|
La intemperie no tiene estación
Por Angelina Rios
Durante meses, el frío extremo obligó al Estado a desplegar una respuesta extraordinaria para miles de personas en situación de calle. Pero la llegada de la primavera no elimina la intemperie. Uruguay entra ahora en un período en el que El Niño puede traer lluvias superiores a lo normal, crecidas, inundaciones y tormentas severas. Cambia el riesgo climático. La vulnerabilidad permanece.
El termómetro se convirtió este invierno en una señal de alerta. Cuando las temperaturas descendieron a niveles peligrosos, la situación de quienes dormían en la calle dejó de ser solamente un problema social y pasó a ser también una emergencia.
Se abrieron centros de evacuación, se ampliaron plazas, participaron las Fuerzas Armadas, el Ministerio del Interior, ASSE, el Sinae y el Mides, y se realizaron operativos de captación y traslado.
La magnitud de aquella respuesta permite entender también el alcance del problema. La alerta roja por frío extremo terminó oficialmente ayer 1 de octubre, después de casi cinco meses. Todavía en la última jornada del operativo fueron asistidas 3.883 personas en todo el país. Durante estos meses, el dispositivo llegó a atender a cerca de 4.000 personas por jornada.
Pero la intemperie no desapareció con la llegada de la primavera. El pasado domingo 27, por ejemplo, Uruguay atravesó una jornada marcada por lluvias, tormentas y alertas meteorológicas en distintas zonas.
El riesgo cambia de forma
La llegada de octubre no significa que los riesgos desaparezcan. Lo que puede cambiar es su naturaleza.
Los últimos informes de tendencias climáticas de Inumet anticipan para los próximos meses un escenario que merece atención. El informe, que abarca el trimestre setiembre-octubre-noviembre, muestra señales de precipitaciones por encima de lo normal en el noreste del país, con una probabilidad del 55% de ubicarse en el tercil superior. Para otras regiones, el comportamiento esperado es diferente, por lo que no corresponde trasladar esa previsión a todo el territorio nacional.
A eso se suma El Niño.
El Sistema Nacional de Emergencias ya comenzó a preparar al país ante su evolución durante 2026 y 2027. Los organismos especializados prevén que el fenómeno continúe fortaleciéndose durante la primavera y el comienzo del verano. Los antecedentes muestran que, en nuestro país, El Niño puede estar asociado a precipitaciones superiores a lo normal, crecidas de ríos y arroyos, inundaciones y tormentas severas.
No significa que todos esos fenómenos necesariamente vayan a ocurrir ni que hoy puedan anticiparse su intensidad o su ubicación. Significa que existe un riesgo que el Estado ya está considerando.
La misma persona, otra emergencia
Para quien tiene una vivienda, una tormenta fuerte puede significar quedarse en casa, cerrar una ventana o evitar salir.
Para quien vive a la intemperie, la situación es distinta.
Un temporal puede convertir el lugar utilizado para dormir en un sitio inseguro. El viento, las tormentas severas o una eventual inundación agregan riesgos a una situación que ya es vulnerable.
Ahí aparece una pregunta que merece formularse ahora y no cuando llegue el próximo evento meteorológico adverso.
¿Qué respuesta tendremos para las personas en situación de calle cuando el problema ya no sea el frío?
De la emergencia a una política permanente
El problema, de todos modos, no comienza ni termina con el clima.
El Estado cuenta desde este año con la primera Estrategia Nacional sobre Situación de Calle, que busca construir una respuesta más amplia que la atención de emergencia. El Mides también comenzó a desarrollar nuevas modalidades, entre ellas centros de funcionamiento permanente y propuestas que buscan adaptar la atención a distintas necesidades.
Además, los propios informes de la alerta roja realizan una distinción importante. Las cifras diarias de refugios y centros de evacuación no incluyen más de 5.200 cupos correspondientes a otras modalidades de alojamiento del sistema de protección social del Mides.
Eso muestra que existe una estructura que trasciende la contingencia. El desafío es articular esa estructura frente a riesgos que pueden presentarse a lo largo del año.
El Sinae ya comenzó a prepararse ante los posibles efectos de El Niño. Montevideo también puso en marcha acciones preventivas frente a eventuales episodios de lluvias intensas.
Incorporar a las personas en situación de calle a esa mirada preventiva parece una consecuencia necesaria de lo aprendido durante el invierno.
La estación cambia.
La intemperie no. |
|
|