Mercosur en la encrucijada: Milei, Lula, Orsi y los retos de la integración frente a EE.UU. y la UE
Viernes 7 de marzo de 2025. Lectura: 5'
Por Alvaro Valverde Urrutia
El gobierno de Javier Milei ha puesto en duda el futuro del Mercosur, buscando un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, mientras que la administración Trump descarta nuevos acuerdos de este tipo. Esta postura, junto con la amenaza de salida del bloque, podría complicar la ratificación del acuerdo Mercosur-UE, pendiente en el Parlamento Europeo. Uruguay, bajo la presidencia de Yamandú Orsi, aboga por flexibilizar el Mercosur sin romperlo, proponiendo acuerdos bilaterales. Esta situación plantea interrogantes sobre el futuro del bloque, la relación con actores clave como la UE, EE.UU. y China, y el equilibrio entre integración y autonomía regional
Desde que Milei asumió la presidencia de Argentina, uno de sus compromisos ha sido negociar un TLC con EE.UU. Durante su discurso inaugural en el Congreso, reiteró que Argentina tiene una "oportunidad histórica" para firmar un acuerdo comercial con la administración Trump. Esta visión coincide con su modelo económico liberal, que busca reducir el aislamiento comercial de Argentina. Sin embargo, la respuesta de Estados Unidos ha sido clara: no están interesados en nuevos TLCs, y la administración Trump prefiere acuerdos que fomenten inversiones sin compromisos comerciales de mayor envergadura integracionista
La postura de EE.UU. plantea un obstáculo para las aspiraciones de Milei, ya que el gobierno esperaba una relación comercial más directa. A pesar de la afinidad política con Trump, las prioridades de Estados Unidos no coinciden con las de Argentina. La diplomacia comercial de Milei enfrenta límites frente a la postura estadounidense.
El enfoque de Milei hacia un TLC con EE.UU. y su postura sobre flexibilizar o incluso salir del Mercosur podrían afectar la ratificación del acuerdo Mercosur-UE. Este acuerdo, firmado en pasado diciembre, representa una oportunidad importante para los países del Mercosur para acceder al mercado europeo. La ratificación del acuerdo en el Parlamento Europeo no es automática ni sencilla. Para que el acuerdo sea ratificado, se necesita una mayoría cualificada, lo que implica que al menos 20 de los 27 países miembros de la UE deben aprobarlo.
Las tensiones internas dentro del Mercosur, particularmente las declaraciones de Milei sobre la posible salida o flexibilización extrema, podrían generar incertidumbre y retrasar la ratificación, si no poner en riesgo el acuerdo.
La amenaza de una salida del Mercosur ha sido una declaración recurrente en el discurso de Milei, pero hasta ahora sigue siendo una amenaza y no una acción concreta. Aunque algunos sectores dentro del gobierno argentino defienden esta opción, parece difícil que se lleve a cabo de manera inmediata, dada la interdependencia económica y las implicaciones políticas que conllevaría una ruptura del bloque.
Milei ha argumentado que el Mercosur favorece a los grandes industriales brasileños en detrimento de la competitividad argentina, pero la realidad es que una salida podría resultar en un aislamiento que pondría en riesgo la estabilidad económica de la región.
En cuanto a Uruguay, el presidente Orsi ha expresado su intención de flexibilizar el Mercosur, permitiendo que los países miembros negocien acuerdos comerciales de forma autónoma. Aunque comparte algunas preocupaciones sobre las restricciones del bloque, Orsi no busca una ruptura radical. En su discurso de asunción el 1 de marzo de 2025, Orsi destacó su postura sobre el Mercosur, señalando: “Es necesario que Mercosur se transforme para seguir siendo relevante en el escenario global, permitiendo a sus miembros explorar acuerdos bilaterales que favorezcan el desarrollo económico y comercial sin sacrificar la unidad regional”.
Esta visión refleja una intención de flexibilización del bloque, pero no una propuesta formalizada. Orsi parece optar por un camino intermedio, en el que los países miembros puedan negociar acuerdos de forma más autónoma, sin romper la cohesión del Mercosur. Esta postura está más alineada con el progresismo de Lula, con quien mantiene una estrecha relación política e ideológica, que con la visión liberal de Milei, que busca una salida más radical.
La postura de Argentina sobre la posible salida del Mercosur y su acercamiento a EE.UU. también tiene repercusiones globales. Si bien EE.UU. no está interesado en nuevos TLC’s, la relación más estrecha con el país podría facilitar inversiones, pero a costa de un aislamiento respecto a otros actores principales, especialmente en términos de acceso preferencial a mercados como el de la UE. Si Argentina se aleja del Mercosur, podría perder la ventaja de negociar acuerdos comerciales en bloque.
Respecto a China, una Argentina más independiente podría facilitar negociaciones bilaterales, pero también podría comprometer el interés de China en el Mercosur. Aunque China ha sido un actor importante en el bloque, su apoyo podría verse afectado si Argentina debilita su participación.
Las tensiones dentro del Mercosur, generadas por la amenaza de salida de Argentina, podrían influir en la percepción de la UE respecto al acuerdo Mercosur-UE. Si se percibe que Argentina no está comprometida a largo plazo con el bloque, la UE podría priorizar acuerdos bilaterales con países individuales como Brasil y Uruguay.
En resumen, el futuro del Mercosur parece estar en una encrucijada. La posibilidad de que Argentina abandone el bloque es tanto una amenaza como una estrategia política. Aunque la ruptura puede parecer atractiva desde una perspectiva liberal, las realidades económicas y políticas hacen que una separación efectiva sea difícil.
Lo que parece necesario es una transformación del Mercosur, para convertirlo en un bloque más flexible y adaptable, permitiendo que sus miembros negocien acuerdos comerciales de manera individual sin perder los beneficios de la integración regional.
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