Astori y sus mundos mágicos

Si los supuestos de comportamiento de la economía previstos en el proyecto de Rendición de Cuentas lucían —ya al momento de su presentación— como excesivamente optimistas, a la luz del escenario regional, dada la situación argentina, ya pueden darse por completamente irreales. Algo que —dicho sea de paso— ha sido una constante del gobierno.

En el mensaje de la Ley de Presupuesto que el gobierno de Mujica presentó en 2010 se señalaba que se terminaría el quinquenio con un déficit fiscal de menos del 1% del PIB (0,8%, para ser más precisos). Pese a una recaudación inédita en la historia —y “espacios fiscales” de fantasía mediante— se llegó a un déficit de 3,6% del PIB.

Al asumir en marzo de 2015, Vázquez y Astori se hicieron los sorprendidos por el deterioro fiscal, como si hubieran vivido en Marte los cinco años anteriores. Y también sabemos cómo siguió la historia: ajuste fiscal a partir de 2016 y tarifazos, comprometiéndose a llevar el déficit al 2,5% del PIB al final del gobierno, pero resulta que a mayo de 2018 el déficit está en un 4% del PIB.

En el proyecto de Rendición de Cuentas presentado este año, el Poder Ejecutivo nos dice que reconoce que al fin del quinquenio no se llegará con un déficit del 2,5% del PIB, pero no abandona su optimismo: 3,6% en 2018, 2,8% en 2019 y —ahora sí— 2,5% en 2020. Y lo expresa como diciendo que podremos tirar manteca al techo con semejantes cifras.

¿Cómo imagina el gobierno reducir la brecha fiscal? Por supuesto, con sus previsiones de crecimiento económico, que imagina como realidades concretas y tangibles: 2,5% para 2018 (que ya reconoce que será menor “por la sequía”), 3,3% para 2019 y 3,0% para 2020. Con esas tasas de crecimiento positivo —nos señala el gobierno— no habrá problema alguno en recaudar para financiar el aumento de gasto previsto en la Rendición y, además, reducir el déficit en los porcentajes previstos.

Pero ahora Argentina —que ya era un tembladeral— se ve forzada a llevar a cabo un ajuste de suerte incierta y que la llevará a una caída de su producto que muchos estiman en no menos del 2,5% y a un crecimiento cero en 2019. El impacto sobre nuestras costas, por menores ventas de bienes y servicios (incluido el turismo), será inevitable. Por lo tanto, es difícil imaginar cómo sostener los gastos comprometidos con una recaudación necesariamente menor. Bueno, sí: con más deuda pública.

Como se advierte, las bolas de cristal de los sucesivos gobiernos del Frente Amplio, invariablemente manejadas por Astori o gente allegada a él, han fallado invariablemente. Como dijo el diputado Gandini en referencia a las previsiones astorianas: “¡No le pega una!”.

¿Y encima Astori se ofende cuando se le señala que le dejará una pesadísima herencia a la próxima administración, que bien podría incluir la pérdida del grado inversor?



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