Correo de los Viernes - Imprimir Noticia

Imprimir

El coraje de no callar

Por Juan Carlos Nogueira

Dedicado a los periodistas valientes que no se amedrentan.

En pleno siglo XXI, aunque la libertad de expresión se considera uno de los pilares esenciales de las sociedades democráticas, persiste una forma de censura indirecta que no depende de leyes ni de grilletes visibles.

Se manifiesta mediante mecanismos sutiles: el silenciamiento que opera a través de la cooptación, la rescisión de contratos, o la reubicación estratégica de periodistas considerados “incómodos”.

Esta dinámica puede pasar inadvertida para el observador desprevenido. Sin embargo, no es infrecuente que decisiones empresariales vinculadas a supuestas reestructuraciones coincidan temporalmente con investigaciones periodísticas incisivas o entrevistas que interpelan a figuras de poder. La casualidad, cuando se repite, deja de ser azar y se vuelve indicio.

Las democracias no son inmunes al impulso de controlar la narrativa. Esto ocurre mediante formas más sofisticadas, a menudo justificadas bajo el manto de la legalidad o amparadas en decisiones administrativas. Pero cuando las voces críticas desaparecen de las pantallas o de las páginas, y su ausencia se repite con preocupante frecuencia, se instala la sospecha de una manipulación de la información pública.

Más aún, este método de cercenar carreras de periodistas incisivos suele verse reforzado de por un sistema de premios y castigos a los medios, articulado mediante la distribución de la pauta publicitaria estatal. Uruguay es un país con un mercado publicitario pequeño, de alta concentración de medios y con pocos anunciantes privados realmente grandes. Esto hace que el Estado sea uno de los principales anunciantes del país.

Como consecuencia, incluso los medios opositores a veces atemperan editoriales. Por otro lado, para algunos medios o comunicadores puede resultar económicamente rentable alinearse con el gobierno, lo que incluso puede abrir puertas hacia carreras políticas. En los últimos años, varios periodistas o comunicadores se han involucrado políticamente en el Frente Amplio.

Todo esto, lamentablemente, introduce sesgos políticos que distorsionan la información que recibe la ciudadanía.

Resulta preocupante que estos manejos, que son vox populi, no generen una reacción más firme por parte de la población. Si bien aparecen denuncias en las redes sociales, no logran sacar al público de su apatía.
Orwell, en su novela 1984, advertía que la opresión no comienza con la prohibición explícita, sino con la resignación colectiva.
En una democracia madura, la libertad de prensa no se garantiza solo con leyes, sino con la valentía cotidiana de quienes eligen decir lo que el poder preferiría no escuchar. Porque cuando las preguntas se callan, el poder responde solo para sí mismo. Y, como ciudadanos, no podemos darnos ese lujo.

Por eso, resulta imperativo no mirar hacia otro lado cuando un periodista pierde su espacio de difusión por preguntar lo necesario. No es solo su voz la que se acalla: es el derecho de todos a estar informados.
Correo de los Viernes.
Publicación Oficial de la Secretaría de Prensa del Foro Batllista.