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Madur - ando...

Por Consuelo Pérez

Es sabido que una mentira repetida cien veces se transforma en verdad, pero cuando este sistema de convicción y engaño a las masas es utilizado intencionalmente por los gobiernos como forma de justificar y potenciar sus acciones, la actitud temeraria es, al menos, ofensiva e indigna.

Hemos visto a lo largo de la historia que esta metodología del engaño se ha aplicado sistemáticamente en los regímenes autoritarios, y ha llegado a grados enfermizos, provocando en la sociedad y quienes la conforman un grado de alienación impensado a priori por los propios engañados. En el siglo pasado, muchos se dieron cuenta de ello al ver a Europa, su suelo, devastado.

Pero los populismos que aún hoy gobiernan en nuestra América, en su afán de permanecer indefinidamente en el poder –hasta que la corrupción sistemáticamente aplicada vacíe las arcas del pueblo– recurren a mecanismos idénticos para justificar lo injustificable, y hasta culpan al ciudadano de las calamidades que su insensato y autoritario régimen provocan: Maduro justifica la inexistencia de papel higiénico en el supuesto de que los venezolanos “comen demasiado”, y las consecuencias de esa supuesta conducta se transforman en obvias, para una mente enferma como la del dictador.

Pero lo peor es que una sociedad que viviendo en plena democracia sin dudas hubiese automáticamente descartado esos dichos y hubiese exigido responsabilidad a sus gobernantes, va mutando gradualmente –es lo que busca el autoritario o incapaz– y hasta llega a justificar la ignominia.

Es largo y constante el trabajo para convencer a la gente de que se está mejor, aunque no se tenga papel higiénico, y aunque haga más de veinticinco años que, por ejemplo, se camine sobre la basura, y seamos de las ciudades más sucias. Porque Montevideo es sin dudas la ciudad más sucia del país, y ese triste privilegio puede extenderse al compararla con las ciudades de la región.

Justificar el hecho en la cantidad de personas que la habitan, o en lo que esas personas consumen para no realizar una simple tarea de recolección, es tan trivial como absurdo. Solamente alguien que sea incompetente para evaluar los supuestos cambios en la realidad y actuar en consecuencia puede suponerlo, y además usarlo de argumento ante su inacción y reiterado fracaso.

Es así que nuestro Intendente Daniel Martínez, parece hacer alarde de esas condiciones, pues además de no haber cumplido con nada de lo que prometió con relación a la vieja problemática de mantener la ciudad habitable, –al igual que todos sus predecesores, Vázquez incluido– atribuye el aumento de basura desparramada en las calles a que "la capacidad de consumo de los uruguayos está creciendo en todos los barrios, nadie puede dudarlo", en claro alineamiento con las doctrinas de Maduro, por ejemplo.

Con esa lógica perversa, deberíamos entonces estar cada vez más contentos y satisfechos en la medida que la basura inunde nuestra ciudad.

Dicho de otra manera: ¡¡cuanto más basura desparramada, más acertadas son las políticas aplicadas por el gobierno –pues lo ciudadanos consumen más– y la Comuna no cometerá el atropello de limpiar las pruebas del éxito!!

Nos queda la esperanza de que, ante los incumplimientos sistemáticos de la Intendencia de Montevideo con sus cometidos, ante la implacable y desproporcionada recaudación de impuestos, y ante el maltrato a nuestra forma de vida y a nuestra inteligencia por las afirmaciones como las que recientemente osó proferir Martínez, sean más los ciudadanos sensatos que aquellos a los que el intendente, con su discurso, les atribuye discapacidad de discernimiento, y llegado el momento, remuevan a quienes los han engañado.

Intendente Martínez, no nos subestime, no todos somos “nabos”...
Correo de los Viernes.
Publicación Oficial de la Secretaría de Prensa del Foro Batllista.