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Una filtración de inusitada gravedad
La divulgación de imágenes sin editar de un operativo contra el narcotráfico dejó expuesta la identidad de varios policías y vulneró la intimidad de las personas allanadas. El Ministerio del Interior anunció una investigación para determinar el origen de la filtración, que sin duda constituye un delito o incluso varios.
La filtración de imágenes policiales correspondientes a la Operación Trazador constituye un hecho de una gravedad inusitada, tanto por los riesgos que supone para la integridad de los funcionarios involucrados como por las consecuencias que puede tener para la seguridad de futuras investigaciones contra el crimen organizado.
El episodio salió a la luz durante la comparecencia del ministro del Interior, Carlos Negro, ante la Comisión Especial de Seguridad Pública y Convivencia del Senado, el pasado martes. Allí, el senador nacionalista y exministro del Interior Nicolás Martinelli advirtió que las imágenes difundidas, captadas por cámaras GoPro utilizadas durante los allanamientos, permiten identificar a los policías participantes por sus voces, sus tatuajes e incluso los números de los dispositivos empleados.
Habitualmente, cuando el Ministerio del Interior divulga registros de procedimientos policiales, se adoptan precauciones para preservar la identidad de los efectivos: se distorsionan las voces y se ocultan los rostros, los tatuajes y cualquier otro elemento que permita reconocerlos. En este caso, ninguna de esas medidas de protección fue aplicada.
La situación es particularmente delicada porque la Operación Trazador permitió desarticular una organización dedicada al narcotráfico y al lavado de activos, con la incautación de más de 260 kilos de pasta base, armas, municiones, vehículos y importantes cantidades de dinero. El procedimiento culminó con tres personas condenadas, mientras que la Fiscalía Especializada en Lavado de Activos abrió una nueva investigación sobre otras posibles ramificaciones de la organización.
La difusión de los registros no sólo expuso a los policías, sino que también vulneró la intimidad de las personas presentes durante los allanamientos. Según informó Montevideo Portal, una de las filmaciones muestra a una persona que se encontraba en el baño de la vivienda intervenida, en una situación que evidentemente no estaba destinada a su divulgación pública.
El senador colorado Andrés Ojeda planteó que la filtración podría configurar un delito de revelación de secreto y reclamó que se investigue hasta identificar a los responsables. Por su parte, Negro anunció la apertura de una investigación administrativa y reconoció la gravedad del episodio, aunque advirtió que todavía no es posible determinar el origen de la filtración.
El ministro explicó que las imágenes ya formaban parte de la carpeta de investigación en poder de la Fiscalía, por lo que no necesariamente fueron divulgadas por integrantes de la Policía. También señaló que otras personas, incluidos los abogados que intervienen en las causas, pueden tener acceso a esos materiales.
Precisamente por eso, la investigación deberá establecer cómo se produjo la filtración, quién tuvo acceso a los registros originales y quién fue responsable de su divulgación. La eventual responsabilidad penal deberá ser determinada por la Justicia, pero la necesidad de esclarecer lo ocurrido no admite dilaciones.
Lo sucedido trasciende ampliamente las controversias políticas que rodean a la Operación Trazador. La protección de la identidad de los funcionarios que participan en procedimientos contra organizaciones criminales constituye una obligación elemental del Estado. Su exposición puede facilitar represalias, comprometer futuras operaciones y poner en peligro tanto a los efectivos como a sus familias.
Resulta especialmente preocupante que una operación policial exitosa, que permitió asestar un golpe significativo al narcotráfico, termine acompañada por un episodio que pone en riesgo a quienes la llevaron adelante.
No alcanza con reconocer la gravedad de lo ocurrido y anunciar una investigación administrativa. Es indispensable esclarecer los hechos, determinar las responsabilidades que correspondan y adoptar las medidas necesarias para impedir que una situación semejante vuelva a repetirse.
Quienes arriesgan su vida para enfrentar al narcotráfico tienen derecho a esperar que el Estado, como mínimo, sea capaz de proteger su identidad y su seguridad. |
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