Edición Nº 1102 - Viernes 16 de octubre de 2026

AMLO se convirtió en todo lo que prometió combatir en México

Un corresponsal del The Washington Post asegura que José Manuel López Obrador, al exonerar a un importante empresario y dirigente político acusado de corrupción, se ha convertido en la figura exactamente contraria a la que sostuvieron sus discursos durante los últimos 18 años.

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, acaba de tomar una decisión política y jurídica que descubre ante el mundo su verdadera imagen. La Secretaría de la Función Pública (SFP), encargada del combate a la corrupción, dio a conocer el resultado de las investigaciones a Manuel Bartlett, director general de la Comisión Federal de Electricidad: no incurrió en conflicto de interés ni en enriquecimiento oculto. En realidad, usaron argucias legales para disculparlo.

Al exonerar oficialmente a Bartlett —el político mexicano que mejor encarna al viejo sistema corrupto y autoritario— López Obrador pasó a formar parte de una larga lista de líderes latinoamericanos que se autoproclaman adalides en contra la corrupción, pero que apenas llegaron al poder se convirtieron en cómplices y encubridores.

Barttlet es un viejo político involucrado en muchos escándalos previos en México. Después de que, en el programa de radio que conduzco, la periodista Arelí Quintero diera a conocer dos investigaciones, Bartlett Bienes Raíces y Bartlett S.A. de C.V., la SFP recibió 33 denuncias contra el funcionario.

El gobierno entregó, a cambio, una simulación de investigación sobre la red de propiedades y empresas familiares que ocultan la fortuna acumulada por Bartlett. Pese a evidentes irregularidades y violaciones a la ley en el caso, el gobierno dijo que no encontró falta alguna en su proceder y todas las denuncias se desestimaron.

El presidente había anticipado este resultado desde el día que se publicó el primer reportaje: consideró a Bartlett inocente de cualquier acción indebida y dijo que enfrentaba “una campaña en su contra por parte de los conservadores”.

López Obrador se derrotó a sí mismo al avalar la farsa de investigación. Política y jurídicamente su gobierno ya es, de manera oficial, cómplice de Bartlett, quien tiene un historial político negro que va desde acusaciones de fraudes electorales hasta el asesinato y desaparición de personas. Con su exoneración, el presidente de México tiró a la basura su discurso de los últimos 18 años.

López Obrador llegó al poder, en su tercera elección como candidato presidencial, con la imagen de ser un líder antisistema, el hombre que iba a limpiar la corrupción en México. Ese ha sido uno de sus lemas y promesas principales, en un país cansado de saqueos gubernamentales. Pero lo que ha hecho desde entonces lo ubica más bien como un presidente del viejo régimen, ese que prometió combatir.

Ha repartido contratos y elogios, y se ha sentado a la mesa de la misma élite empresarial a la que fustigó previamente en todas sus campañas electorales. Se ha empeñado en construir un sistema clientelar electoral con el presupuesto federal destinado al combate a la pobreza. Está decidido a debilitar todos los contrapesos democráticos, y se encuentra atrapado en una economía con crecimiento cero. Las condiciones de inseguridad no sólo no se han resuelto sino que han empeorado, y él se empecina en seguir la misma estrategia fallida.

Además de todo ello, está resuelto a encubrir sin empacho la corrupción de sus colaboradores y aliados políticos. Hace un par de meses el presidente advirtió a los corruptos: “Ríndanse, los tenemos rodeados”. Su administración está llena de retórica, discursos y palabras grandilocuentes que no se cumplen en los hechos.



La irresponsabilidad previsional tiene nombre: demagogia
La Semana
Sanguinetti recibió el Bartolomé Hidalgo a la Trayectoria
La propaganda terrorista vuelve a la Udelar, ahora con un foro a medida
Solaria: ¿quién pone los US$ 5.700 millones?
Operación Cardama: un final tan bochornoso como su comienzo
Cardama no, ¿pero entonces quién?
América Latina se prepara para despegar. ¿Y Uruguay para cuándo?
La desigualdad también se mide en años de aportes
Regionalización: una vieja tentación centralista
Asti, el inquisidor de la JUTEP
Una vergüenza
Luis Hierro López
Uruguay, un país digital cada vez más vulnerable
Santiago Torres
El INIA, la ley de competitividad y una rectificación que corresponde
Tomás Laguna
A propósito de la marcha del 8 de octubre y la movilización por Palestina
Jonás Bergstein
El futuro también se construye con las represas del pasado
Fitzgerald Cantero Piali
Dudas sobre la política económica
Juan Carlos Nogueira
Cuando la estadística se convierte en relato político
Gonzalo Durañona
Eisenkot se acerca a vencer a Netanyahu y cambiar Israel
Eduardo Zalovich
Parque Batlle: un patrimonio que Montevideo debe recuperar
Dante Steffano
La infancia que creció
Angelina Rios
¡Hágase la Lust!
Eduardo Irigoyen García
Contar lo terminado
Alicia Quagliata Rienzi
Un control que necesita control
Marcela Pérez Pascual
La lección secreta del tiempo
Susana Toricez
La guerra invisible llegó a los supermercados
Trump traiciona a Ucrania para salvar las elecciones
Los ayatolás dan lecciones de derechos humanos
El Nobel de la Paz y la doble moral de Navi Pillay
La larga mano de Irán llega a Gran Bretaña
Milei y los límites del ajuste
Frases Célebres 1102
Así si, Así no
ENTRE DICHOS
Inicio - Con Firma - Ediciones Anteriores - Staff Facebook
Copyright © 2024 Correo de los Viernes.