Por Elena Grauert
El pasado 25 de abril, se conmemoró el "Día Mundial contra el Maltrato Infantil". Una jornada que nos recoge en una sensación de tristeza y nos convoca a la reflexión, porque el ser humano se podrá valorizar como tal, el día que pueda liberarse de este flagelo y sea imposible pensar que los adultos puedan cometer tales actos.
Para peor sucedió el asesinato, en forma brutal, de los dos menores por parte de su padre, dejando un tendal de duelos, sensaciones de frustración e incomprensión de la psiquis humana, donde lo único cierto es que sin duda hay un debe con la prevención de la salud mental, que es un cáncer que disemina el daño, no sólo en el sujeto que lo padece sino en su núcleo familiar más íntimo y a la larga en la sociedad toda. No obstante, no se justifica la insania mental eventual con el atroz acto criminal y sin duda no se vuelve de esa situación en términos humanos.
Estamos en una sociedad violenta. La soledad, la vida en separación, la disgregación de la familia, etc., hacen muchas veces que las personas tiendan a la violencia, tanto contra sí mismos -con altísimos índices de suicidios- como contra los demás. Y, sin duda, en estos temas la educación puede hacer mucho por todos. Los seres humanos somos gregarios, necesitamos la familia, el amigo, necesitamos ser escuchados, divertirnos, llorar en compañía, siempre fue así, pero la vida moderna que abandonó la familia "tana o gallega" de la mesa de los domingos, quizás haga que se pierda esa primer socialización.
El "tengo derecho a hacer mi vida", que es muy legítimo y muy adolecente, hace que muchas veces se pierdan los tensores que en principio son los lazos familiares o esos amigos que constituyen la contención primaria que necesitamos todos.
El mantener lazos fuertes, el tener padres, abuelos, tíos, primos, amigos, que indiquen pertenencia, hace desarrollar valores que permean en toda la sociedad. La violencia contra los menores quizás no se pueda desterrar, pero la existencia de referentes que puedan escuchar a esos niños y advertir cuando algo no está bien, sin duda los defiende de eventuales abusos.
La ley 19.747 es sin duda una excelente herramienta en defensa de los niños, que obliga al Estado y a la Justicia a escucharlo, ponerle un defensor, protegerlo de los adultos permitiendo que el mismo se apoye o vaya acompañado del adulto que tenga confianza, no teniendo que ser sus progenitores.
Asimismo, establece medidas de protección, como el deber de inclusión de los niños en sistema, la atención de la salud, la participación en programas de apoyo familiar del INAU, impone a los padres determinadas conductas en protección de los derechos de los menores.
También, prevé el caso de la familia alternativa, para niños o adolescentes amenazados en su derecho a la vida o integridad física, poniéndolos al cuidado de una familia seleccionada por el INAU, los cuales tendrán el apoyo y supervisión de dicho organismo. Para evitar que haya menores en la calle, se consagra el derecho a acceder voluntariamente a programas de atención en régimen de veinticuatro horas, cuidados y alojamiento.
El marco jurídico está, pero la protección de los menores requiere mucho más. Requiere, entre otras, más centros CAIF y la universalización de escuelas de tiempo completo de horario extendido, porque la vida moderna lo demanda. La familia mono parental implica que los menores deben quedar a cuidado de alguien, de lo contrario comienzan los necesarios abandonos dejando a los niños o adolescentes con extraños o sólos, ya que muchas veces no tiene la madre o el padre otra forma de volver con sustento.
En síntesis, como dijo la Psiquiatra Margarita García Trovero, en una charla realizada en la Casa del Partido Colorado por el "Día Mundial contra la Violencia Infantil", "para cuidar a un niño se necesita de toda la aldea" frase de Cynthia Hobbs, proverbio africano para enfatizar la importancia de la red de familias, los miembros de la comunidad, los valores y las relaciones en el desarrollo infantil.
Para realmente alcanzar o al menos acercarnos a la meta de erradicar el flagelo de la violencia infantil, el educar en buenos hábitos, en valores familiares y de amistad es fundamental. El generar un Estado muy presente mediante la educación, con docentes preparados en detectar situaciones y prevenirlas, es sin duda un camino difícil pero al que no hay que darle tregua, porque la violencia en adolescentes, niñas o niños es de las injusticias y daños más grandes, donde las consecuencias se pagan toda la vida.