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Continúa la pulseada entre la vieja y la nueva pesca
En la pesca, el poder no está en el gobierno: está en el muelle.
La pesca uruguaya vuelve a ser rehén de prácticas sindicales que creíamos desterradas. Esta vez, 14 tripulantes decidieron frenar la salida de dos barcos costeros, aun después de cobrar un feriado que por convenio podía abonarse en cinco días. ¿El argumento? Una vieja costumbre que dicta que, tras un pago, hay que esperar 24 horas para zarpar. Una norma no escrita, una “tradición” sindical que no figura en ningún convenio y que solo sirve para demostrar poder en los muelles.
Lo más grave no es solo la insubordinación de un puñado de marineros —que serán sancionados—, sino la evidencia de una dirigencia sindical que sigue imponiendo su ley por encima de la legalidad y del derecho al trabajo. Los trabajadores firmaron un acta con una posdata que debería alarmar a cualquiera: “Nosotros queremos trabajar”. Esa frase desnuda la perversión del sistema: la cúpula sindical decide, los trabajadores obedecen y pagan el costo.
¿Y el Ministerio de Trabajo? Bien, gracias. El ministro Juan Castillo, más preocupado por mantener la paz con sus viejos camaradas que por hacer cumplir la ley, brilla por su ausencia. No hay mediación firme, no hay señales de autoridad. En su lugar, hay silencio. Y en ese silencio, el sindicalismo radical avanza.
Si esta es la “nueva pesca” que prometieron —orden, legalidad y libertad de contratación—, entonces alguien olvidó explicárselo al ministro. Porque hoy se está jugando quién es el verdadero patrón del mar: los empresarios que invierten y los capitanes de los barcos o es un sindicato que se cree dueño de los muelles y que opera con total impunidad ante un gobierno que, una vez más, elige no gobernar. |
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