Arroz con leche con moscas

Por LA LIBRERIA

Oficio de Periodista de César di Candia. Editorial Fin de Siglo

César di Candia tiene una larga carrera como periodista y escritor. Trabajó en revistas y semanarios, como Lunes; El Dedo; Guambia, Búsqueda y en los diarios La Mañana y El País.

También incursionó en cuentos y novelas: El país del deja deja; Resucitar no es gran cosa; La Paloma, Resbalones y caídas; Un siglo de política uruguaya; etc.

En este libro de 18 capítulos, nos entrega entrevistas e informes de investigación periodística.

Entre los primeros, figuran algunas publicadas en el Semanario Búsqueda y en la Revista Repórter. En cuanto a los segundos, refieren a publicaciones en el Semanario Búsqueda y en el Diario El País.

Si algo distingue a di Candia como entrevistador es, como alguien lo ha definido, que logra llegar al alma de las personas, que las hace sincerarse y hasta realizar emocionadas confesiones, algunas que, obedeciendo a solicitud del entrevistado, como lo aclara, no publica.

Su contratapa es ilustrativa: “Difícil después de esta lectura, desprenderse de la mirada loca del Mincho, del gélido aire de fanatismo que supo respirar Bordaberry (Juan María), de las risotadas grotescas de Jorge Batlle, de la profundidad humana del padre Cacho, de las devastadoras lágrimas de China Zorrilla, del quebrado semblante de Zelmar poco antes de su muerte”.

Asimismo, son vergonzantes para cualquier uruguayo, sus informes sobre el establecimiento de detención Miguelete (luego cerrado), el Hospital Vilardebó, el Piñeyro del Campo y las colonias de alienados, Bernardo Etchepare y Santín Carlos Rossi.

Visitados todos ellos, oportunamente por políticos de todos los partidos, pero en todos los casos: “aquellas lágrimas de diferentes padres de la patria, ni las notas que escribí en 1996, sirvieron para nada”.

En una visita al Vilardebó, en su recorrida llega a la cocina y registra el siguiente diálogo:

“Hoy toca arroz con leche de postre, me dijo la cocinera con orgullo. ¿Y ella que hace? (se refiere a una internada que pasaba constantemente un cucharón por la superficie del líquido y arrojaba al suelo lo que pescaba).

- Ayuda. Es enferma pacífica. Está espumando para que quede más rico

- ¿Qué es lo que saca?

- Las moscas -me contestó, asombrada por la estupidez de la pregunta del periodista- hay un tambo cerca y nos tienen a los saltos.

Me ofreció un banquito. Miré dentro de la olla. Negreaba. Las que no estaban ahogadas agitaban las alitas mientras sus patas se calcinaban. La internada se reía”.



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