El sucio no se huele

Por Eduardo Pacífico

La instalación de UPM2 provoca un cambio de 180 grados en las posiciones del Frente Amplio, anteriormente acérrimo opositor a las plantas de celulosa.

Como el dicho popular que suele tener una moraleja que no es otra cosa que una lección o enseñanza que se extrae de una historia o anécdota, sea real o ficticia, escuchamos al precandidato del Frente Amplio Daniel Martínez sostener acerca de la instalación de la segunda planta de celulosa de UPM, que “si la oposición fuera Gobierno estaría actuando igual que nosotros” ... y agregó: “será por una cuestión de oportunidad”.

Esta aseveración trata de un supuesto, inducido por un pensamiento que tal vez le sea propio y no de a quién se lo quiere atribuir. Pues bien, su fuerza política fue oposición en oportunidad de los negociados de la primera planta de celosa.

Sin entrar en los aspectos poco transparentes del negociado y de las actuales concesiones otorgadas a la planta y ni que hablar de la inversión que supondrá para Uruguay, que hacen de la cuestión algo claramente discutible por decir lo menos, veamos cuales son los roles de gobierno y oposición, en roles invertidos cuando se trató UPM 1 y ahora UPM 2.

Al Ing. Martínez le aqueja una amnesia selectiva. Tal vez olvidó cuál fue la actitud de su fuerza política en oportunidad que se negociaba y concretaba el 15 de octubre del 2004, cuando el presidente Jorge Batlle autorizó mediante una resolución que Botnia Fray Bentos (actualmente, UPM) pudiera explotar una zona franca privada en Río Negro, con una inversión de US$ 942 millones, para fabricar celulosa o papel, producir energía, ejecutar operaciones portuarias y realizar actividades en otras industrias dedicadas a la transformación de la madera o proveedoras de insumos relevantes para las plantas de celulosa o papel.

Recordemos entonces, que toda aquella negociación como también la actual requirió la firma de un “Acuerdo relativo a la promoción y protección de inversiones” con el gobierno de Finlandia, que fuera introducido al ordenamiento jurídico nacional mediante la aprobación de la ley Nº 17.759.

Dicho acuerdo y su respectiva ley del 4 de mayo del 2004 sostenían la intención de intensificar la cooperación económica para mutuo beneficio de ambos países, a fin de mantener justas y equitativas condiciones para las inversiones realizadas por inversores de una Parte Contratante en el territorio de la otra Parte Contratante, reconociendo que la promoción y protección de las inversiones sobre la base de este Acuerdo estimularán las iniciativas comerciales.

En el mundo entero hoy las grandes empresas privadas no hacen inversiones importantes fuera de fronteras si no median previamente estos acuerdos de protección recíproca. El Frente Amplio votó en contra.

Es oportuno entonces recordar las palabras del diputado colorado Washington Abdala que sostenía lo siguiente: “Con toda franqueza, me parece que ese no es el modo en el que un Parlamento se tiene que expedir, sobre todo una fuerza política que quiere ser Gobierno y que le demuestra al país que, como no es Gobierno, tira para atrás. ¿Qué pasaría si en este Uruguay de hoy fuera presidente el doctor Vázquez? Seguramente esa bancada estaría impulsando el proyecto con Finlandia, diciendo: "Vamos para adelante con el proyecto con Finlandia".

Afortunadamente el presidente Batlle dejaba así inaugurada, sin contraprestación ni obligación estatal alguna, una nueva etapa muy importante en la actividad agroindustrial del Uruguay, que afortunadamente continúa hasta hoy, con la instalación posterior de una segunda planta de celulosa en Colonia (Montes del Plata) y la posibilidad cierta de que UPM instale una tercera en Paso de los Toros.

De estas reflexiones pretendemos sacar las mejores conclusiones, que son aquellas que hagan que el país avance, defendiendo las inversiones sin claudicar en aspectos que involucren la soberanía nacional, los intereses del país, sean estos económicos, sociales o ambientales.

Todas las discusiones nos permitieron comprobar que todos los partidos políticos uruguayos están a favor de esta mega inversión. También, que quienes están hoy en la oposición cumplirían con los requisitos de UPM aunque estén en desacuerdo con algunos de ellos, si en el 2020 alcanzan el gobierno.

Pero hoy es y así se reclama, tarea de la oposición velar ya no solo por los intereses nacionales controlando las fases de contratación, sino también velar por todos aquellos que inviertan y trabajan en Uruguay y que reclaman a los cuatro vientos por condiciones para producir.

Y, en este sentido preguntarnos ¿por qué los mismos inversores propietarios de “UPM 1” buscan tantas garantías hoy para “UPM 2”, cuando no las pedían en el 2004 en ocasión de la primera planta en Río Negro? Está claro: al gobierno de Batlle le tenían confianza; al gobierno del Frente Amplio le piden todas las seguridades necesarias para no verse sorprendidos por situaciones causadas por el imaginario “progresista”, nacional y continental.

Pedro Bordaberry fue contundente. “Lo mejor que tiene todo esto, y de lo que uno se congratula, es la evolución que han tenido (los frenteamplistas). Eso es lo bueno: ver hoy al Frente Amplio defendiendo a una multinacional, las exoneraciones tributarias y las regulaciones laborales, para que vengan (a invertir). ¡Es espectacular! ¿Dónde quedó el discurso de ‘no al imperialismo’? ¿Dónde quedó el discurso de ‘no a las multinacionales’? ¡Espectacular!”, exclamó.

Bordaberry también opinó que el preacuerdo firmado ahora con UPM le está diciendo al Uruguay que el país “no es viable” con esta presión tributaria.

El ejercicio del gobierno cambia a los partidos y a las personas, señor Martínez.