Por Consuelo Pérez
Por diversos motivos estamos en una encrucijada de nuestra vida política y social en que es imprescindible, a nuestro entender, mirar hacia un futuro que nos exige adecuación a los cambios, profesionalismo de gestión, transparencia en las decisiones y, por sobre todo, compromiso y trabajo social para que las oportunidades de inserción lleguen a todos, dignificando la vida misma.
Decíamos en ese sentido en publicaciones anteriores que debemos despojarnos de la carga del pasado que supone, en un ejercicio que linda el masoquismo, reiterar a cada rato las acciones del gobierno anterior, que, en definitiva, hicieron que la ciudadanía, con su voto, reencausara al país. Y por supuesto que será la Justicia, como debe ser, la encargada de ahora en más en poner las cosas en su lugar. Punto.
Ciertamente, muchas acciones del actual gobierno están condicionadas por compromisos asumidos en decisiones que le preceden, pero eso siempre será así.
También duele hablar de "la grieta" y sus connotaciones, y reconstruir nuestras relaciones humanas y colectivas requiere de una gran dosis de tolerancia, mágico ingrediente indispensable para crecer, para cicatrizar, para trabajar, y para descansar. Para todo, digamos.
Y eso implica que la conciencia de cada uno debe ser soberana y por ello respetada, pero debe manifestarse -al relacionarse con otros- en el diálogo, en la libertad respetuosa, exenta de censuras que no sean las propias.
No concebimos como batllistas un desempeño que no priorice a ultranza el contacto constante con el llamado "ciudadano común". En consecuencia, toda acción política debería plasmarse después de escucharlo. Ciertamente, parece de Perogrullo esta afirmación, pero convengamos en que la "Cercanía" -y ese concepto es el que nos ocupa- no es sinónimo de gira política, o acto multitudinario. Es otra cosa que si tenemos que explicarla es porque hemos fracasado en ello. A pesar de haber sido una constante en todas las grandes figuras de nuestro Partido, hoy debemos retomar esa forma de vincularse.
Tanto para ser tolerantes como para proponernos la tarea y compromiso social del contacto humano con todo el espectro - el acercamiento - debemos manifestar una actitud imprescindible en el convencimiento de que estamos priorizando la vida en democracia, independientemente de toda ideología. Es la actitud la que nos pondrá en el camino correcto. Actitud proactiva, y desinteresada.
Si bien dijimos que no nos debe interesar machacar sobre los dislates de la actual oposición siendo gobierno, la realidad nos hace ver que el camino no será fácil, pues es manifiesta y exacerbada la forma en que, al menos por ahora, la oposición intenta "crecer". Es su actitud la opuesta a lo que intentamos practicar. En la tolerancia siendo intolerantes, y en el acercamiento con la gente siendo oportunistas, pues no se desaprovecha ninguna instancia de convocatoria barrial por el motivo que fuere, para deslizar el mensaje ideológico, o para atribuirse logros -incluso ajenos -que para un político sólo son obligaciones. Pero es su accionar, y a ellos debe ocupar.
Y como estamos en las antípodas de las ideologías que formando parte de la oposición desconocen el derecho y propiedad individuales como fruto del trabajo, fomentan la intolerancia a gritos, y entienden la cercanía como forma de convencimiento doctrinario, es que nos tenemos confianza para crecer como sociedad. Porque estamos en Democracia, y ésta, es representativa. Simplista, quizá, pero cierto.
Obviamente ya hemos percibido en el nuevo gobierno algunos ejemplos, con frutos positivos, de lo que estamos diciendo.
Pero sentimos que sobre todo en lo que concierne al trabajo mano a mano con la gente, al logro de consensos y al diálogo, los batllistas debemos tomar la posta de lo que otros hicieron, tantas otras veces, con una actitud que ha hecho crecer a este país, y que lo ha sacado -recordemos la crisis y recordemos a Atchugarry- de situaciones catastróficas.
Es el momento, más que nunca. No nos podemos permitir dejarlo pasar.