Un nuevo ejercicio de militancia frenteamplista, disfrazado de medida sindical, volvió a hacer peligrar actividades tan esenciales como las que desarrollan los comedores escolares. Por fortuna, el rápido accionar de las autoridades de la educación mitigó los efectos de la medida gremial, aunque no logró eliminarlos.
La semana pasada, la Coordinadora de Sindicatos de la Enseñanza del Uruguay (CSEU) definió un paro nacional de 24 horas, con movilización incluida, para el miércoles 18 de agosto. Desde la Federación Uruguaya de Magisterio - Trabajadores de Educación Primaria (FUM-TEP), principal impulsor del paro, se indicó a la prensa que la movilización sería en protesta contra la Rendición de Cuentas.
Sin tener muy claros los motivos del paro, la secretaria general de FUM-TEP, Elbia Pereira, dijo que este se debía a "un mensaje insuficiente del Codicen, pero mucho más insuficiente del Poder Ejecutivo que no contempla ninguno de los pedidos".
Sin proclama propia, los maestros agremiados decidieron unirse a la del resto de los trabajadores del Estado -también pararon el miércoles- que realizaron actos y caravanas "contra la rebaja salarial, los recortes en las políticas sociales y el desmantelamiento del estado". Nada extraño, los mismos fantasmas de siempre.
Como de costumbre, mientras los dirigentes sindicales, que gozan de innumerables beneficios, y los asalariados de mayor poder adquisitivo, que tienen garantizada la estabilidad laboral, disfrutaron de una jornada de ocio y militancia en contra del gobierno, los niños y los jóvenes se quedaron sin clase y muchos sin la comida del día.
Atento a este último aspecto, el Presidente del CODICEN, Robert Silva, solicitó formalmente a la FUM-TEP una guardia gremial, una medida que el sindicato tomaba regularmente cuando gobernaba el Frente Amplio, para que los niños que asisten a los comedores no se vieran afectados.
"Le peticionamos formalmente que se establezcan por parte de la FUM - TEP guardias gremiales para que ni un solo comedor permanezca cerrado el próximo 18 de agosto, en particular en aquellas escuelas que no abren sus puertas como ha acontecido en forma reiterada en paros anteriores", escribió Silva en su carta al sindicato.
En lugar de aceptar la razonable propuesta de las autoridades, que lo único que pedía era no dejar a los niños sin comida, decidieron culpar al gobierno.
"Nuestra Federación es muy cuidadosa para tomar este tipo de medidas extremas que por otra parte son muy pocas en el año", dice la descarada respuesta del sindicato. "Hasta la fecha nunca se ha considerado la aplicación de guardias gremiales en estas ocasiones. Siempre estamos abiertos a dialogar y considerar todas las propuestas en bien de la educación pública y las infancias", no obstante, argumentan, "no hay tiempo suficiente para discutir y adoptar" las guardias gremiales solicitadas.
Tras el justo reclamo de las autoridades, los sindicalistas culparon al gobierno. Una vez más, lo esperable.
Por fortuna, ante la negativa sindical, el Presidente del CODICEN autorizó una compra extraordinaria de alimentos. "El menú de emergencia es comida elaborada fuera de la escuela, para que ningún niño quede sin comer", indicó.
Ha quedado claro que los sindicatos no darán tregua al gobierno y seguirán operando políticamente en favor de la oposición política. No quieren dialogar, no quieren trabajar en conjunto con el gobierno, su único objetivo es que el Frente Amplio vuelva al poder para cogobernar el país como lo hicieron durante la última década y media.