Edición Nº 1103 - Viernes 23 de octubre de 2026

Batlle y Teófilo Gil. Con las armas en la mano

Por Leonardo Vinci

Hay determinadas épocas en la vida de los pueblos en que se cierra todo camino a la esperanza y en que las libertades públicas parecen llegar a su última hora -diría Juan Carlos Blanco a fines del siglo 19- entonces, llega el momento de tomar las armas.

Así lo sintieron hombres citadinos convertidos en soldados revolucionarios soportando con admirable estoicismo las rudas jornadas cumplidas a lo largo del río Uruguay, tal como lo narrara Justino Zabala Muniz.

"Las balas silbaban ya por todas partes. Frente al batallón, la tropa enemiga inició su avance. Pero Teófilo Gil y Batlle y Ordóñez hicieron alto, se detuvieron junto a una loma, y se dijeron estas cosas, en espartano diálogo, mientras el estrago hacía nuevos claros en las filas: -Dime, Pepe, ¿cómo se portó mi hermano en la lucha y en la muerte? Batlle le respondió de inmediato: -Con heroica serenidad".

Rodríguez Fabregat cuenta también que a Teófilo Gil se le iluminaron los ojos, aquellos claros ojos de bondad por los que se le asomaba el alma. Aquellos ojos que salieron del libro para el combate donde moría su hermano, y que se cerrarían también para siempre en el mismo combate y en la misma gloria.

Cuando ya el sol se inclinaba hacia occidente, el plomo de las hordas santistas que avanzaban a paso de trote sobre las guerrillas de la legión patriota, cortaba el hilo de aquella existencia fulgurante, que cruzó como un meteoro de luz por el cielo tenebroso de la patria. El 31 de marzo de 1886, Teófilo Gil era herido de muerte, según la descripción de "La Reforma" de Mercedes.

Sus restos permanecieron envueltos en el silencio funerario de los sangrientos campos del Quebracho.

Escribía Setembrino Pereira que la patria perdía en él uno de sus mejores hijos; la prensa una de sus más fuertes columnas; las letras uruguayas uno de sus más gallardos cultores, y la generación a la que pertenecía, su talento más preclaro.

Para Antonio Vigil, el nombre de Teófilo se convirtió en un poema dividido en tres grandes cuadros de la más tocante y terrible unidad: sufrió los dolores de la patria, batalló sin tregua por su honra, y murió en su holocausto.

Carlos Warren -quien peleó a su lado en el Quebracho- decía que su vida de hombre, su vida de ciudadano era un modelo, un ejemplo que debía tenerse siempre presente por la juventud anhelosa del bien, naturalmente generosa en sus sentimientos, levantada y grande en sus ideales.

Agregaba que de Teófilo Gil, se podía decir con propiedad que, por su carácter, por sus sentimientos y por su talento, era de la materia con que se fabrican los grandes hombres.

Le faltó siempre escenario donde lucir sus brillantes dotes: una vez que lo tuvo -a los pocos pasos- encontró abierta la tumba donde se han enterrado con su ser, el tesoro de sus virtudes, de sus grandes y generosas pasiones, de su fecunda y brillante inteligencia.

Quien hizo así de la Patria un culto, merece pues que sobre su tumba viva la gratitud de todos.

Los pueblos honrados no pueden olvidar jamás a sus mártires, por eso, próximamente iremos a Quebracho a rendir homenaje a los valientes revolucionarios.




La catástrofe educativa que seguimos ignorando
El Frente es el problema
Julio María Sanguinetti
La Semana
Dos homenajes a Jorge Batlle a diez años de su partida
El Partido Colorado reclama elecciones libres y garantías democráticas para Venezuela
Una invitación que agravia al Parlamento
El optimismo de Cardona y las cuentas pendientes
312 homicidios: el fracaso de un gobierno que pierde la batalla contra el crimen
Cuando la ley no alcanza
El Frente Amplio vuelve a dinamitar un acuerdo
Jorge Batlle y el valor de las ideas
Luis Hierro López
Octubre de 1972: las advertencias que Bordaberry no quiso escuchar
Santiago Torres
La trasparencia no puede generar castas
Elena Grauert
Biotecnología y competitividad: una omisión en la ley de referencia
Tomás Laguna
La transición energética también se decide en el Parlamento
Fitzgerald Cantero Piali
El peligro de empobrecer el lenguaje
Juan Carlos Nogueira
El gobierno del relato
Gonzalo Durañona
Una vida no tiene precio
Angelina Rios
¡Somos franceses, papá!
Eduardo Irigoyen García
Aprobado de antemano
Alicia Quagliata Rienzi
Héroes del anonimato
Susana Toricez
Brasil, entre las promesas y los escándalos
Las garantías también valen para los adversarios
Irán amenaza con una guerra larga y el mundo vuelve a temblar
De París a Milán: violencia, saqueos y toques de queda
La ofensiva migratoria de Trump también mata estadounidenses
Cataluña sigue pagando el precio del "procés"
Frases Célebres 1103
Así si, Así no
ENTRE DICHOS
Inicio - Con Firma - Ediciones Anteriores - Staff Facebook
Copyright © 2024 Correo de los Viernes.