¿Abandono o invasión Municipal?
Por Francisco Berchesi
En la actividad municipal recaen diversas responsabilidades de singular importancia. Tomando el caso de Montevideo, cuya población es de 1.319.109 habitantes según el censo del 2011, vemos la importancia del cumplimiento de sus actividades y responsabilidades con eficacia, legalidad y orden.
Donde quiera que se establezca un límite sobre el ámbito geográfico, si se inicia allí una vida de comunidad, se desarrolla de inmediato el sentimiento localista. Alberto Demicheli establece en1929 que “los departamentos se han convertido en realidades efectivas de nuestro vivir político y social, en hechos políticos concretos y condensados. Tratase de formaciones locales dotadas de propia y sustantiva personalidad, vigorizada por el espíritu regionalista que los anima y por sus arraigados hábitos políticos.”
Quien está al frente de gobierno municipal de Montevideo desde el período de 1990 hasta la fecha es el Frente Amplio. Son ya casi treinta años de corrido. No es casualidad la situación de la ciudad, sin excluir área alguna, desde lo cultural y edilicio hasta lo ambiental y residual. Realmente la degradación y desatención que sufre nuestra capital asombra, en el peor de los sentidos. La basura en las calles, además de la situación de las mismas, más allá de los “parches” con los que convivimos por ser año electoral. El desinterés demostrado en realizar verdaderos avances en cuestiones de conservación medioambiental y reciclaje de materiales. La implementación de diversas políticas partidarias, de género, desconociendo en muchos casos la importancia de las instituciones, preocupa. Pero lo más importante es que Montevideo, como tantas otras ciudades del país, merece una gestión acorde a su historia, a su cultura, a su gente.
El desinterés por lo municipal es demostrado actualmente por quien ocupa el cargo. No solamente por sus acciones y dichos, sino por lo que representa. Acarrea al plano de la dirección municipal, dichos e ideologías que no dan con la talla del cargo y la institución que representa. Es que el oficialismo nos acostumbró, lamentablemente, a este tipo de acciones mediante sus dirigentes políticos, desprestigiando la actividad toda. Basta haber ido el miércoles a la sesión del Senado y escuchar los dichos Daisy Tourné, entre otros, luego de las intervenciones de la oposición. De ahí para “abajo”, proyecten...
Desconociendo nuestras raíces, como parte de sus lineamientos ideológicos, se está destruyendo nuestra arquitectura, nuestra cultura y tradiciones. Así se sigue vilipendiando nuestra Plaza Zabala, ubicada en el corazón de la ciudad desde 1890, colocando bancos sin sentido alguno a sus alrededores, sobre la calle misma. Por si fuera poco, procedieron a colocar el “combo gimnástico” de la Intendencia dentro de la plaza, con piso de goma incluido. Me centro en este caso, por sobre tantos otros, porque demuestra y deja al desnudo el proceder de nuestro gobierno municipal, así como su programa y norte: ninguno.
La destrucción de lo edilicio es moneda corriente. Quienes sentimos afecto y estimamos nuestra cultura e historia, así como su recuerdo y reflejo en la arquitectura, nos desespera y duele cuando recubren edificios históricos enteros con lonas, tapando la “escena del crimen” cultural. Conocido es el caso del antiguo Club Naval, el que en estos momentos los martillos hidráulicos destruyen, pero “tan solo” es la gota que rebasó el vaso. Basta con comprar el edifico y obtener la habilitación de la Intendencia, para poder decidir acerca de su sobrevivencia.
Todo lo mencionado, aquilata la cuestión municipal toda, demostrándonos nuevamente su importancia en el pasado, la actualidad y el porvenir. Es un patrimonio y una actividad la cual debemos honrar, tanto en el rol de ciudadano como el de legislador.
Por lo mencionado anteriormente es que se plantea la interrogante que encabeza el artículo, porque preocupa y mucho lo denostada que se encuentra nuestra ciudad. Ambas razones, tanto el abandono general como la invasión ideológica partidaria en ámbitos de necesaria neutralidad demuestran, una vez más, la incapacidad en asuntos de gobierno del oficialismo.
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