Un periodista, un luchador

La muerte de Claudio Paolillo, periodista protagónico de nuestra vida cívica y luchador incansable de la causa de la libertad de prensa, ha enlutado a la democracia uruguaya. Pocos de sus actores han tenido su relevancia, al ejercer —desde la prensa— un magisterio republicano sin concesiones.

Recordamos en su sepelio a Cicerón: “La verdad se hiere tanto como con la mentira, con el silencio”. Esa es una definición de este periodista insobornable. Nunca mintió y nunca calló. En un país —y un mundo— donde se ventila cualquier tontería trivial y se soslayan reales procesos de deterioro de las libertades, Claudio hacía una excepción.

Fue colorado y batllista, como su padre, Dorval, también gran periodista de “El Día”, desaparecido —por igual— en plena juventud. Nunca, sin embargo, actuó con espíritu de facción o parcialidad política. Perteneció —por el contrario— a una generación de periodistas que, liderada por Danilo Arbilla, difundió un renovador ejercicio profesional, servidor de códigos de imparcialidad y cultor de un sobrio estilo de calidad literaria. Tampoco cayó en esa hibridez del profesionalismo sin compromisos, porque su sentido del periodismo partió siempre de una concepción republicana, democrática, laica y profundamente liberal.

Falleció a los 57 años, luego de pelear contra un cáncer devastador durante un año y medio, con un talante optimista, que seguía mirando hacia mañana como si tuviera todo por delante. Fuimos juntos a Washington, en mayo de 2016, cuando a Héctor Magnetto, la Freedom House le otorgó el premio a la libertad de prensa por su entereza en mantener al diario “Clarín” frente a los ataques del kirchnerismo. Poco después supo de su enfermedad y no decayó un día en su actividad. Le acompañamos en una de sus clases de periodismo en Búsqueda y también, en julio del año pasado, cuando la prensa argentina le tributó un premio que reconocía su actuación en la Sociedad Interamericana de Prensa, donde brilló por su valentía y combatividad, defendiendo a los medios de los avances del populismo.

Sus inicios fueron en “El Día”, luego en varias radios y semanarios, pero su actuación relevante comienza en 1985, junto a Arbilla, en Búsqueda. En ese empeño, marcaron una época. Se diría que hasta un magisterio de información y opinión. De esos años nacen también, dos exitosos libros de raíz periodística, uno sobre la crisis de 2002 y otro sobre el banquero Juan Peirano Basso.

Como buen uruguayo le apasionaba el fútbol, en su caso desde la camiseta violeta de Defensor, que le encendía de entusiasmos.

Difícilmente el espacio de una nota puede resumir la actividad febril de Claudio. Tanto en el ejercicio periodístico como en la batalla latinoamericana por la libertad. Su obra, sin embargo, perdura. Quien estudie los últimos 30 de la historia uruguaya, tendrá en sus artículos una fuente invalorable. Quien sienta la causa de la libertad, encontrará un ejemplo luminoso para inspirarse.

J. M. S.



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