Adiós a “El Cholo”



A los 90 años, falleció el lunes pasado el Contralmirante (R) Julio César Franzini, “el Cholo” para sus amigos, marino de ley, ciudadano batllista ejemplar, deportista triunfador y un ser humano pleno de cordialidad y optimismo. Fue una larga vida, llena de labores y éxitos, de amarguras también, pero llevada invariablemente con dignidad ejemplar.

Hijo de Don Luis Franzini, legendario administrador de “El Día” y “alma mater” del Club Defensor, ingresó a la marina en 1944, se graduó en 1949 de Guardamarina y se fue luego a los EE.UU. a estudiar ingeniería nada menos que en el legendario M.I.T., de Cambridge (Massachusetts). Volvió con su título, lo revalidó como ingeniero industrial y, a partir de entonces, sirvió en la Armada en los mas diversos destinos, militares, administrativos y técnicos.

Los dramáticos episodios de febrero de 1973, cuando la Armada, al mando del Vicealmirante Zorrilla, se enfrentó al Ejército en defensa de las instituciones, le encontraron al mando de la flota. Salió de puerto en el “Campbell” con orden de prepararse para atacar a otra embarcación que había sido tomada por un grupo golpista y allí esperó, manteniendo la unidad de la tripulación en la arriesgada posición asumida. Levantadas las barricadas de la Ciudad Vieja, quedó sin destino y tiempo después, en 1977, se le aplicó el ominoso “inciso g” que implicó su destitución. Restaurada la vida democrática, no solo se le otorgó por ley el grado de Contralmirante sino que nuestro gobierno lo designó Embajador en Egipto, cargo que cumplió ejemplarmente. Recordamos particularmente la visita oficial que hicimos a la misión militar uruguaya en el Sinaí, que hubo de terminar abruptamente por una clásica tormenta de arena del desierto.

Con anterioridad, cuando ocupamos el Ministerio de Industria y Comercio trabajamos con gran esperanza en el desarrollo pesquero del país. Franzini era entonces presidente del SOYP, impulsó el Primer Terminal Pesquero y la declaración de ejercicio de nuestra soberanía en las 200 millas marítimas. Proyectó una ley de pesca y diseñó un plan de desarrollo de una industria por entonces casi inexistente. Desde la empresa estatal inauguró la pesca del atún, que fue por entonces una novedad para la industria y la gastronomía del país, que desconocía sus posibilidades.

En el plano deportivo fue presidente de Defensor desde 1967. Llevó a cabo importantes transformaciones en el estadio propio y culminó su actuación cuando en 1976 quebró la hegemonía de los “cuadros grandes” con una victoria resonante en el Campeonato Uruguayo. Fue en esos años un conductor visionario. Con el profesor De León le dio a Defensor un estilo de juego muy particular, irritantemente defensivo, que tuvo que sostener contra viento y marea cuando no parecía dar resultados. Su persistencia, sin embargo, y la habilidad para contratar a algunos jugadores relevantes (como Luis Cubilla, nada menos) le llevaron a esa memorable conquista. Presidió también la Asociación Uruguay de Fútbol entre 1987 y 1988.

Vivió con plenitud. Llevó adelante todos sus empeños con entusiasmo e inteligencia. Acompañó con brío y convicción al Partido Colorado, destacándose en la campañas de la restauración democrática. Lúcido hasta el final de sus días, poco antes de fallecer, pudo gritar —desde su casa— los goles de Defensor y la victoria en el campeonato “Apertura”. Cosechó amigos en todos los ambientes, donde su llaneza y cordialidad, acompañaban una gran capacidad, ejercida sin alardes. Será recordado, bien recordado por todo lo que fue y lo mucho que pudo hacer.

J. M. S.