Omar

El fallecimiento de Omar Gutiérrez era previsible. Víctima de su pasión por el cigarrillo, hace años que le había pasado factura. Pero ahora, cuando se llega a lo inexorable, no por ello es menos doloroso.

Él fue un estilo. Cuando apareció en la televisión, pocos creían que podía repetir el éxito que había tenido en la radio. Sin embargo, con su termo, su mate, su cigarrillo, su vestimenta de entre casa, hablando para “el vecino y la vecina” pasó a ser una referencia insoslayable.

Sus audiciones eran la vida cotidiana, la vida misma. Fuera en la música o en el reportaje. Durante años de años participamos en sus programas. No ocultaba sus opiniones, pero respetaba las ajenas y dejaba exponer. Agudo en las preguntas, amable en el modo de conducir la charla, informaba como pocos. Él procuraba que la gente entendiera y que “doña Maria y don José” accedieran a un tema económico trasladado a lenguaje común, sin las ataduras de la academia ni el abstruso peso de los números.

Realmente, se va a extrañar. Su vacío ya se hacía sentir y ahora será definitivo. Pero en la mejor historia de nuestra comunicación allí estará.

J. M. S.



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