Un maquillaje más

La remoción de los directores políticos de Asse no asegura que se termine con la larga trama de acomodos y corrupción que ha caracterizado la gestión de ese organismo.

La historia de la Administración de los Servicios de Salud del Estado en los últimos años ha sido lamentable: clientelismo, despilfarro y maniobras de todo tipo que están siendo investigadas por el Parlamento y seguramente terminarán en la Justicia.

La situación de la presidente del servicio, doctora Susana Muñiz, era insostenible desde hace meses, al punto que ella misma había adelantado su renuncia a fines del año pasado. La concesión de servicios a empresas de médicos que a su vez son funcionarios públicos, las designaciones “a dedo”, las aventuras del director del Hospital de Rivera —que contrató funcionarios a granel sin ningún respaldo legal ni presupuestal, usó ilícitamente servicios brasileños e hizo del Hospital una especie de feudo ajeno a todas las normativas— y los excesos de otros directores de hospitales, como una jerarca que cobraba por cirugías nunca realizadas, son algunos de los desarreglos que han caracterizado la gestión; desarreglos que la Dra. Muñiz intentó justificar descaradamente en sus presentaciones ante el Parlamento. En vez de comprometer cambios drásticos para impedir los abusos y las ilicitudes, la Dra. Muñiz mostró una actitud desafiante y, en varias ocasiones, justificó las irregularidades y dio su apoyo explícito a los directores luego cesados. El maltrato a los enfermos psiquiátricos en la Colona Etchepare así como el suministro de medicación inadecuada a los niños pacientes de un centro hospitalario, son otras perlitas aún impunes.

Fiel a su estilo confrontativo, la doctora Muñiz indicó, tras conocer su cese, que “no ha sido posible cumplir con todos los objetivos, en parte por dificultades propias sumadas a una campaña de la derecha descarnada y desleal, destinada a desarticular el Sistema Nacional Integrado de Salud”. El pretexto es insostenible, ya que de ser cierto estaría demostrando que el gobierno, que tiene mayorías parlamentarias y pleno uso —y abuso — de sus facultades, más la complicidad de los sindicatos, ha fracasado totalmente en sus expectativas.

Quiere decir que el presidente Dr. Vázquez no dispuso la remoción de los directores políticos sólo por la situación creada en torno al vicepresidente de la institución, Mauricio Ardus, quien había contratado a la novia de su hijo —lo que provocó inmediatas reacciones periodísticas y políticas— sino que aprovechó esa circunstancia para limpiar la cara de un sector público cuyos desastres y polémicas ponían en jaque al propio gobierno.

El presidente actuó en forma astuta, aunque no sabemos si sus medidas tendrán el alcance y la profundidad que deben tener para terminar con la corrupción, ya que, cauteloso como siempre para cuidar los difíciles equilibrios internos de la coalición de gobierno, el Dr. Vázquez eligió para sustituir a la doctora Muñiz, del Partido Comunista, a otro dirigente que responde a ese mismo sector político, el Dr. Marcos Carámbula, con lo que puede presumirse inicialmente que ASSE seguirá siendo, lamentablemente, el “coto de caza” del Partido Comunista para designar a sus partidarios y para dejar que sigan haciendo sus negocios a costa del Estado.

La señal que da el presidente Vázquez al designar a Carámbula es, además, contradictoria con el reclamo de la opinión pública de terminar con las designaciones de familiares y amigotes de los jerarcas, ya que los antecedentes del ex Intendente de Canelones son, precisamente en esa materia, los peores imaginables. Durante su gestión al frente de la comuna canaria acomodó a varios integrantes de su parentela, entre ellos a su hermano, a su hijo, a su nuera y a su esposa.

Por lo tanto, no es seguro que el Frente Amplio pueda desarrollar en lo que queda de este mandato una gestión transparente y eficiente. Los antecedentes son muy malos, si a los desastres de la doctora Muñiz agregamos el recuerdo de un Ministro, el doctor Venegas —también comunista, ¡vaya casualidad!— que tuvo que renunciar por no ser ciudadano, o sumamos la mención de Alfredo Silva, ex director de Asse que terminó procesado al comprobársele reiteradas maniobras delictivas e irregularidades adminstrativas en beneficio propio de sus amigotes del sindicato.

Todo esto nos hace pensar que no habrá grandes cambios en la conducción de Asse, que en definitiva es un apéndice de todo un gobierno que en su conjunto viene arrastrando una pesada sospecha de ilícitos y de corrupción. La designación de familiares de los jerarcas —mala en sí misma— es un asunto menor frente a las andanzas del ex vicepresidente Sendic; las licitaciones manejadas, la promoción de empresas de amigos para que hagan negocios acá o con otros gobiernos o el desfonde de empresas públicas como Ancap.

Cuando termine la investigación parlamentaria podremos medir con precisión el alcance de la pésima gestión de Asse. Deseamos que ese panorama de abusos y negociados no se siga repitiendo, pero la larga y lastimosa lista de antecedentes nos indica que, lamentablemente, no hay motivos para el optimismo.



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