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Antonio Marchesano

A los 88 años, falleció la semana pasada en Montevideo, el Dr. Antonio Marchesano, figura cívica de particular relevancia en el Partido Colorado y muy especialmente en la etapa histórica de la reconquista institucional.

Batllista desde siempre, comenzó su vida política en la elección de 1962 como miembro de la Junta Electoral de Montevideo. Abogado de sólida formación, se destacó entonces en la legislación de la materia, vinculándose al trabajo político de la Lista 15, continuadora del gran liderazgo de Don Luis Batlle Berres.

Nos conocimos en aquellos años y trabajamos codo a codo en las elecciones de 1967 y 1971, en las que ambos resultamos electos diputados. Fue Antonio un legislador respetado, conciliador pero firme en sus convicciones. Hombre de diálogo, a la vez que de partido. Político en la mejor tradición batllista, fue —por encima de todo— un servidor del Estado. Fueron años difíciles, en que la violencia puso en difíciles trances a la vida democrática. En ellos definió su personalidad.

Por eso, cuando caímos en la dictadura, nunca dejó de ser un referente fundamental en lo que era nuestra precaria organización clandestina, tejida más que nada por lealtades amistosas.

En el penoso pero esperanzado proceso de reconquista institucional, que comienza en 1980, Antonio emergió como una de las figuras mayores del Partido Colorado. Integró la lista ABX, mayoritaria en la interna colorada montevideana y encabezó luego la Lista 15 en la elección nacional de 1984. Al instalarse el nuevo Parlamento es designado como primer Presidente de la Cámara de Diputados luego de la dictadura. Su votación fue unánime y ratificó su figura de puente entre las corrientes democráticas. Así es que, cuando renuncia al Ministerio del Interior el Dr. Carlos Manini Ríos, en abril de1986, nos compaña en el gobierno en ese cargo de particularísima relevancia. Por un lado, teníamos una Policía que salía de una larga década de dictadura; por otro lado, un mundo político efervescente, que estrenaba libertades con las impaciencias inevitables luego de tanto tiempo oscuro. En esa labor de recomposición de instituciones y, sobre todo, de prácticas de comportamiento, fue Marchesano fundamental. El gobierno tuvo en él al hábil tejedor de compromisos de Estado, quien hacía el balance en medio de los conflictos, el emisario confiable que asumía las tareas delicadas (que por entonces eran todas).

Terminado ese primer gobierno de la democracia, se dedicó a la profesión, con éxito y respeto, acompañado por sus hijos Marcelo y Claudio. Estuvo activo hasta hace pocos años en que su salud declinó y le alejó de las responsabilidades.

Padre de una hermosa familia, hoy largamente extendida en nietos, a todos ellos, y muy especialmente a su esposa, Marita, les hacemos llegar nuestro pesar y el testimonio de nuestro imperecedero reconocimiento.

J. M. S.
Correo de los Viernes.
Publicación Oficial de la Secretaría de Prensa del Foro Batllista.