¿Democracia amenazada?

Por Consuelo Pérez

Con frecuencia escuchamos opiniones, o tomamos conocimiento de mediciones que consideran a nuestro sistema democrático como fuerte, confiable y sano. Pero también se perciben opiniones en contrario, que afirman que nuestra democracia se encuentra amenazada.

Por supuesto que nos inquieta saber que se considere que podemos volver a transitar por sendas totalitarias, cosa que nunca se puede descartar. La prevención es fundamental en ese sentido, como en todos los órdenes de la vida.

También es cierto que no todos esperamos lo mismo de un sistema democrático, y basta para corroborarlo recordar que la actual oposición se niega a reconocer, por ejemplo, que Venezuela padece una dictadura. A la que llaman "democracia distinta". A partir de ahí, todo es posible, y por eso hay que prevenir.

Pero lo que verdaderamente debemos aquilatar es que en forma transparente y dando muestras de madurez cívica, nuestra ciudadanía ha optado por una forma de ver la vida en sociedad que es la que hace que los valores plasmados en las conclusiones mencionadas al comienzo sean respetados mundialmente. Lo hizo en las urnas.

Siempre existirá el peligro, y basta señalar que en la oposición se cobijan sistemas, o partidos que no creen en la democracia que hoy tenemos y dan muestra en el mundo de ello. El asunto es medir y aquilatar su representatividad, su fuerza, su real poder de desestabilización, que se encuentra en sus genes. No son peligrosos si los tenemos bajo custodia cívica.

Lamentablemente, en la región y concretamente en Argentina, tenemos ejemplos de que la democracia está amenazada. Lo hemos escuchado con honda pena y frustración en estos días por parte de politólogos de la vecina orilla. Y es cuestión de cantidad, como decíamos en el párrafo anterior, porque el voto vale uno. No hay drama mayor para una nación que vivir en permanente frustración por lo que no son otra cosa que las consecuencias de sus preferencias a la hora de expresarse en las urnas. Ese problema de carácter patológico de nuestros vecinos -porque lo es- constituye una dificultad de tal magnitud, que hasta se admite por muchos sensatos que quizá no tenga solución. El "problema" que tienen nuestros hermanos argentinos no es social, ni político, ni económico. Es mucho peor.

La guerra a la "riqueza" generada en forma lícita está en la mira de lo que hay que combatir, para nuestros vecinos. Lo dicen abiertamente, y en todas las acciones de su maltrecho desgobierno. Están en guerra contra lo que llaman "riqueza", y eso se instaló de tal manera, que vivir en una constante frustración, independientemente de la realidad propia o global, se ha transformado en habitual para una mayoría incomprensible. Y lo que prevalece en ese escenario, y se multiplica, es la pobreza.

Seguramente, el amable lector haya hecho mentalmente un paralelo de lo mencionado, con el enojo constante del Frenteamplio-pitcnt como forma de posicionarse, ignorando el mundo real, independientemente de que la gestión de gobierno sea buena y/o efectiva. Y donde tienen poder de mando -léase Intendencia de Montevideo- castigan la "riqueza" del que con su empeño ha accedido en el caso a viviendas acorde a su esfuerzo, con castigos tributarios diferenciados. Para muestra basta un botón, y por eso no hay que descuidarse.

La actitud confrontativa de la oposición -que obviamente forma parte del manual populista- no cesará si sus peones no remueven de su alma la contradicción en la que viven, pregonando que luchan contra la pobreza, cuando ya han demostrado que cuando toman decisiones, la multiplican. Y también eso está en el manual. Como para los argentinos, su problema no es político, ni social, ni económico. Es peor.

Cambiando de tema (sic), y para no bajar la guardia, aprovechemos a recordar que la amenaza del Covid se mantiene, y quizá sea para siempre. Está, algo así como enquistada. Pero en este país, hoy, estamos convenientemente vacunados.

Cuestión de prevención.