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Confundir el comité con la ciudadanía

Las críticas de Juan Castillo, Constanza Moreira y otros dirigentes del Frente Amplio al despliegue militar para reforzar la seguridad revelan una lectura política que seguramente no coincide con la percepción de la mayoría de los uruguayos ni, siquiera, con la de todo el electorado frenteamplista.
Las reacciones dentro del oficialismo a la decisión de desplegar efectivos militares para reforzar tareas de vigilancia perimetral en centros penitenciarios dejaron al descubierto diferencias que, hasta ahora, permanecían relativamente contenidas.
El ministro de Trabajo, Juan Castillo, afirmó que “para el conjunto de la sociedad, la imagen de que las calles estén patrulladas por camiones o camionetas del Ejército no es una buena cosa”. La afirmación llama la atención. ¿De dónde surge semejante conclusión? Todas las encuestas de opinión pública coinciden desde hace años en señalar que la inseguridad figura entre las principales preocupaciones de los uruguayos. A la luz de esa realidad, cabría suponer exactamente lo contrario: que una parte importante de la ciudadanía valore positivamente toda iniciativa que contribuya a reforzar la seguridad. Si no fuera así, difícilmente el propio gobierno habría impulsado una medida de estas características.
La senadora Constanza Moreira, por su parte, sostuvo que “sin duda se subestimó la valoración negativa que una medida como esta iba a tener, sobre todo en el electorado frenteamplista”. Su observación tiene el mérito de la sinceridad, aunque también admite matices. Es probable que esa reacción exista en sectores de la militancia frenteamplista, particularmente en aquellos con mayores reparos ideológicos hacia las Fuerzas Armadas. Pero de allí a extender esa conclusión al conjunto del electorado frenteamplista hay un trecho considerable. La militancia y el electorado no son sinónimos, y tampoco la militancia constituye un bloque homogéneo: existen sensibilidades muy distintas entre los diversos sectores que integran la coalición de gobierno.
En definitiva, las declaraciones de ambos dirigentes parecen decir bastante más sobre las percepciones de determinados ámbitos políticos que sobre el sentir real de la ciudadanía.
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