El ruido de la flotilla y el silencio sobre Gaza
Edición Nº 1055 - Viernes 3 de octubre de 2025. Lectura: 2'
Por Santiago Torres
La diplomacia uruguaya se activa por una flotilla sin consecuencias, pero omite pronunciarse sobre el plan de paz Trump que podría cambiar el futuro de Gaza, que cuenta con el apoyo de Europa (incluida España) y -nada menos- de la Autoridad Nacional Palestina.
La Cancillería uruguaya emitió un comunicado tras la detención de la flotilla Global Sumud por parte de Israel, donde expresó su “profunda preocupación por la retención de ciudadanos uruguayos en aguas internacionales” y exhortó a garantizar “su integridad física y un pronto retorno”. El texto oficial subrayó el “respeto al derecho internacional” y pidió una “solución pacífica” al incidente.
El episodio estuvo lejos de parecer una misión humanitaria seria. Las imágenes que los propios integrantes de la flotilla fueron compartiendo en redes sociales mostraban un clima distendido, festivo, casi propio de un viaje de egresados. Risas, bailes y un tono lúdico contrastaron con la narrativa de riesgo y sacrificio que intentaron vender. Hay algo profundamente obsceno en esa representación: una frivolidad que disfraza con pancartas una especie de crucero ideológico, más orientado al exhibicionismo infantil que a la ayuda concreta a los gazatíes.
Si el propósito hubiera sido genuino, la flotilla habría aceptado la alternativa ofrecida por Israel: desembarcar alimentos y medicinas en un puerto israelí o en un puerto neutral, para su posterior traslado a Gaza. Rechazar esa vía fue, en los hechos, un acto de propaganda antes que de compromiso humanitario.
La alarma de la Cancillería, además, parece carecer de sustento real: Israel ya confirmó que no hubo incidentes y que todos los activistas serían deportados a Europa en condiciones seguras. Nadie corre riesgo de vida, nadie está desaparecido, nadie está preso en condiciones inhumanas. Se trata, en rigor, de un operativo mediático que encontró eco en una respuesta diplomática automática.
Lo que resulta llamativo es lo que el Ministerio de Relaciones Exteriores no dijo. Mientras condena la detención de una flotilla de activistas, mantiene silencio absoluto sobre el Plan Trump para Gaza, aprobado no solo por toda la Unión Europea —incluida España—, sino también por varios países islámicos y, de manera central, por la Autoridad Nacional Palestina y por Israel. Uruguay parece mirar hacia otro lado justo cuando un plan de paz, respaldado por actores claves de la región, abre una ventana de oportunidad inédita.
Ese contraste se vuelve más preocupante aún frente a hechos como el reciente atentado en una sinagoga en Manchester, que dejó muertos y heridos en una nueva muestra de antisemitismo violento en Europa. Mientras tanto, aquí, la agenda oficial se ocupa de flotillas festivas, no de los dilemas de fondo ni de los riesgos reales que acechan a judíos y palestinos por igual.
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