Manda el plenario, pierde el país

El Frente Amplio traslada sus contradicciones al gobierno y el presidente, los ministros y los legisladores se someten a los comités partidarios, debilitando la esencia representativa de la democracia. Mientras tanto, el país no sabe qué hacer con su inserción internacional. ¿Puede Uruguay seguir soportando tal grado de confusión y de desgobierno?

El plenario del Frente Amplio, esa confusa organización en la que reside buena parte del poder interno de la coalición gobernante, postergó una resolución sobre el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Chile que ya había firmado el gobierno y que se encuentra a estudio del Parlamento. El plenario no se integra por representación proporcional, por lo que su conformación no depende del voto popular, pese a lo cual tiene más influencia que la bancada de senadores y que los ministros. La demora tiene tufillo a empantanamiento, por lo que es posible que pasen meses antes de que pueda tomarse una definición. El TLC fue firmado hace dos años y el Parlamento chileno ya lo aprobó. Hace ya varios meses, el presidente Vázquez se quejó en público por las postergaciones, confesando que no sabía qué decirle a las autoridades chilenas cuando se encontraba con ellas en alguna instancia internacional.

La situación es ridícula y deja muy mal parados al Dr. Vázquez, al canciller y a los senadores, ya que se sabe que en el Senado hay mayoría para sancionar el TLC si algunos senadores oficialistas se animaran a votarlo con la oposición. La situación sería inédita pero no más perjudicial que la que se vive hoy, con un gobierno que no convoca mayorías y que genera un enorme descrédito internacional. Aunque el tema se encamine al final, trabajosamente, el daño ya está hecho.

Siendo muy grave, el asunto no es novedoso. El plenario o las bases, eufemismo detrás del que opera el Partido Comunista y otros grupos aliados o similares, han volteado ya orientaciones estratégicas del Poder Ejecutivo, como ocurrió anteriormente con la posibilidad de firmar un TLC con Estados Unidos o de afiliarse al acuerdo de comercio y servicios, el TISA. Similar retroceso tuvo que aceptar el presidente Vázquez, en otro tema, cuando decretó la esencialidad de los servicios de enseñanza y tuvo que retirar la medida ante la oposición de los sindicatos.

La resolución del plenario frenteamplista tiene repercusiones de toda índole. En primer término, hay un ataque grosero a la democracia representativa, basada en la potestad de los representantes —los legisladores— para actuar en nombre del cuerpo electoral sin que nada pueda interferir en su actuación. La República sigue siendo menoscabada y denigrada.

En segundo término, es muy triste el papel del presidente, sus ministros y sus legisladores, que quedan nuevamente desautorizados y desplazados. Nunca ocurrió en la historia uruguaya que los mandatarios fueran rehenes de comités de oscura representatividad. El presidente puede revertir la situación si solicita a los senadores que le responden que voten de inmediato el Tratado, sin esperar a cualquier resolución del plenario. Pero los antecedentes van en contra de esa posibilidad, dado que hasta ahora el Dr. Vázquez ha privilegiado siempre la unidad operativa de su coalición, aunque eso vaya en contra de los intereses nacionales y de su propio gobierno. Vázquez declaró tras la reunión del plenario que sigue pensando que la firma del TLC con Chile es beneficiosa para Uruguay, pero aun así da la impresión de que no se anima a dar el paso de pasar por arriba de los factores internos que lo limitan.

En tercer lugar, el Frente Amplio demuestra otra vez que no tiene una visión clara y estratégica sobre los principales temas del país. No sabe qué hay que hacer en materia de inserción internacional o no puede unificar una posición, así como no tiene idea de cómo reformar y actualizar la Enseñanza o, en otro plano, cómo combatir el delito. Las contradicciones, la inacción o la desorientación provocadas por las pujas internas dejan al gobierno y al país sin un rumbo claro en materias clave para el destino de los uruguayos.

Estos lastimosos antecedentes deberían hacer reflexionar a los votantes frenteamplistas, muchos de los cuales seguramente no quieren vivir en un país encerrado y sin horizontes. Y para colmo, gobernado no por aquellos candidatos a quienes eligieron, sino por una infundada y misteriosa trama de manipuladores que mantienen los resortes del poder. En favor de la democracia, los ciudadanos deben rebelarse en las elecciones de 2019 contra lo que significa el plenario y su vergonzosa y nefasta influencia.



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