esas nominaciones inauguraron una importante serie de contratos a científicos de primer nivel en el mundo - entre ellos, el alemán Alberto Boerger, pieza clave en la fundación de La Estanzuela -, lográndose que decenas de ellos vinieran aquí a divulgar sus conocimientos y experiencias. Como expresión de esa tendencia alcanza con recordar que, de las 15 cátedras existentes en la Escuela de Agronomía en 1907, diez eran dirigidas por profesores extranjeros, ocho alemanes y dos franceses. También fueron habituales en esos años las becas a alumnos de agronomía y veterinaria para que viajaran a países como Estados Unidos y Australia a perfeccionar sus estudios.

Similar inquietud llevó al gobierno, en 1909, tras aprobarse una ley que así lo dispuso, al envío de una misión al exterior integrada por una decena de profesores de la enseñanza industrial, para visitar Estados Unidos, Canadá, Bélgica e Inglaterra, donde estudiaron la forma en que esos países organizaban esa rama de la enseñanza.

La vinculación de Uruguay con los principales centros científicos del mundo y con las Universidades más prestigiosos, es claramente expresiva del modelo educativo que impulsó Batlle y Ordóñez.

 

Indicaciones bibliográficas

"La época batllista". Benjamín Nahum - Ediciones de la Banda Oriental - 2011.

"Edificación escolar y universitaria de la República. Administraciones del señor José Batlle y Ordóñez", Jones Brown, jefe de la Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas. Publicado en la revista "El Batllismo", año I.No.9, junio de 1930

"Políticas científicas, tecnológicas y de innovación en el Uruguay contemporánea", María Laura Martínez, Fondo Bicentenario- ANII.

"Historia de la UTU". Martínez Moreno y Villegas Suárez. Montevideo, 1967.




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