Día del Trabajador Rural ¿30 de abril o 21 de diciembre?

Por Tomás Laguna

El motivo de la conmemoración merece su resalte cada año. Y también cada año son las mismas las consideraciones a su respecto. Por eso rescatamos, y ajustamos en su texto, aquellas reflexiones escritas en este mismo espacio allá por mayo de 2013. Año en que la fecha se celebró por primera vez.

La condición de trabajador rural la cumplen no solo quienes son asalariados en las tareas rurales sino muchos productores pequeños, con explotaciones de carácter familiar, e incluso muchos productores de escala mediana. Todos ellos son en esencia trabajadores rurales que se emplean en las tareas del campo a la par de sus empleados cuando los tienen, y en muchos casos a la par de su familia, tanto esposa como hijos. Estos productores los podemos encontrar en la granja en cualquiera de sus muchos rubros, también en la misma cuenca lechera o en pequeños predios en torno a las capitales departamentales, e incluso en la ganadería. Son los pequeños criadores de regiones como las sierras del este, pero también en el basalto superficial, por citar dos casos clásicos. Hay productores de estas condiciones en todos los departamentos.

Más aún, a diferencia del trabajador asalariado, el pequeño productor no tiene vacaciones ni feriados, no hay aguinaldo ni salario vacacional. Incluso, a la par de muchos asalariados rurales, el acceso a la salud y la educación de sus hijos pueden ser aspectos que, en el aislamiento rural, impliquen dificultades. En esencia son todos trabajadores rurales.

Sin embargo, este concepto amplio no parece estar alcanzado en el espíritu de la ley, que de acuerdo con su exposición de motivos está dirigida al asalariado rural, al tradicional peón de campo. No es menor la diferencia. Ocurre que el pequeño productor no deja de ser un propietario de tierras, y quien tiene un pedazo de tierra y de ella puede obtener una renta, aun siendo limitada, lo hace dueño de su destino, lo estimula a progresar económicamente. No en vano aún el más pequeño de los productores es un firme defensor de la propiedad privada y de la libertad a disponer de ella. Desde la proyección de la historia fueron los “kulaks”, campesinos de Ucrania, quiénes más enfrentaron a Stalin en su pretensión de apropiarse de la renta agraria. Esto los convirtió en víctimas de una de las carnicerías más grande de la historia, emprendida por el régimen comunista para aplastarlos y liquidarlos como clase social.

Más allá de los articulados en el texto de cualquier ley, bueno es leer la exposición de motivos que antecede a la misma. Es clara en la ley 19.000 la intencionalidad del legislador proponente. En su segunda frase y en referencia al trabajador rural, expresa: “Su condición de aislamiento históricamente los ha dejado postergado en las reivindicaciones que otros trabajadores urbanos sindicalizados si han conquistado.” Los siguientes párrafos están referidos precisamente a los distintos esfuerzos por crear sindicatos rurales, para finalizar en el primer congreso de la UNATRA, sindicato único de trabajadores rurales que engloba a otros de rama. Precisamente la fecha de realización de ese primer congreso, 30 de abril de 2005, es la que se toma como referencia para celebrar al asalariado rural antes que al trabajador rural en su concepto de mayor alcance. La ley es una clara reivindicación de la sindicalización antes que del oficio.

Pero si de asalariados rurales se trata, entonces desde estas páginas ya hemos sugerido otro día mucho más significativo, mucho más relevante en cuanto a la entrega y el sacrificio de un peón rural, capaz de dejar la vida en cumplimiento de su tarea. Allá por octubre de 1971 un peón rural recorría el campo dónde trabajaba en busca de un animal perdido. Tuvo la mala suerte de encontrar una guarida de un grupo de infames guerrilleros, las que se conocían como “tatuceras” en el execrable romanticismo que para algunos aún acompaña la gesta tupamara. Aquel hombre abocado a su tarea tenía 46 años, esposa e hijos. El 21 de diciembre de 1971, Ramón Pascasio Báez Mena, peón rural uruguayo, fue asesinado por la guerrilla del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros con la escusa de que el mismo no diera a conocer aquel estratégico escondite enclavado en la estancia Espartacus, en la ruta 9, a unos 10 kms de Pan de Azúcar.

Seguidores, simpatizantes, obsecuentes ideológicos de aquellos terroristas hoy devenidos en partido político aún se atreven a reivindicar al peón rural...