Alejandro Végh Villegas
La muerte de Alejandro Végh Villegas, a los 88 años pone punto final a una existencia muy particular, vivida con un gran individualismo, clara inteligencia y zigzagueantes actitudes políticas que dejaron tras de sí innumerables controversias.
En términos ideológicos, Végh era algo así como un liberal conservador a la inglesa, que en el debate económico de los años 60 dejó una impronta innovadora, en el realismo del mercado cambiario y una progresiva búsqueda de la apertura comercial.
Su formación académica fue de ingeniero industrial en Uruguay y economista en Harvard. Sin embargo, no era simplemente hombre de números. Buen lector, aficionado a la historia, discurría sobre los más variados temas con soltura y perspicacia. Sus años de docente en matemática, economía política y aun economía hidráulica en Buenos Aires, forjaron esa personalidad en que convivía el ingeniero con el pensador.
Fue Ministro de Economía en el gobierno dictatorial de Bordaberry pero al oponerse al plan político del Presidente, que intentaba la sustitución de los partidos, asumió un rol muy personal, dialogando con toda la oposición, hasta con Zelmar Michelini, exiliado en Buenos Aires. Su idea aperturista no cuajó y se alejó del Ministerio cuando Aparicio Méndez fue designado Presidente. Fue entonces consejero de Estado primero y Embajador ante Estados Unidos después, retomando el Ministerio de Economía luego del quiebre de la “tablita”, con la idea de ayudar a la transición, que ya estaba en marcha con las elecciones internas de los partidos. Ese paso fue muy controvertido y mereció severos cuestionamientos aun de los sectores colorados más afines en lo personal. Consideraba entonces que era su deber ordenar la economía para que el país pudiera restaurar la democracia y si bien solo lo logró parcialmente, ha de reconocérsele su contribución.
Era un conversador ameno e inteligente. En los últimos años frecuentaba el bar “El Expreso” de Pocitos, donde daba entrevistas y compartía mesa con figuras conocidas, como el Dr. Gonzalo Aguirre o el Cr. Alberto Couriel. Seguía los acontecimientos del mundo y su opinión nunca dejó de ser muy personal. Tanto que, estando en la Dirección de Planeamiento, en la presidencia de Pacheco Areco, explicó la lógica de la intervención soviética en Checoslovaquia y tuvo que renunciar ante la polémica que desató.
Más allá de las luces y contraluces de su actuación política, ha de reconocerse su honradez personal y su sincero afán de ayudar al país, cualesquiera fueran las circunstancias.
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