Nuevo conflicto con los camioneros... ¿y van?

Por Tomás Laguna

Transporte carretero de carga: un viejo problema en la competitividad del agro negocio que no encuentra solución, antes bien se agrava cada año.

El transporte de carga para la producción que requiere ser llevada a los lugares de acopio o de estos a puerto es hoy uno de los costos más significativos en la agricultura y se ha vuelto un cuello de botella cada vez más estrecho. El tema vuelve a estar por estos días en el tapete en momentos de la cosecha de arroz, con acciones “gremiales” de los camioneros negándose a transportar el grano, pero además bloqueando toda posibilidad que quienes no adhieren a la medida lo hagan, si no logran que se les reconozca los costos del flete al momento de fijar precio. Se reitera lo vivido pocos meses atrás durante la cosecha de trigo, cuando se bloquearon rutas cruzando camiones o camionetas propiedad de los transportistas. Por entonces el Ministro Aguerre convocó a una reunión de todas las partes en carácter de urgente en su despacho, la que se continuó con otra en la que participó el Ministro de Obras Públicas. Esta última instancia determinó que se configurara un grupo de negociación impulsado por ambas Secretarías de Estado dónde debían entenderse las gremiales rurales, los acopiadores y los transportistas. A la fecha, y luego de algunas reuniones consideradas en carácter de grave y urgente, ningún acuerdo se logró. De estas instancias nunca participó la Asociación Cultivadores de Arroz por entender la gremial que en este rubro ya existía un entendimiento con los camioneros. Los hechos últimos evidencian que el tal entendimiento no existe y se reedita un conflicto que seguramente tendrá su tercera versión cuando se inicie en breve la cosecha de soja.

Estos desencuentros no empezaron el año pasado. Veamos un poco de historia.

En el 2012 las gremiales de transporte de carga elevaron al MTOP la solicitud de que no se otorgaran nuevos permisos para fletes carreteros justificándolos en problemas de costos lo que les impedía enfrentar la libre competencia por precios ante una mayor oferta. Fue entonces que el Ministerio de Transporte y Obras Públicas convocó a todos los actores involucrados, producción, acopiadores, importadores y por cierto a las gremiales del transporte de carga, a los efectos de integrar la Mesa Sectorial del Transporte. Con pompas y circunstancias el acto se celebró el 24 de abril de aquel año con la presencia incluso del propio ministro de Economía. El objetivo era que al cabo de 6 jueves consecutivos de reuniones quedaran identificados los problemas y se sugirieran soluciones para el transporte, además de “articular las políticas del transporte y tomar medidas necesarias para el mejor desarrollo del mismo” (sic). Se establecieron dos grandes capítulos de trabajo: la renovación de flota y eficiencia energética por un lado y el transporte de carga y la logística en la cadena productiva por otro.

Numerosas sesiones, actividades en sub grupos reducidos de trabajo. Nunca se conoció el documento final de estas sesiones, nunca se implementó una idea que ayudara al menos a disminuir la magnitud del problema.

Cinco años después el problema es aún más grave, porque el costo de los fletes siguió incrementándose, entre otras razones por el vaciamiento de ANCAP y sus consecuencias en los costos del combustible, pero para peor el valor de la producción a transportar se redujo en función de los precios en los mercados internacionales. La reacción del Poder Ejecutivo ha sido la misma que la de hace 5 años. Vuelve a crear mesas de negociación, no con los objetivos ambiciosos de aquella instancia del 2012, pero como en aquella oportunidad trasladando la responsabilidad de resolver los problemas de competitividad de nuestra economía a los privados actuando entre sí, mientras el gobierno “balconea” desde fuera siendo que es quién mayor responsabilidad tiene en la grave situación de los cada vez más altos costos de producción.

Otro capítulo en esta novela lo constituyen los reclamos y actitudes del gremio de los camioneros, quienes ejercen presión para que se contemplen sus exigencias de ganancias más allá de lo que pueda determinar el mercado, aprovechándose de una organización corporativa severamente estructurada y de acceso restringido, cada vez más parecida al gremio del taxi. Su reclamo principal refiere a que se respete una suerte de paramétrica que determina los costos del transporte de carga. Ambición seguramente que deberían tener todos los sectores empresariales al momento de vender, pero para lo cual no tienen la fuerza corporativa que a través de medidas de fuerza pretende ejerce el transporte de carga. Imaginemos al sojero diciéndoles al exportador “estos son mis costos de producción, debe respetarlos para fijarme precio”, o los arroceros haciendo lo propio con los molinos, o el triguero o el ganadero al momento de vender a frigorífico, o estos al momento de exportar exigirle al bróker que le respete sus costos porque pagó la hacienda cara y debe vender a mayor precio. Solo estructuras corporativizadas con capacidad de ejercicio de la fuerza por encima de los límites al que obliga el Estado de derecho son capaces de poner por delante este tipo de exigencias. Deberían comprender que sin producción los camioneros ya no transportarán nada, y para muchas regiones del país los costos de llevar la producción a puerto ha hecho desaparecer muchas hectáreas agrícolas.

A todo esto, como mejor respuesta el Ministro Aguerre vuelve a convocar a otra mesa de negociación,… ¿y van? Cuando será que desde el gobierno entiendan que ya no hay espacios para negociación entre privados, que se trata de esfuerzos inútiles y desgastantes, y que la única y efectiva solución pasa por una reorientación de toda la economía, abandonando sus preceptos populistas que nos van hundiendo sin pausa en una crisis creciente de competitividad. ¿Cuantos FANAPEL esperan que se repitan? Y la crisis en economía es el huevo que incuba la serpiente de la pobreza...



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