La burda noche de los 12 años

La película uruguaya sobre la prisión de los jefes tupamaros levanta polémicas. El periodista Hugo Machín Fajardo, quien estuvo preso durante la dictadura, ha publicado en varios medios internacionales una columna en la que sostiene que el libro en el que se basa el filme es falso, por lo que el resultado también resulta falso. Reproducimos acá esa versión, tomada del semanario Opinar dejando constancia de que Machín traza, con independencia de criterio, un panorama completo sobre la historia reciente.

Los filmes históricos normalmente ofrecen inexactitudes, anacronismos y adecuaciones. Aquí, el punto clave es que utiliza una base errónea, sin preocuparse por entresacar lo falso y lo real, de compararlo con otras fuentes históricas, otros documentos, incluso documentales sobre el MLN. Se basa olímpicamente en “Memorias del calabozo” como si fuera la verdad.

Los artistas mienten para decir la verdad, mientras que los políticos, a veces, mienten para ocultarla. En la película uruguaya “La noche de los 12 años”, ocurre lo opuesto: el arte miente con la pretensión de ocultar una verdad que es muy conocida por miles de uruguayos a quienes se les hace un agravio mediante el ninguneo al horror sufrido durante los doce años -entre 1973 y 1985- que duró la dictadura uruguaya.

El mercadeo de la película presenta los años de cárcel vividos entre 1974 y 1984 por el expresidente José Mujica, el ex ministro de Defensa Eleuterio Fernández Huidobro, fallecido, y el novelista y dramaturgo Mauricio Rosencof, como una exclusiva vivencia épica.

¿Y cómo se miente? Mediante el artilugio de sugerir que los otrora dirigentes del Movimiento de Liberación Nacional (MLN) –Tupamaros, fueron apresados por combatir la dictadura cívico–militar que imperó en Uruguay. A partir de esa premisa errónea, todo el filme queda permeado por una supuesta verdad histórica que nunca les perteneció a los tupamaros, sino que, por el contrario, fue sufrida precisamente por quienes en el Uruguay no estuvieron de acuerdo con la lucha armada: partidos de izquierda, sindicatos, partidos Colorado y Nacional, organizaciones sociales y cooperativas.

La verdad histórica es que los tupamaros comenzaron su agresión armada a la democracia uruguaya en 1963 y en 1972 –cuando el ejército del país se integró de pleno a la lucha antiterrorista– en seis meses fueron desmantelados. La dictadura fue posterior a esta contingencia. Se inicia un año después y en la concausa que motivó la interrupción del orden democrático uruguayo, tuvo responsabilidad el accionar tupamaro con su práctica de homicidios, secuestros, atentados y robos.

Durante los doce años de dictadura, 6.500 uruguayos fueron torturados, de los cuales aproximadamente la mitad permaneció años en las cárceles políticas, bajo durísimas condiciones; 34 murieron en la tortura, 131 desaparecieron en la Argentina; 7 en Chile y 2 en Paraguay; en el marco de la Operación Cóndor, ideada por los militares del Cono Sur en conocimiento del entonces secretario norteamericano Henry Kissinger.

¿Qué fuentes tiene la película? Es el típico caso de falso silogismo: el guion de la película es el libro “Memorias del calabozo”, publicado en 1987 por Fernández Huidobro y Rosencof. Ambos pergeñaron décadas atrás una historia edulcorada del MLN que no incluye varios tópicos:

- Acciones terroristas, como lo ha reconocido más cerca en el tiempo otro exdirigente tupamaro, Jorge Zabalza.

- Colaboración de esos exdirigentes tupamaros con los militares durante 1972. Fernández Huidobro en 2011, polemizó con Zabalza, sobre quien fue el primero en sentarse a negociar con los militares.

- La tortura infligida a civiles uruguayos por interrogadores tupamaros, colaboradores de los militares de entonces.

- La transformación del Penal de Libertad en una especie de kibbutz durante 1973 y 74, mientras duró el interludio tupamaro/militar, con proyectos que incluían disponer de un territorio en el norte del país donde los tupamaros ensayarían su reforma agraria, y formas de producción cooperativa.

- El reclamo hecho por Fernández Huidobro, durante su reclusión entre 1973 y 1975 a tupamaros exiliados en Buenos Aries de que siguieran actuando como guerrilla armada en Uruguay operándola desde la Argentina peronista; y su acusación de traidores a quienes desistieron de esa demencia, así como la orden de ejecutar a algunos de “esos” que ya residían en Lima o París.  Puede verificarse en otra película uruguaya, “Destino Final” (2006), cuando el ex tupamaro Luis Alemany narra su encuentro clandestino en el litoral uruguayo –en 1974-  con William Whitelaw, asesinado junto a Rosario Barredo, en mayo de 1976 con los exlegisladores uruguayos exiliados en Buenos Aires,  Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz.

- La colaboración de Fernández Huidobro en 1977 –en pleno funcionamiento de la Organización Cóndor– con los servicios de inteligencia del ejército uruguayo proporcionando una ficha ideológica y de capacidad operativa de los principales dirigentes tupamaros, estuvieran presos o en el exilio. Aclaro que algunos de estos aspectos ya fueron publicados por mí en 2015, en vida de Fernández Huidobro, en ocasión de la reaparición en Uruguay del supuestamente único jefe tupamaro que entregó compañeros y estructuras a los militares que les combatían, Héctor Amodio Pérez, cuando este llegó a Montevideo a presentar su libro “Palabra de Amodio. La otra historia de los tupamaros” (2015).

- La consecuente identificación con el militarismo de Fernández Huidobro, quien ya como ministro de Defensa uruguayo se mimetizó con los uniformados y convertido en su principal defensor, prácticamente pasó a residir en la sede ministerial castrense.

Tenemos un libro falso, el guion basado en ese libro, también falso y, por ende, la película resultante necesariamente una película falsa. “Memorias del calabozo” ha tenido varias ediciones desde 1987. Las últimas obviamente no se actualizan con los hechos delictivos en los que persistieron los tupamaros después de recuperada la democracia. El guionista de la película no se molestó en hacerlo. La verdad histórica es que estos exdirigentes tupamaros hasta 1994 dudaron de incorporarse a la democracia. Esa fecha es clave porque en agosto de ese año Mujica, Fernández Huidobro y otros dirigentes tupamaros, organizan una asonada contra una decisión judicial uruguaya adoptada en los noventa de extraditar a tres etarras refugiados en Uruguay solicitados por España acusados de delitos en su país. Esa incidencia –una variante a la uruguaya de la locura que fue el supuesto asalto a La Tablada argentina de 1987– fue uno de los hechos más violentos registrados en Uruguay de los últimos veinticuatro años, que dejó dos ciudadanos muertos, Fernando Morroni y Roberto Facal, y 80 heridos, fruto de una represión policial provocada –una vez más– por el aventurerismo de Mujica y compañía, y compañía, impulsores de la consigna “tanto peor, tanto mejor,” que en su concepto, acelera la revolución.
El público español que se emocione con la peripecia de los tres protagonistas, deberá tener en cuenta que la banda terrorista ETA y estos personajes tenían relaciones carnales.

Una entrevista de Jesús Quintero a Fernández Huidobro realizada en los noventa, cuando el ex tupamaro era senador del Frente Amplio, hoy en el gobierno, puede sacarles de dudas respecto a que éste volvería a matar si lo entendía necesario.

- ¿Volvería a hacer lo mismo?

- Sí.

- ¿Incluso matar si es necesario?

- Sí.

Antes, en un programa televisivo uruguayo, el ex tupamaro llevó al estudio una granada que colocó encima de la mesa del entrevistador.

Tampoco la película alude a los hechos protagonizados por la tupabanda, como se conoce a un grupo formado por ex tupamaros y nuevos adherentes que, en coordinación con por lo menos dos de los tres protagonistas del filme, a fines de los ochenta y principios de los noventa asaltaron bancos e hicieron “finanzas” para solventar campañas electorales de Pepe Mujica y los suyos.

Alguien puede advertirnos que una película debe analizarse por lo que tiene, y no, por lo que no tiene. Es correcto, si de arte hablamos, pero “La noche de los 12 años” tiene aspiraciones históricas –“reveladora para el futuro”– ha dicho su director Álvaro Brechner. Una pretensión burda nada menos que sobre el período más traumático vivido por Uruguay desde 1904.

Los filmes históricos normalmente ofrecen inexactitudes, anacronismos y adecuaciones. Aquí, el punto clave es que utiliza una base errónea, sin preocuparse por entresacar lo falso y lo real, de compararlo con otras fuentes históricas, otros documentos, incluso documentales sobre el MLN. Se basa olímpicamente en Memorias del calabozo como si fuera la verdad. Y el director no toma el libro de Rosencof y Fernández Huidobro como una novela. La película lo presenta como una verdad.

Verdad que atenta contra la memoria y la historiografía que, no son territorios idénticos, y tienen sus propios métodos y técnicas para abordarlos. La historiografía no coincide con la espontaneidad de la memoria individual y colectiva, sino que es una forma de conocimiento a ser sometida por el examen de la crítica, sostiene el historiador y filósofo italiano Paolo Rossi. Cierto que entre historia y memoria hay una relación, porque la historia se nutre de la memoria y la memoria se impregna de nociones y sentimientos trasmitidos por la historiografía, según Jacques Le Goff.

¿Por qué se miente? La memoria tiene que ver con la identidad de quien recuerda, pero también con la propia aspiración de persistencia en el futuro. En este caso, los autores de las supuestas “Memorias del calabozo” escribieron una historia a ad usum, con la perspectiva de generar un mito en quienes desconocían los hechos del pasado tan diferentes de cómo lo relataron en su libro presentado como algo histórico. “El presente dirige el pasado como un director de orquesta a sus músicos. Necesita de estos o aquellos sonidos, no otros”, ejemplifica muy bien Ítalo Svevo.



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