Ya no hay espacio... ni plata

El gobierno quiere aumentar el presupuesto en forma controlada en la próxima Rendición de Cuentas, acudiendo otra vez a la metáfora perversa del “espacio fiscal”. El Pit Cnt y algunos sectores oficialistas proponen más gasto y más impuestos, pero ya no es posible seguir castigando los bolsillos de la gente.

En vez de cortar por lo sano y afirmar definitivamente que no se agrandará el gasto público en la Rendición de Cuentas, el gobierno prefiere utilizar el eufemismo de que habrá un “crecimiento controlado” del mismo, que sería de U$S 160 millones màs.

La eterna puja por repartir los cada vez más escasos recursos del Estado renueva otra vez su cansada liturgia y, como siempre, hay sectores del oficialismo que, sin ruborizarse, proponen más impuestos, esta vez dirigidos contra las empresas, pidiendo que la tasa del IRAE, el impuesto a la renta de las empresas, suba del 25% al 30%. El ministro Astori sostuvo que eso no es conveniente, ya que castigar a las empresas significa ir en contra de las inversiones que son imprescindibles para generar empleo. Pero como muchas veces el Poder Ejecutivo tuvo que transar ante los reclamos de su bancada o de la central obrera, no es descartable que ese propósito quede otra vez por el camino.

La única chance que tiene el gobierno es la de trancar fuerte para impedir cualquier aumento del gasto, como hicieron los gobiernos colorados anteriormente con sus Rendiciones de Cuentas con “gasto cero”, congelando las partidas presupuestales que, por otra parte, ya son suficientemente abultadas.

La situación del país es muy difícil, con un déficit que sigue subiendo y que se ubicó en los doce meses cerrados en abril, en 3,7% del producto, pese a los sucesivos ajustes fiscales y a los reiterados aumentos de impuestos que hubo desde 2016. A ese desnivel crónico se suma la negativa perspectiva con la cosecha de soja, que puede significar que el país tenga una caída en la facturación de este año que se ubicaría entre los U$S 600 millones y los U$S 900 millones.

Es evidente que el gobierno no puede cumplir sus promesas electorales, ni la de llevar el gasto en educación al 6% del producto ni muchas otras que están en danza, desde el sistema de cuidados, a la ley de igualdad de género o la designación de nuevos fiscales. Pero más grave que esa carencia indudable, sería que el Poder Ejecutivo siga subiendo las partidas presupuestales, lo que tiene, más temprano que tarde, la contrapartida de los incrementos de impuestos y tarifas o —en su defecto— un mayor endeudamiento, lo cual agravaría aún más los problemas de competitividad y trasladaría el inevitable “parate” fiscal para futuros gobiernos (y futuras generaciones).

La presidente de Ancap Marta Jara ya abrió el paraguas y ante una suba en el precio del petróleo crudo, anunció que habrá ajustes al alza en los precios de las naftas, lo que se suma a la necesidad de seguir financiando el enorme agujero negro de Ancap. Quiere decir que los escenarios que se avecinan son muy negativos en todo sentido y no se trata sólo de cuestiones generales que afecten al Estado, sino de cargas concretas que repercutirán en la suerte de las personas, que serán castigadas con menos ingresos y con precios más altos.

Algunos sectores y dirigentes irresponsables siguen proponiendo aumentos de impuestos, estirando al máximo ese mundo imaginario en el que “los ricos tienen plata”. Hace más de trece años que el Frente Amplio viene experimentando en ese sentido y el único resultado posible ha sido —y seguirá siendo— castigar a los sectores medios, a los trabajadores y a los pasivos. La pérdida de puestos de trabajo registrada en estos años, además, repercute en una menor recaudación del BPS, agravando el problema fiscal. Como se advierte fácilmente, cada problema se encadena, en relación causa-efecto, con otro.

Además, el Frente Amplio debería haber aprendido ya que con un déficit fiscal y una deuda pública como los que tiene el país, las posibilidades de mejorar en serio la vida cotidiana de los uruguayos se complica definitivamente. El crecimiento del gasto público sin el respaldo de la expansión de la economía real, es la peor de las utopías, porque termina postergando —quizás para siempre— la recuperación del salario y del empleo.

Ante la evidencia del fracaso, los gobernantes ni siquiera amagan a cambiar, sino que nos ofrecen más de lo mismo. Peor de lo mismo. Malos tiempos se avecinan para los uruguayos.



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