Aquellos polvos...
Por Julio María Sanguinetti
... trajeron estos lodos. Tan repudiable es la agresión al Ministro Astori como las que en su momento recibieron políticos colorados y blancos.
Estos días navideños han tenido, como noticia en las redes, un episodio repugnante de insulto y agresión al Ministro de Economía Danilo Astori. Confieso que me negué a mirarlo en una actitud individual que puede ser equivocada, pero que solitariamente mantengo, negándome sistemáticamente a seguir difundiendo esas mugres que circulan impunemente. Me basta con el testimonio de todos quienes lo vieron para rechazar en toda su magnitud la actitud agresiva, patotera y cobarde de quienes organizaron el episodio, para luego filmarlo y esparcirlo, en la seguridad de que el morbo popular le daría universalidad al episodio.
Por supuesto, no faltarán los imbéciles que se solacen, por mero rechazo a la autoridad o extraviado sentimiento opositor. Pero deseo creer que la inmensa mayoría estará en contra y sentirá el mismo repudio que nosotros. Pero no nos quedamos en ese rechazo: bueno es decir que esto no es un clavel del aire, que hace muchos años que grupos frentistas practican esa intolerancia, que han cultivado la difamación de modo sistemático haciendo correr rumores sobre figuras de los partidos tradicionales, y que —al amparo de ese clima— han estimulado episodios tan cobardes como el que sufrió el Ministro Astori.
El viernes pasado vivimos una gratísima ceremonia en el Liceo N° 47 de La Teja, al que por ley —votada unánimemente— se le nominó como “Hugo Batalla”. Las autoridades de Secundaria, que suspendieron dos veces el acto, tampoco estuvieron en esta ocasión, alegando compromisos “de agenda” absolutamente inexplicables. (¿No había un solo Consejero que pudiera ir? ¿Qué era lo tan importante que tenían que hacer a esa hora?). El hecho es que la reunión se realizó de modo informal y allí estuvimos muchos amigos de Hugo junto a su familia. Todo fue grato, el modo cómo se manejó la reunión, el espíritu constructivo que inspiraban la dirección y profesores del liceo, los testimonios de su trabajo. No por ello dejábamos de recordar que quien nació, se crío y vivió en ese barrio, un día —siendo nada menos que Vicepresidente de la República— tuvo que mudarse por las agresiones de un grupo de intolerantes que no le perdonaban haber retornado al partido en que se formó cívicamente. Durante años ya se le había estigmatizado como “traidor”, cuando abandonó al Frente Amplio y, hecha esa siembra, el corolario de una agresión flotaba sobre su figura.
Para mí es tristemente inolvidable el episodio. A Hugo le sobraba coraje para enfrentar a los cobardes que reiteraban pintadas (“Batalla traidor”) y esporádicas pedreas. El policía que custodiaba la casa nada menos que del Vicepresidente, estuvo a punto de chocar con los agresores. Y luego de un episodio grave, Hugo dijo: “Aquí va a pasar un desastre, no quiero exponer más al guardia”. Y entonces resolvió mudarse con Hilda, su compañera de toda la vida. De sus 72 años, vivió 69 en la calle Conciliación, en La Teja. Razón por la cual, si hay un acto de justicia es esa nominación.
Podríamos seguir la enorme lista de agresiones de esa índole que sufrimos los gobernantes colorados y blancos. Personalmente, solo registro insultos y difamaciones, pero naturalmente recibí el mote de “fascista”, que siguen usando a destajo para descalificar a cualquiera que piense distinto. Jorge Batlle fue hasta escupido por un dirigente gremial, a la salida de un liceo que estábamos inaugurando…
Por cierto, me consta el espíritu superior del general Seregni, que siempre trató de mantener a la coalición que fundó dentro de los cánones de la tradición republicana del país. Pero abajo suyo, hubo grupos que practicaron sistemáticamente el agravio y la estigmatización.
Últimamente, se han producido algunas reacciones contra el propio Presidente, no tan graves pero igualmente condenables. Lo de Astori, por cierto, es tremendo. Pero hay que repudiarlo con el mismo énfasis con que debe recordarse —y repudiar también— que quienes trajeron ese estilo a nuestro país, fue gente que milita bajo la bandera del Frente Amplio. Después de 30 años (por no decir un largo medio siglo) de siembra del odio, es una consecuencia fatal que ocurran estas cosas.
|
|
 |
El mínimo y el límite
|
El “modelo” de Aparicio Julio María Sanguinetti
|
Otra semana colorada para recorrer
|
Volvemos al lugar donde nació nuestra divisa
|
El mito de la “Garra Charrúa” y la excelencia olvidada
|
La sequía no alcanza para explicar el freno
|
El fin de la deuda barata también llega a Uruguay
|
Cuando los sindicatos gobiernan la educación
|
La preocupación número uno
|
El “compañero” dejó al PIT-CNT colgado del pincel
|
El partido de Frutos Luis Hierro López
|
La industria del Apocalipsis Santiago Torres
|
Licencia sindical: un derecho que no puede convertirse en una carga indefinida Elena Grauert
|
A 40 años del inicio de la Ronda Uruguay del GATT Tomás Laguna
|
Entre la incertidumbre y el control Fitzgerald Cantero Piali
|
Los políticos deciden mal y la gente lo percibe Juan Carlos Nogueira
|
Conectividad aérea Angelina Rios
|
Riad mira a Jerusalén Eduardo Zalovich
|
La IA nos matará en 10 años (bueno, no tanto) Eduardo Irigoyen García
|
El idioma de la inacción Marcela Pérez Pascual
|
Vecinos en guardia Alicia Quagliata Rienzi
|
Con la brisa en la cara Susana Toricez
|
De Gran Hermano al gran complot
|
Informalidad: un problema que no cede
|
Los presos que desaparecen dentro del sistema de Bukele
|
El Kennedy Center y el culto al nombre propio
|
Saab empieza a hablar
|
Suecia y su fractura étnica
|
El Reino que podría dejar de ser Unido
|
La guerra clandestina de Rusia en Europa
|
Recibimos y publicamos Cartas de Lectores
|
Frases Célebres 1098
|
Así si, Así no
|
ENTRE DICHOS
|
|