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Jorge Traverso, un estilo

Siempre, lo más difícil, es lograr una definición. En el arte, en la literatura, en el periodismo. Definición de un hecho, de un concepto o de una personalidad. Y hacia allí vamos al recordar aquí a Jorge Traverso, como un periodista que definió un estilo. A lo largo de su vida, y más allá de la evolución que se impone en alguien inteligente, fue siempre el mismo, inconfundible: en la radio, su voz cálida, su entonación amable; en la televisión, su construcción de un clima en la entrevista o la alocución clara en la información, siempre yendo más allá del simple hecho.
“Así está el mundo, amigos”, fue el infaltable colofón del informativo de Subrayado, en el Canal 10. Hizo época. Y se decía con naturalidad, con amabilidad, porque la crispación no era lo suyo. Y ahí está su valor, especialmente hoy en que tanto se cultiva la agresividad como un mérito. Por eso se exalta aun más a la distancia ese otro modo de hacer periodismo sin enojo, con la inteligencia de llegar hasta donde tiene que llegar la inquisición, con rigor, aunque lejos de la virulencia demagógica.
Convivió con algunos periodistas de brillo en aquellos ya lejanos años setenta y ochenta. No se confundía con ninguno. Como Neber Araujo, por ejemplo, otro grande. Eran voces y modos de decir que no precisaban presentación. No podían ser otro. Y siempre el sello de calidad, de seriedad.
Jorge era de amplio espectro. En los temas literarios, de cinematografía, se movía con la misma comodidad que en los políticos. En éstos, miraba siempre hacia lo internacional, contextualizando lo nuestro, poniéndolo en una mirada que iba más allá de la anécdota. Su “así está el mundo” no era solo una frase sino una definición. Por eso también, su célebre “Hablemos” sigue siendo hoy una convocatoria. Precisamos de eso, de que simplemente hablemos… y que no sea solo del efímero chisme del corrillo.
En los últimos tiempos, lejos de las grandes audiencias de otros tiempos, el ciclo de Canal 5 dejaba también una marca de diferencia, junto a Lessa, hoy devenido en cronista historiador.
Entre las tantas tonterías de la vulgata actual se dice que el periodista no puede ser amigo del político, porque es su fiscal. Con alegría puedo decir que fuimos amigos. ¿Hizo ello que Jorge fuera complaciente? Todo lo contrario. Pero el rigor de la pregunta o el hablar sobre lo incómodo, se hacía en sus entrevistas en un tono de confesionario que no solo le daba autenticidad sino la posibilidad infinita de la temática.
Lo abrupto del final, nos deja una sensación muy amarga. Se siente que nos faltó algo. Una conversación más. Los tantos recuerdos, sin embargo, nos llenan de un sentimiento de afecto. Y de algo más: la idea de que un país que ha dado periodistas de ese fuste no es una gran democracia por casualidad.
J.M.S.
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