La producción avícola reivindica su vocación exportadora
Viernes 3 de octubre de 2025. Lectura: 5'
Por Tomás Laguna
Luchando contra algunos prejuicios y falta de protagonismo en la agenda política, el pasado martes 30 de setiembre, la Cámara Uruguaya de Procesadores Avícolas (CUPRA) puso en escena su 3er Foro Internacional “Pollos de Uruguay al mundo”, en esta edición bajo la consigna “Condiciones para consolidar al Uruguay país avícola”.
Es de reconocer el empecinado esfuerzo de la gremial que nuclea a la industria de la carne aviar por ubicar a este relevante rubro productivo en la agenda pública, tras un objetivo no siempre comprendido: proyectar la producción nacional hacia los mercados internacionales, más allá de su consolidada presencia en el mercado interno.
La producción avícola en Uruguay tiene particularidades que es necesario conocer. En primer lugar, es un sector altamente condicionado por sus costos de producción en la fase primaria (cría y engorde). En particular, los costos de alimentación inciden muy fuerte en su competitividad. El maíz, su principal insumo, aun cuando existe una fuerte expansión de su producción en la agricultura nacional, tiene un costo atado a la paridad de importación antes que a la exportación.
Una segunda característica muy propia es la altísima integración vertical, con una producción primaria atomizada en muchos pequeños façoneros que trabajan para unas ocho plantas industriales. Desde siempre ha contado con distintas medidas de protección en su abastecimiento al mercado interno, justificadas por el desbalance abismal con Brasil, el principal exportador mundial y segundo productor por volumen junto con China. En una semana, Brasil produce lo que nuestro país en un año, lo que implica que cualquier excedente exportador puede terminar con nuestra producción. Como bien lo consignó el Ing. Agr. Federico Stanham, director ejecutivo de CUPRA, refiriéndose a la protección del mercado en su exposición durante el foro: “…no hay que tener miedo en decirlo, es necesaria”.
Destacaba Stanham que la región Mercosur más Chile es la que más ha crecido en producción de carne de aves en el mundo: 25% desde 2018, 4% acumulativo anual. No obstante, Uruguay está fuera de ese “top team” mundial, por lo que sigue siendo el mercado interno la razón de ser de nuestra producción. Los datos de consumo interno dan justificada razón. Según INAC, tomando como base el año 2016, el consumo total de carne por habitante se incrementó 7%. Los uruguayos estamos muy próximos a los 100 kg de carne por habitante y por año. Pero ocurre que, en ese período, el consumo de carne vacuna se redujo 9%, en tanto que la carne de ave creció 31%. Visto de otra manera, el 49% del consumo anual de carne es vacuno (48,3 kgs/habitante), mientras que próximo al 26% es carne de ave (25,5 kgs/hab.). La tendencia es a que siga creciendo.
Un punto alto en el foro fue la disertación de Osler Desouzat, consultor brasileño de reconocimiento internacional por su especialización en mercados de la carne a nivel global, siendo referente necesario para entender las dinámicas y tendencias del sector. En su exposición explicó el crecimiento en el consumo mundial de proteínas; en particular, el mayor crecimiento relativo se explica por las proteínas de origen animal, donde lidera la carne de pollo. Hay un mayor consumo por crecimiento de la población mundial, pero hay una mayor tendencia a las proteínas de origen animal conforme aumentan los niveles de ingreso de esa población.
Al justificar el liderazgo en el consumo de carne de pollo por encima de otras de origen animal, fue contundente al afirmar que la razón no es el precio, sino la versatilidad del rubro al utilizar menos recursos naturales que la ganadería vacuna. En consecuencia, más países están en condiciones de producirla; por lo tanto, mayor disponibilidad del producto para su consumo por mayor accesibilidad. Aseveración que, desde nuestro punto de vista, no deja de ser una condicionante que finalmente determina precio en los mercados externos.
Volviendo a nuestra realidad y a partir de datos de OPYPA/MGAP, en 7 años el consumo de carne de pollo aumentó 38%, que se desglosa en 36% de incremento de lo producido en el país y 138% de aumento en las importaciones desde Brasil. Apertura de fronteras mayoritariamente ocurrida durante el anterior gobierno de la República, cuando la importada llegó a significar un 5,7 % del consumo total (año 2022). En esos mismos años (2018–2024) el valor medio de importación fluctuó en torno a los U$S 2.475/tt; en el mismo período se realizaron exportaciones cotizadas en torno a los U$S 1.075/tt. Valor significativamente menor al de importación, pero también muy por debajo del promedio del mercado mundial (U$S 1.696). Pero cuidado, que promedios son promedios, solo dan una referencia para ubicarnos sin explicar diferencias. En alguna medida, el contraste entre los valores de exportación e importación se explica por la composición de los productos exportados. En particular, en 2024, con una canasta de productos exportados de menor valor en la producción final de la cadena.
Con este escenario, el reciente foro avícola reitera el objetivo de los dos anteriores: Pollos de Uruguay al mundo. El foco estuvo en el esfuerzo de la industria por mejorar cualitativamente la capacidad instalada, también en la incorporación de procedimientos de calidad asesorados desde la misma INAC, al mismo tiempo resaltando la necesidad de apertura de mercados, lo que necesariamente debe ser condición para el aumento de producción. No vimos referencia a los elevados costos de producción en nuestro país, tal vez una de las condicionantes más importantes a la hora de salir al mundo.
El ambicioso objetivo no quedó colgado en una quimera voluntarista, sino que fue cuantificado: duplicar la producción a partir de las 80.000 tt producidas hoy, de modo de producir adicionalmente 50.000 tt para exportar, valor 100 millones de dólares, y otras 30.000 para crecimiento del mercado interno.
En este desafío resulta fundamental trascender en la agenda pública y, como tal, en la gobernanza de este rubro estratégico para el desarrollo de sus polos de referencia en el territorio. No deja de ser una señal la ausencia del Ministro de Ganadería en el foro, derivando en el subsecretario su representación.
También resulta necesario derribar ciertos preconceptos hacia el sector avícola, seguramente incubados en tiempos pretéritos, anteriores a la imposición de las cajas negras a partir de las cuales se controlan rigurosamente los procedimientos industriales.
Para seguir de cerca en la agenda para el desarrollo de los agro-negocios de exportación.
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