Un gran periodista

A los 69 años, en su plenitud intelectual, falleció Luciano Álvarez, uno de los más versátiles y profundos cultores del oficio de comunicar, difundir y esclarecer, a través del libro o los medios periodísticos. De sólida formación cultural, reunía al mismo tiempo el valor del académico y el del ameno cronista.

En la televisión produjo programas como “Inéditos”, una contribución esencial a la mirada sobre nuestro pasado, a partir del rescate de imágenes antiguas, que rastreó con paciencia. Sus comentarios que contextualizan cada escena, constituyen una visión riquísima de nuestra historia y una invalorable contribución a la cultura de preservación del patrimonio histórico nacional. En esa misma línea se inscribe “Montevideo imaginado”, otra magnífica visión del transcurrir capitalino.

En los últimos tiempos, su columna en “El País” sobre temas históricos constituía un remanso de calidad literaria entre el aluvión de vulgaridades que hoy nos invade desde las redes. Eran estampas de personajes o hechos históricos, mirados desde la clave de un lúcido observador contemporáneo. Algunas de esas crónicas las reunió como libro bajo el título de “Intrigantes, traidores y valientes”, enfocándose en figuras que aparecen como secundarias en los relatos habituales.

En el terreno de la historia deportiva, escribió, junto con Leonardo Haberkorn, una verdadera biblia peñarolense, a la que nos remitimos todos los fieles de esa creencia. Esa “Historia de Peñarol”, que presentara Carlos Maggi en un magnífico acto, ha sido reeditada y enriquecida, constituyendo un acervo que va más allá de la mera recopilación de datos deportivos. En ese ámbito, fue —además— activo dirigente del viejo club aurinegro, desempeñándose incluso como Secretario de su Asamblea Representativa.

Polémica fue su obra sobre el periodista Víctor Hugo Morales (“Relato oculto: la desmemoria de V. H. M”). En ella relató, con documentación fehaciente, el vínculo del periodista con el mundo militar de la dictadura, especialmente en el Batallón Florida, bien contradictorio con su prédica posterior, en que —afiliado al kirchnerismo— se pretendía erigir en campeón de las libertades y juez de sus colegas.

Su trabajo enriqueció al periodismo uruguayo. Profesor de Historia recibido en el Instituto de Profesores Artigas (IPA) y Doctor en Comunicación Social por la Universidad Católica de Lovaina, desde esa sólida formación ejerció también la docencia, contribuyendo a la profesionalización de un periodismo que tenía que luchar con el avance de los nuevos medios.

Honesto e independiente, deja un recuerdo de respeto entre quienes le siguieron en su trabajo, como de afecto entre los muchos que trabajaron con él. Sin duda, se le extrañará.

J. M. S.



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