Edición Nº 1098 - Viernes 18 de setiembre de 2026

Agonías latentes

Por Francisco Berchesi

Mañana, 27 de junio, se cumplen 47 años de la última dictadura cívico-militar de nuestra historia, por lo que haremos algunas consideraciones al respecto.

Fue un período tan oscuro para nuestra democracia como el que lo precedió.

Tal magnitud tiene la tergiversación del relato histórico realizado por la actual oposición -cada vez más filtrada en las raíces educativas y socioculturales-, que creo pertinente manifestar con el mismo espíritu, que sin lo primero jamás hubiera existido lo segundo.

Sin aquellos jóvenes actuando en la sociedad como lo hicieron, atacando y debilitando cuanta institución pudieron mediante copamientos, hurtos, secuestros y cobardes homicidios en democracia, no hubiera existido, jamás, una reacción. Porque fue eso, una reacción... y lo es frente un hecho previo, de magnitudes subjetivas.

Así, tras una década de enfrentamientos (1963-73) entre un grupo de jóvenes inspirados en la Revolución Cubana y una democracia representativa, el Ejército cierra el Parlamento y lo ocupa por la fuerza el 27 de junio de 1973.

"Está ganando espacio la intransigencia y sólo con el tiempo el Uruguay entenderá que, antes de perder la democracia, perdió la tolerancia" indica "La agonía de una Democracia" del Presidente Sanguinetti.

El "mismísimo" Che Guevara visitó a Uruguay y advirtió que "cuando se dispara la primera bala se sabe dónde comienza pero no se sabe dónde termina", y agregó que en éste país no estaban dadas las condiciones para llevar a cabo una revolución como pretendían. Pero no escucharon a su líder, a aquel revolucionario, homofóbico y asesino, cuyo nombre lleva el salón de actos de nuestra Facultad de Arquitectura.

Como bien les advirtieron, en 1963 comenzaron los hechos de violencia política, y contando... Una década de enfrentamientos en democracia contra un pueblo libre y un gobierno electo democráticamente; otra década de una dictadura cívico-militar que acarrea con sucesos de similar índole, con heridas que no han sanado incluso 47 años después, en gran parte porque quienes las abrieron primero no les sirve que cicatricen.

Por el contrario, ponen a gente de un lado y del otro del tajo, separados por ese profundo dolor causado por tantos y soportado por tan pocos, inocentes y culpables.

Tito Livio expresó hace algunos años, allá por el 59 A.C, que el conocimiento de la historia enseña al individuo y a la nación a asumir lo imitable y a evitar lo vergonzoso.




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