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Cuando integrar la ciudad no alcanza
Por Alicia Quagliata
Los aprendizajes acumulados durante estos años nos dejan una pregunta abierta: ¿las respuestas están evolucionando al mismo ritmo que los desafíos que enfrentan hoy nuestros barrios?
En las últimas semanas se entregaron viviendas, culminaron intervenciones y se concretaron realojos que reflejan años de trabajo acumulado. Al mismo tiempo, otros acontecimientos nos recordaron que los desafíos no se agotan con la infraestructura.
Quienes hemos recorrido asentamientos, acompañado procesos de integración y trabajado junto a familias sabemos que integrar un barrio no consiste únicamente en construir viviendas, abrir calles o llevar saneamiento.
Durante años trabajamos para hacer ciudad. Para cerrar brechas, conectar barrios, acercar servicios y lograr que determinados sectores dejaran de ser marginados.
Estos procesos no se construyen de un día para otro. Entre los primeros relevamientos, la elaboración de los proyectos, la obtención del financiamiento, la ejecución de las obras y su finalización suelen transcurrir muchos años. Son transformaciones que requieren continuidad, recursos y acuerdos capaces de trascender períodos de gobierno.
La mejora de las condiciones materiales transforma vidas y sigue siendo imprescindible. Lo que el tiempo nos mostró, desde los distintos lugares en los que nos ha tocado trabajar, es que los desafíos no terminan cuando las obras se finalizan.
Sería injusto desconocer los avances alcanzados. Barrios enteros mejoraron y se integraron a la ciudad. Los cambios se tradujeron en miles de familias que accedieron a infraestructura, servicios y condiciones de vida indispensables para su desarrollo y bienestar.
La ciudad fue cerrando algunas de sus fracturas más visibles. La violencia, las adicciones, la desvinculación educativa, la fragmentación de los vínculos comunitarios y el deterioro de la convivencia nos recuerdan que la llegada de la infraestructura y los servicios no implica que todos los problemas queden atrás.
Las distintas etapas de esta política pública reflejan, en buena medida, esa evolución. Los avances alcanzados también fueron dejando aprendizajes. El Programa de Mejoramiento de Barrios (1999), Avanzar (2022) y Más Barrio (2025) ampliaron progresivamente la mirada porque la realidad fue planteando desafíos que excedían el alcance de las respuestas anteriores. Con el tiempo comprendimos que la infraestructura y el hábitat eran indispensables. La convivencia, la seguridad, la presencia institucional, la articulación entre organismos públicos y las estrategias orientadas a abordar fenómenos cada vez más complejos comenzaron a ocupar un lugar cada vez más relevante.
Las intervenciones focalizadas que plantea Más Barrio son necesarias. La realidad nos deja una pregunta difícil: ¿cómo evitamos que algunos de los problemas que intentamos resolver en determinados barrios se desplacen hacia otros donde todavía no existe una intervención prevista?
Los hechos ocurridos recientemente en el Borro son un recordatorio incómodo. Décadas de inversión pública, mejoras urbanas y presencia institucional no han sido suficientes para erradicar fenómenos vinculados a la violencia, el narcotráfico y la exclusión social.
Cada etapa amplió nuestra comprensión del desafío. Con el tiempo entendimos que hacer ciudad era imprescindible. También comprendimos que las obras, por sí solas, no resolvían todas las formas de exclusión que persisten en muchos barrios.
Contamos con un mejor diagnóstico y con más herramientas para abordar fenómenos que hace apenas unos años tenían una presencia mucho menor tanto en el debate público como en la vida cotidiana de miles de familias, para las cuales estas realidades siguen formando parte del día a día.
Hoy estas políticas públicas trascienden gobiernos. La continuidad de los esfuerzos realizados demuestra que existe conciencia sobre la importancia del problema. Lo que corresponde discutir es si la ambición de las respuestas que estamos construyendo acompaña los aprendizajes acumulados durante estos años.
Comprender mejor el problema y su creciente complejidad no admite metas prudentes. Al contrario. Exige respuestas más ambiciosas.
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