Por Jorge Ciasullo
El título de este comentario corresponde a una película -protagonizada por Dustin Hoffman- en la cual, el genial actor, protagoniza un torpe actor de la India, que es invitado a una fiesta por error y que en el transcurso de la misma sufre diversos "accidentes", cayendo en situaciones realmente graciosas que despiertan risas al espectador.
Nos referimos a la última fiesta -seguramente habrá otras- que, bajo el título "Acá Estamos" y con el auspicio de la Intendencia de Montevideo, fue un indisimulable acto con fines proselitistas, es decir: intentar convencer o ganar seguidores para una causa o doctrina. En este caso, la causa tiene un sólo nombre: Carolina Cosse, con su desmedida ambición política. Como es público, a esos efectos, contrató a destacadas artistas, en especial una de origen brasileño.
Ante las críticas, la intendenta sostuvo que es inversión en educación: "El costo final de esto no lo sé, pero lo que sí sé es que la inversión que hacemos en cultura la población nos la devuelve multiplicada", señaló. Argumento discutible, si los hay.
Por supuesto que nada se puede decir sobre la excelencia artística y vocal de esa persona y el cachet establecida -en su derecho- o por la misma. Lo tomas o lo dejas. Pero si se puede y debe discrepar en cuanto a la oportunidad del gasto, que la intendenta estableció como "inversión". Los especialistas definen inversión como el acto de asignar recursos para la compra o creación de activos o de capital, es decir el acto de no consumir esos activos ahora para satisfacer necesidades en el presente, sino destinados a satisfacer necesidades en el futuro. Obviamente, no es el caso.
Ya que se refiere a educación, nos preguntamos si no sería más adecuado utilizar ese gasto en legítima inversión, como ser, arreglar las calles de barrios periféricos de Montevideo, que no sólo las transforman en intransitables, sino que muchas veces invaden las viviendas -ya de por sí precarias. Viviendas en las que viven niños en edad escolar y que con riesgo físico en días de lluvia deben sortear diversos obstáculos para acceder a su centro de estudios. Concurren empapados de pies a cabeza, y no sólo por sociabilizar y aprender, sino que, por tratarse de escuelas de tiempo completo, para alimentarse ¿la Sra. intendente, lo ignora? No lo creemos.
Por lo anterior, si tanto le preocupa la educación, la inversión debería ser realizada para satisfacer necesidades del futuro. Ellas son que esos niños, no se desanimen entre el agua y el barro y finalmente abandonen, porque esa es la realidad, si a ello sumamos los paros constantes -desde el primer día de clases como acaba de ocurrir- una actitud tan desalmada como despreciable de los educadores- el combo es perfecto.
En consecuencia, optemos si, por un fuerte "Acá estamos" recibiendo a los alumnos sin haber pasado por veredas (si las hay) con alegría y no sin asistencia de educadores, pero con carteles vinculados a reclamos fundados o no, y que los niños no entienden, pero son ellos los inocentes perjudicados.