40 AÑOS

Por Julio María Sanguinetti

El NO de 1980 demostró el arraigo de los principios republicanos y los partidos políticos en la conciencia ciudadana. A partir de allí, aun a regañadientes, los mandos militares se vieron obligados a negociar con los partidos políticos la salida de la dictadura.

1980 era lo que podría decirse un buen año. La economía había crecido 6,1% en 1978, 8,7% en 1979 y ese ritmo se mantenía. La "tablita" que prefijaba el dólar generaba tranquilidad y el consumo de lo importado, automóviles, electrodomésticos, florecía. En ese contexto es que la dictadura resolvió procurar una legitimación, conforme a un cronograma publicitado en agosto de 1977 y que establecía ese 1980 como año de una nueva Constitución, marzo de 1981 como fecha de una elección interna de autoridades y noviembre para la elección del nuevo gobierno, que asumiría el 1° de marzo de 1982.

La situación interna del gobierno no era sencilla. Había crecido mucho, en la Armada y en la Fuerza Aérea, el sentimiento que había que poner punto final a la dictadura. También en el Ejército venia ocurriendo algo parecido, al tiempo que se endurecía el talante de quienes pensaban en el continuismo. La Comisión de Asuntos Políticos de las Fuerzas Armadas, presidida por el Brigadier Jorge Borad , por el mes de marzo elevó un proyecto con unas pautas constitucionales, que fueron devueltas por el Presidente de la dictadura Dr. Aparicio Méndez con un conjunto fuerte de rectificaciones. Borad lo acusó de "fracasado" y que respondía a su frustración como "político y como profesional". Desde el otro sector, el Tte. Gral. Queirolo, Comandante en Jefe del Ejército, anunció que habría elección pero con un candidato único de los partidos y manteniendo la proscripción de todos los dirigentes políticos, incluso el ex Presidente Pacheco, pese a que era Embajador.

Borad siguió adelante con su proyecto y convocó al Dr. Carlos Manini Ríos, colorado histórico, y al Dr. Héctor Paysée Reyes, nacionalista, para que formaran unos grupos representativos de sus colectividades con los que procurar algún entendimiento sobre el proyecto de reforma. La Comisión Colorada, de seis miembros, generó una gran expectativa y la prensa se hizo amplio eco de su oposición a las pautas, planteada en la Comaspo. De inmediato el Tte. Gral. Alvarez, dos años antes retirado del Comando del Ejército pero aspirante a la presidencia, saltó con una diatriba contra los políticos por sus "presiones" y "maniobras". El Comandante en Jefe Queirolo, a su vez, lanzó el exabrupto de que "a los ganadores no se les ponen condiciones" (sic), lo que contestó Enrique Tarigo en "El Día" con un artículo diciendo que no hay condiciones sino "presupuestos lógicos y necesarios" como "levantar las proscripciones que afectan a los hombres del Partido Colorado y contra los cuales no existe otra imputación que la de haber ocupado cargos electivos".

Lo cierto es que se elaboró un proyecto y tanto el Partido Colorado como el Partido Nacional nos pronunciamos mayoritariamente en contra. Lo hizo Tarigo en la primera edición de "Opinar" y lo hicimos nosotros en "El Día" en un artículo que titulamos "Hasta el 30 un No", señalando que considerábamos las disposiciones propuestas como "incompatibles con una concepción democrática del Estado y de la vida".

La propaganda oficialista dominaba los medios diciendo que la propuesta era el único modo de retornar a la institucionalidad y que el No era un salto al vacío, que cerraría todo horizonte de futuro. La Juventud del Partido Colorado, sin embargo, fue autorizada a realizar un acto en el Cine Cordón el 31 de octubre. Pocos días después lo hizo la juventud blanca. Poco más pudo hacerse en público, pero lo más resonante fue la polémica que en el Canal 4 sostuvieran los Dres. Tarigo y Pons Etcheverry, defendiendo el No, frente a los Dres. Bolentini y Viana Reyes, que sostenían la posición oficialista. La opinión pública asistió asombrada a un espectáculo inédito: la impugnación clara y fuerte a la dictadura, en boca de quienes hoy representaban a los partidos tradicionales, cuyos dirigentes seguían proscriptos. Arreciaron los ataques militares, se denunció un complot sedicioso en el Penal de Libertad y se generó todo el temor posible.

Nosotros trabajábamos desde la sombra. Unos recorriendo el interior, otros moviéndonos por todo Montevideo y Canelones, acompañados de una juventud que afloraba. Con todo, reinaba la incertidumbre. En la víspera del plebiscito, veníamos caminando con Maneco Flores Mora rumbo a "El Día y yo le expreso mis temores por el resultado. Acababa de ganar un plebiscito parecido Pinochet en Chile y la tradición mostraba siempre a las dictaduras venciendo, por buenas o malas maneras pero venciendo. "No te preocupes", me dice, "mañana sabremos si alguna vez merecimos el título de Suiza de América". Y así fue, porque en ese 30 de noviembre inolvidable, el pronunciamiento fue claro: 57,2%. Por el No, contra 42,8% por el Sí. Desde ya que la votación por el Sí no era pro dictadura sino mayoritariamente de gente que de buena fe pensaba que era un principio de salida, aunque fuera regular y que luego habría tiempo para seguir avanzando.

Nosotros pensamos siempre que se precisaba un solución clara, que no subordinara al gobierno democrático a la influencia militar de modo alguno, y esta no lo era.

Los mandos militares no esperaban el resultado. Debemos reconocer que no intentaron el fraude y que la Corte Electoral, con sus funcionarios de siempre, organizó el acto con honestidad e independencia. El malhumor del alvarismo, sin embargo, fue tremendo y las declaraciones estuvieran en consonancia. Las provocaciones arreciaron, pero no tuvieron otro remedio que abrir otra instancia de diálogo. Todo sería trabajoso, desde que, incluso, se sustituyó al Dr. Méndez, otro derrotado del plebiscito, por el propio Tte. Gral. Álvarez, quien pasó a ser el mayor obstáculo para la salida institucional.

Estos fueron los hechos. Primer paso de cuatro difíciles años de ir y venir, pero que, con la perspectiva que nos dan los 40 años que se cumplen estos días, podemos con orgullo decir que hubo en los partidos tradicionales una dirigencia notable, que desde la sombra logró doblegar a la dictadura y mostrarle que, pese a toda su propaganda y el alto nivel de consumo del momento, no era posible violar impunemente los grandes principios de nuestra República , grabados en el corazón de la ciudadanía.

Así como días pasados recordamos al Almirante Zorrilla por su solitaria resistencia al golpe de febrero de 1973, hoy lo hacemos -con la misma emoción- por otro enorme batllista, el Dr. Enrique Tarigo, hasta entonces un respetado abogado, profesor de Derecho Procesal, que asumió la representación política del Partido Colorado y marcó un hito de dignidad ciudadana.




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