Una respuesta absurda

Por Elena Grauert

Tener que ir a las comisarías a sacar plata es el colmo del absurdo y es el resultado de que el Estado no puede reprimir y controlar el ataque a los cajeros.

En todos los países del mundo que han sufrido este flagelo, han logrado solucionarlo mediante el entintado de los billetes o custodiando los cajeros con guardias, pero en Uruguay parece que la única solución es ponerlos dentro de una Comisaria, las cuales (como la otra vez fueron denunciadas) muchas veces están solas, no existiendo ningún funcionario frente a ellas.

¿Qué va a suceder, cuando ataquen una de esas Comisarias y hagan explotar al cajero?, como dijo Darwin Desbocatti en forma jocosa, demostrando el absurdo. Puede parecer cómico, pero en realidad es trágico y evidencia el nivel de ineficiencia, inoperancia que hay en la represión del delito. Sin duda es un claro mensaje de quienes tienen el mando y la autoridad de rendirse frente a la delincuencia de decir no podemos con estos señores, nos ganan.

La verdad que, en un país que quiere entrar a la OCDE y que impone obligaciones a todos en nombre de la inclusión financiera, que la gente no pueda sacar su dinero en forma pacífica, ni disponer del mismo con cierta libertad, es absolutamente ridículo.

Pero mucho peor es el retiro del Estado del cumplimiento de sus funciones. Hace unos días en la prensa salió la noticia de un niño hondureño, Mario Castellano, de doce años, que partió desde Honduras en una caravana junto a muchos otros para ir hacia Estado Unidos, como la meca de las oportunidades y seguridad. El niño cuenta que no estudia, que vende chicles en la calle y que lo querían meter en una padilla, “pero yo no quería”. El niño partió sin decirles a los padres, solo en busca de un sueño como tantos otros, evaluando que no puede existir mayor riesgo que el que vive en su país dada la violencia física y moral a la que están expuestos por la falta de Estado, donde manda la delincuencia las famosas “maras”.

En Uruguay por suerte no hemos llegado a esos niveles de desamparo, pero es evidente que el retroceso del Estado en la defensa de derechos básicos, como la propia vida y la propiedad, frente a pandillas fuertemente armadas, nos ponen en una alerta complicada, ya que los uruguayos estamos padeciendo una grave epidemia de homicidios, porque la vida humana cada vez vale menos y en vez de demostrar fortaleza, se buscan soluciones paliativas como cajeros en Comisarias o ambulancias con luces de otros colores, en vez de perseguir investigar y reprimir a quienes cada vez nos limitan más y ponen en riesgo nuestra vida y nuestra paz.

Por lo que, señores del Ministerio del Interior, cumplan con su deber y repriman al delito en vez de imaginar soluciones absurdas. Los mensajes a la delincuencia deben ser claros y eficaces. El tema acá es otro, no dónde se ponen los cajeros, sino cómo se hace para terminar con la explosión y asaltos a los mismos.



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