miguel10.7.2018 / 20:57
Alcanzaria con decir: "los directivos y sus conyugues". Eso no especifica el sexo del directivo ni el del conyugue (pudiera darse el caso de un directivo hombre con conyugue masculino). Y yo en vez de conyugue usaria la palabra pareja (para el caso de que no estén casados). Además directivas tiene otro sentido (órdenes).
 
tucoxxi7.7.2018 / 20:54
La verdad, más allá de los títulos de la "señere" que escribe, este artículo me parece uno de los más tontos que he laido últimamente. Si bien el cambio lingüístico puede llevar a cambios de mentalidad y de como percibimos la realidad (si no pregúntenle a Mujica por el uso de la palabra "desprolijo" para tratar de disminuír la contundencia del vocablo "corrupto" en referencia a si mismo y sus amigos), hay cosas que viene del uso y costumbre impuestos últimamente por los menos alfabetizados (por decirlo suavemente), y por algunos altamente alfabetizados con motivaciones feministas o políticas, que aunque lo niegue, creo están en la mente de este académique (para hacerlo "honor" a su prédica)! En fin, una tontería más de los "académicos comprometidos"...
 
spinaker6.7.2018 / 8:34
Dice la autora "no es resultado de un proyecto militante que busca cambiar el lenguaje para que el lenguaje cambie el mundo..." Discrepo en absoluto. El esfuerzo de modificación del "aura semántica" de las palabras ha sido una parte del esfuerzo gramsciano para modificar el lenguaje. Piensen por ejemplo en la demonización de las palabras: burqués, homfóbico, anticomunista, así también la santificación de otras. Pensar que este esfuerzo no intenta el cambio social a través del vocabulario "políticamente correcto" es no entender que la lucha por las ideas se hace (también) al nivel de la semiótica. De eso viven los publicistas, los editores y algunos políticos
Página 1 de 1