Son los mismos

Por Consuelo Pérez

Las situaciones límite, que suponen el involucramiento de los integrantes de la sociedad en los aspectos que hacen a la convivencia, potencia las actitudes de los mismos: el que es bueno, será más bueno, y el que es malo, se tornará un peligro potencial.

Nos decía un profesor allá por los años setenta: "Si ustedes ven un viejo choto, seguramente fue en adulto choto, un adolescente choto, y antes, un niño choto", utilizando un calificativo común en esos tiempos, para definir a alguien que no había sido privilegiado con el don de la inteligencia.

En efecto, la esencia de las personas no cambia con el paso de los años, como tampoco cambia su actitud y comportamiento, que se traslada a sus iguales, de los cuales se sienten, muchas veces, distintos. Mejores, por lo general. Y el egoísmo se potencia hasta límites insospechados.

Para los que la política como forma de insertarnos en la sociedad es una forma de vida, en la instancia que nos está tocando vivir nos es hasta funesto comprobar que "los contras" para buscar soluciones consensuadas para el País, siembran ahora pánico y desesperanza. Los ávidos de oportunidades para sí mismos, acopian alcohol en gel, y los viejitos buenos que supuestamente se desviven en su humildad mentirosa por sus conciudadanos, avisan que no pueden atender a sus fieles, por tener una "enfermedad imulógica", como si no existieran otros medios de comunicación para ayudar al prójimo, cosa que por supuesto no está en sus genes. "Viejos chotos", diría el estimado profesor.

Por supuesto que nada de lo dicho es demostrable, pero es cierto, y estamos constatando con desazón que la falta de responsabilidad y empatía es la que provoca daños, y que los verdaderos héroes, son, como siempre, anónimos.

Las señales del gobierno y sus vías de comunicación se muestran claras y transparentes - metodología que habíamos olvidado - y los que somos responsables hemos incorporado el "chip" de que es vital la tarea en conjunto.

Por supuesto que habrá fisuras, que esperemos sean pocas, pero son inevitables para nuestra idiosincrasia "tanogallega", y ya las estamos padeciendo.

Pero para los contras y amargados de siempre, los que buscan "el pelo al huevo": señores y señoras, quédense en sus casas, y aunque no tengan síntomas, utilicen tapabocas, llámense a silencio, para no hacer daño con sus elucubraciones apocalípticas que no aportan nada. Solo pánico y desconcierto. Es fácil...

La Naturaleza es sabia, y seguramente apreciará los esfuerzos de los que intentamos escucharla, y respetarla.

Entretanto, el "smog" de muchas grandes ciudades se ha casi difuminado, y los canales de Venecia, por primera vez en muchas decenas de años, lucen aguas transparentes, con el retorno de peces y patos.

En pocos días.

Que cosa, ¿no?




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