Acerca de la tierra, los extranjeros y la izquierda "nacionalista"

Por Tomás Laguna

Nuevo intento desde la izquierda marxista para prohibir la compra de tierra por extranjeros. Lo que no hicieron con mayorías parlamentarias durante 15 años lo promueven desde la oposición.

Si hay un tema sensible desde siempre para la izquierda, este es la tierra. Casi un relicto de viejas revoluciones sesentistas, dónde había que nacionalizar todo, empezando por la banca y la tierra, faltaba más. Hoy vuelven al ataque pero con los cartuchos mojados, estuvieron 15 años en el gobierno con mayorías parlamentarias y no hubo nacionalización de la banca, todo lo contrario, menos aún reforma agraria ni mucho menos nacionalización de la tenencia de la tierra. Antes bien, fueron años en los que nunca hubo tanto extranjero comprando tierras, nunca hubo mayor abandono de la producción por parte de pequeños productores rurales criollos vendiendo sus predios para el crecimiento en escala de otros emprendimientos, fueran de propietarios connacionales o extranjeros. Así es que este nuevo proyecto de ley que surge de las entrañas de los sectores más radicales de la izquierda, a través del cual se propone regular el uso de la tierra por parte de extranjeros, carece de seriedad desde su propia génesis y oportunidad.

Es muy grueso y elemental, no tienen hoy legitimidad política ni intelectual para presentar semejante propuesta. El análisis del proyecto debería terminar acá sin ningún otro argumento que esgrimir. No obstante la oportunidad amerita alguna reflexión adicional.

Ocurre que la propuesta vende, decíamos en la nota de la semana pasada que denunciar a los frigoríficos por la baja del precio del ganado acusándolos de coaligarse para "faenar" productores era una simpleza con gran contenido efectista. La tribuna aplaude sin entender nada, antes bien hace suyo el sensiblero argumento de la confabulación de los poderosos. Con el hecho de que los extranjeros compren tierras pasa algo similar. "El problema de la extranjerización de la tierra es una cuestión de soberanía ... es el talón de Aquiles de las posibilidades de desarrollo de nuestro país" dicen en la exposición de motivos los legisladores firmantes del proyecto. Agregando más adelante "si no es protegida legalmente (la tierra), puede terminar en manos extranjeras afectando toda nuestra cadena productiva y transformándonos en colonia" (Vade retro, ¡con lo difícil que es aprender el chino!) Luego la mención de los demonios, "La concentración de grandes superficies a cargo del capital trasnacional perjudica la oportunidad y con ello la productividad real de vastos sectores de nuestra ruralidad", y el toque final: "tiende a expropiar definitivamente a la clase media rentista de nuestros campos que en definitiva, son compatriotas" (nota del autor: "rentistas" es sinónimo de burgués, acomodado, rico, capitalista). Maravilloso, el odio al extranjero logra por una vez que la izquierda se identifique con los terratenientes nacionales.

Pero vayamos al centro de la cuestión. A nadie escapa que la inversión extranjera en tierra fue la razón del desarrollo de la cuenca arrocera en su momento, más acá en el tiempo lo fue en el negocio agrícola de secano. Brasileños y argentinos que apostaron a invertir y producir en nuestro país fueron la razón de la expansión del agro negocio de exportación, tanto en referencia a la inversión productiva como la organización empresarial. En particular la expansión del negocio agropecuario del 2004 en adelante motivó el aumento por la demanda de tierras desde el exterior, el incremento en el valor del preciado bien y a partir del mayor valor de la tierra el incremento en la inversión para aumentar la productividad en contraposición con la especulación inmobiliaria del negocio extensivo que oficio de ancla por lustros en el desarrollo productivo de nuestros campos. Pero para los nacionalistas (no importa si son del MPP, el comunismo vernáculo, el Partido Socialista o la derecha ultra nacionalista que imperaba en las FFAA a partir de la cual se gestó el golpe de Estado de 1973) no importa si el agro produce más o menos, solo interesa que el territorio dedicado a la producción agropecuaria no escape al concepto de unidad nacional y política, en un muy discutible y peligroso objetivo de construcción nacional. Tanto desde la izquierda más extrema hasta la derecha más rancia, las reacciones nacionalistas surgen a través de propuestas paranoicas contrarias a que extranjeros sean propietarios de ese recurso tan precioso como lo es la tierra.

Los extremos se tocan. En los tiempos del estancamiento estructural del agro, cuando el negocio era la acumulación de campo y la producción extensiva, desde las corrientes políticas que desde siempre identificaron al selecto y rancio grupo social de los terratenientes ganaderos se cuestionaba que los extranjeros incursionaran en el mercado de tierras de nuestro país. Es que el productor brasileño pagaba por la misma tierra que pretendía el ganadero uruguayo un precio que lo quitaba a este último del mercado. Insólitamente ese mismo terrateniente recibe hoy el apoyo de la izquierda marxista tal cual lo explicitan en la exposición de motivos "... en definitiva son compatriotas". Parece que el nacionalismo ruralista no tiene un único signo político.

Finalmente, la izquierda más cerril vuelve a demostrar que es absolutamente predecible y elemental, pero no por ello la debemos considerar inofensiva.




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