Por Tomás Laguna
Días pasado la Sociedad Uruguaya de Turismo Rural, con el apoyo del propio Ministro de Turismo, presentó lo que dio en llamar "Pasaporte Turismo Rural y Natural", un instrumento pensado para generar fidelidad y promover el acceso a los servicios de esta particular modalidad como opción de dispersión, recreo y descanso.
La iniciativa de la Sociedad Uruguaya de Turismo Rural, difundida en conjunto con autoridades del Ministerio de Turismo, pasó inadvertida y no tuvo mayor destaque en medio del fárrago de noticias altisonantes que nos inundan día a día. No obstante, merece reivindicar el valor y oportunidad de la misma. Es que el turismo rural es mucho más que una opción de carácter bucólico y naturista frente a los destinos masivos que ya son habituales en nuestro país. Se podría incluso afirmar que se trata de una actividad estratégica a promover entre nuestra ciudadanía, siempre tan urbana y alejada en su comprensión de las particularidades de la vida rural.
Prácticamente nadie discute el valor estratégico que para nuestra economía tienen las cadenas de producción agro exportadoras, aun cuando desde algunos sectores intelectuales pueden persistir quienes miran con desdén la producción primaria. Pero más allá de esa convicción respecto de la importancia estratégica de la agropecuaria, persiste en el ciudadano citadino una gran incomprensión de la vida rural, de su contexto socio cultural y sus valores. Esto es, el ciudadano urbano sumergido en el vértigo temporal de la inmediatez cuantitativa y consumista subestima en su percepción la vida rural, donde los espacios predominan sobre el factor tiempo y donde valores que desdeña la sociedad urbana mantienen tozuda vigencia.
¿Cómo acercar esos mundos? Ambos son una realidad del mismo país, constituyendo la brecha más vieja de su historia. Tal vez para ello el turismo rural pueda hacer su aporte...
Más aún: existe una idea generalizada en el mundo urbano, impuesta soterradamente desde la ideología, en el sentido que la producción agropecuaria comercial es enemiga del medio ambiente. El turismo rural puede ser un buen antídoto a esos prejuicios incubados desde la ignorancia. Para ellos bueno es acercar al ciudadano al conocimiento de las 334 mil hectáreas incorporadas al Sistema Nacional de Áreas Protegidas (ley 17.234 de febrero del 2000 y decreto reglamentario del mismo mes del 2005), donde determinados sistemas productivos pueden coexistir en el territorio con distintas formas de protección de la biodiversidad en cumplimiento de disposiciones surgidas de convenios internacionales. Si bien estos territorios se los preserva del turismo masivo, es posible vivir la experiencia de recorrer sus paisajes distribuidos en 11 departamentos diferentes. Una forma de turismo rural con un fuerte enfoque cultural que aporta al ciudadano la posibilidad de comprender, en el mismo terreno, cómo un país puede producir comercialmente y, a la vez, preservar la biodiversidad nativa propia de su región. Un valor patrimonial de importancia significativa al momento de ofrecer la producción de nuestro país al mundo.
La iniciativa de la Sociedad de Turismo Rural, fundada en diciembre de 1995 y socia de la Asociación Rural del Uruguay, se inscribe en un largo derrotero de diferentes propuestas de esta gremial en su empeño por desarrollar esta forma de turismo de alto contenido cultural. La integran establecimientos agropecuarios donde a los sistemas productivos que les son propios se les agrega un componente de servicios al visitante, con inversiones no menores en habitabilidad y logística para la atención gastronómica. Esfuerzos significativos tanto en su inversión como en la capacitación y contratación de personal para atenderlos. Una iniciativa empresarial de carácter estratégico para una mejor integración social del campo con la ciudad. Sin duda merecedores del apoyo con el que hoy el Ministerio de Turismo los acompaña en una acertada decisión política. Un llamado de atención a las intendencias departamentales en el mismo sentido.