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Vecinos de Montevideo, como usted y como yo
Por Susana Toricez
Entre la indiferencia oficial y la resignación ciudadana, la calle se volvió un lugar sin reglas.
Siempre me pregunté cuál era la razón por la que un montevideano común, el que paga sus impuestos, está obligado, entre otras cosas, a bajar a la calle corriendo riesgos porque las veredas están ocupadas por personas en situación de calle, durmiendo plácidamente.
Me lo cuestioné muchas veces, sin respuesta.
Y desistí.
Hasta que empecé a observar que estamos rodeados de personas perdidas en sus adicciones, con todo tipo de carencias, absolutamente ausentes y sin perspectivas de recuperación.
Y también desistí.
Hace ya un tiempo que, lamentablemente, me convencí de que si el Estado no interviene con mayor dedicación, estas personas no tienen salida.
Es evidente que el gran omiso es el Estado, que no ha hecho nada contundente por estas personas y que los programas que se crearon quedaron por el camino, sin prosperar.
Ante esto, también desistí de intentar algo que modificara esa realidad.
Porque para legislar sobre el tema están nuestros representantes, los que, claro está, no nos representan como sería de esperar.
Y hoy la mayoría de los montevideanos padecemos ese paisaje urbano del que formamos parte involuntariamente.
Es verdad que existen lugares destinados a que las personas indigentes duerman, coman y se bañen.
Pero, por diferentes razones, no concurren. Y así es como quedan a la deriva.
Pasa lo mismo con las adicciones y con la salud mental, con la diferencia de que tampoco se han creado lugares físicos adecuados para atender estas problemáticas.
Es muy triste, pero es real.
Y es aquí donde comprobamos la omisión estatal que hace que los montevideanos —los que mantenemos la comuna— nos veamos obligados a tener como vecinos a personas indigentes y adictas, sin que a nadie le interese respetar nuestros derechos humanos, tan vulnerados.
Y así como existen ciudades dormitorio, en Montevideo ahora existen calles dormitorio.
“Alojamientos” pagados por usted y por mí, sin derecho a reclamo alguno.
Las personas en situación de calle, claramente, han ganado la pulseada.
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