Pili ya es historia, el resto de la agroindustria puede llegar a serlo

Por Tomás Laguna

Por anunciados, los hechos no sorprenden, lo que no implica que no alarmen. La punta de la madeja de una agroindustria nacional en franco proceso de desintegración. No se trata de generar escándalo, pero solo los necios y los cínicos tapan el sol con las manos e inventan argumentos para justificarse.

Las gremiales lecheras en conjunto emitieron un comunicado dónde expresaron que el 28 de noviembre fue un “un día triste para la familia tambera del país” y quedará marcado en la historia como la jornada en que “los productores que remitían a la planta de PILI en Paysandú tuvieron que buscar otro destino para su leche o cambiaron de actividad. Esto es un síntoma más de una situación crítica de todo el sector que ya vivió los recientes cierres de Schreiber Foods y Ecolat y seguirán otras si no se toman medidas de fondo”.

PILI no es una empresa más que por razones de gestión se fundió. Fundirse es una realidad en la dinámica de la economía de mercado, forma parte de la destrucción creativa dónde nuevos modelos de negocio sustituyen a empresas obsoletas (Werner Sombart – Joseph Shumpeter). Esta definición le viene bien al gobierno para justificar la desaparición de la industria sanducera, como lo pretende hacer la Ministra Cosse. Argumento para necios o peor aún, cínicos. No estamos ante una empresa que por mala gestión se desintegró. Tampoco fue el caso de Ecolat ni de Schreiber Foods.

Fundada en 1962 por el Sr. Homero Nolla, van tres generaciones de esa familia trabajando con arraigo en el país. Las inversiones que le permitieron crecer surgieron de sus propios esfuerzos desempeñándose en la economía nacional. No hace mucho importó una planta completa desde Suecia para mejorar la productividad industrial. Una empresa familiar que se creó para exportar, lo hacía con el 100% de su producción. Logró empoderarse en el mercado venezolano, por años una de las economías más poderosas de Latinoamérica, hoy absolutamente destruida por una caterva de corruptos e incompetentes, cultores de un socialismo de pacotilla solamente justificado por la incondicional izquierda uruguaya. La misma que, lejos de la eficiencia destructiva de sus pares venezolanos, es responsable del deterioro cada vez más preocupante en la competitividad de nuestras empresas más arraigadas a los sistemas productivos que dan razón de ser a nuestra economía. PILI fue víctima colateral del socialismo chavista y la destrucción de la economía venezolana, pero también es víctima de la incompetencia de la izquierda vernácula, cuando en un intento por re direccionar sus excelentes productos hacia otros mercados, se dieron contra la muralla de los aranceles y la falta de acuerdos comerciales en la mayor incompetencia histórica de nuestros gobiernos para lograr una inserción internacional acorde a las exigencias de nuestra economía exportadora.

La cadena agro industrial láctea es hoy motivo de angustia y tristeza, el mejor ejemplo del deterioro productivo de nuestro país. Precisamente en un rubro dónde deberíamos ser tan o más competitivos que Nueva Zelandia, el país referente por excelencia.

PILI y la lechería no están solas. La semana pasada denunciábamos el alerta naranja en el complejo agroindustrial ganadero, el que menos parecía verse afectado por la creciente crisis de competitividad. En su oportunidad nos alarmamos por el cierre de una planta de SAMAN, en tanto se siga reduciendo el área sembrada de arroz la seguirán otras. La industria molinera sufrió el cierre Cereoil, Cosechas del Uruguay y los molinos Dolores y Florida. Solo se mantienen en actividad 4 molinos, dos de ellos de un mismo propietario. Hoy el grueso de la harina para uso industrial se importa. Nuestro país se ha ubicado entre los principales exportadores de tops de lana del mundo, sin embargo hoy la industria topista se ve obligada a exportar lana sucia para competir, denuncia su viabilidad y corre serio riesgo mantenernos en los mercados más exigentes dónde hemos sido abastecedores. Es recurrente la referencia a los problemas financieros en la agroindustria citrícola, intentando sobrevivir a los altos costos internos y la falta de acuerdos comerciales que le permitan colocar la producción en igualdad de condiciones que la competencia.

Algunos se indignan por las exigencias de UPM para invertir en Uruguay. En realidad los finlandeses, con sus exigencias, han escrito el protocolo que requiere la agroindustria exportadora para ser competitiva. Sin estas condiciones no es viable ningún emprendimiento agro industrial, si no lo es para una empresa de la magnitud de UPM menos lo es para las empresas agro industriales de capitales nacionales.

Duele PILI, duele el deterioro de los complejos agroindustriales nacionales, duele la situación de los pueblos del interior dónde las cadenas de pagos se viene resintiendo día a día, duelen los productores lecheros, mayormente familiares, ordeñando en la inercia por mantener a las vacas produciendo sin saber si tiene sentido seguir haciéndolo, indigna la necedad y el cinismo de nuestros gobernantes...



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