Mamotreto dogmático del PCU

Por Santiago Torres

El comunismo uruguayo se apresta a llevar a cabo su XXXI Congreso “100 años de la Revolución de Octubre”. Para ello han preparado un documento preparatorio que, además de ser un mamotreto, es un fárrago de afirmaciones dogmáticas y repetitivas hasta la náusea. ¿Qué ha sido de los Rodney Arismendi, los José Luis Massera o los Jaime Pérez?

Durante buena parte del siglo XX, el Partido Comunista de Uruguay (PCU) se erigió en una poderosa fuerza política, con una enorme influencia que excedía por lejos su siempre exiguo caudal electoral. Ello fue posible merced al liderazgo político y teórico de Rodney Arismendi que, desde 1955, cuando se hace de la dirección del Partido en un putsch interno contra el entonces Secretario General Eugenio Gómez, y hasta su fallecimiento, en diciembre de 1989, poco después de la caída del muro de Berlín, en un involuntario símbolo del cierre de una época. Porque Arismendi —es menester destacarlo— fue siempre un leal soldado de la causa de la Unión Soviética, sin ambages ni matices.

Aquel PCU fue llevando a cabo una inteligente acumulación de poder que determinó, primero, la constitución de la CNT como central sindical única y, menos de una década después, la fundación del Frente Amplio, coalición que, hasta la crisis que siguió al derrumbe de la Unión Soviética y sus satélites, giró siempre en torno al PCU. Ningún partido o movimiento integrante del FA fue capaz de sustituirlo en el liderazgo frenteamplista, ni de doblarle la mano, pese a múltiples intentos.

Aquel PCU, que producía importantes desarrollos en el campo teórico marxista y que, al mismo tiempo, mostraba una gran agudeza política, más allá de puntuales desvaríos (como su incomprensible adhesión al “alvarismo” en tiempos de golpe y dictadura), se terminó en 1992, cuando el Partido estalló —incapaz de digerir el fin del faro soviético— y fue sucedido por una versión caricaturesca del mismo.

Esa versión de caricatura es el PCU no de Rodney Arismendi, el Ing. José Luis Massera y Jaime Pérez, sino el de Eduardo Lorier, Marina Arismendi, Juan Castillo o Marcelo Abdala, o sea, el que existe hoy. Y se nota demasiado.

Un botón de muestra —uno de múltiples— es el documento base para el próximo congreso partidario. Y se hace evidente desde el título: “Bases de Discusión para el XXXI Congreso del PCU «100 años de la Revolución de Octubre» - Para avanzar en democracia hacia una democracia avanzada rumbo al socialismo, construyendo el Partido de la Revolución”. A partir de allí, el sonsonete de la “democracia avanzada rumbo al socialismo” se reitera —palabra más, palabra menos— una diez veces más, al menos, a lo largo de más de 50 páginas.

Pero la reiteración ad nauseam de clichés —que son muchos— es, en realidad, el menor de los problemas, aunque da cuenta de la pobreza teórica de los autores del documento. El mayor problema es que éste expresa una visión del mundo tristemente pueril, simple y barata, con “buenos buenísimos” de un lado contra “malos malísimos” del otro. Y desde esa visión, el documento analiza la situación del mundo, la de la región, la del país, la marcha del propio gobierno —del que notoriamente desconfía— y del propio Frente Amplio y el PCU. En cada uno de esos análisis se reiteran los mismos clichés. Y cuando digo “los mismos”, no exagero: exactamente los mismos. Al que dude de mis palabras, lo invito a leer el documento íntegro.

El mundo, según estos camaradas, estaría asistiendo a una “crisis civilizatoria” producto de la “crisis estructural y orgánica del capitalismo”. O sea, esa crisis prácticamente terminal y que los comunistas vienen anunciando desde hace cerca de un siglo. Esta vez —en consonancia con lo expresado en congresos anteriores— nuestros comunistas sentencian: “La crisis es económica, es política, es ideológica, es energética, es ecológica y es ética. Lo que está en crisis estructural y orgánica es el capitalismo como propuesta civilizatoria de una clase para hegemonizar a la humanidad”. Y agregan, desarrollando el concepto: “La crisis del modo capitalista de producción, distribución y consumo es producto del propio desarrollo del sistema. Responde a las leyes intrínsecas de su propio desenvolvimiento histórico. El capitalismo se ahoga en su propio éxito”. A diferencia del socialismo real —me permito acotar— que se ahoga en su propio fracaso.

Y agregan: “Los avances formidables de la ciencia y la tecnología, cada vez más sociales, son apropiados por el capital y puestas a su servicio con la única finalidad de extraer más plusvalía”, demostrando que no han entendido en absoluto cómo surgieron esos “avances formidables de la ciencia y la tecnología”. Me permito tirarles una pista: no fueron “apropiados” (o sea, robados) por el capital sino que son producto del capital. De nada.

Para enfrentar a los “malos malísimos”, el PCU tiene muy claro qué debe hacer: “La dimensión de los desafíos planteados nos exige lograr en cada momento la más amplia unidad, la más amplia participación de pueblo. La construcción de una estrategia clara, la flexibilidad táctica para enfrentar una realidad cambiante donde el enemigo actúa y con mucho poder, la máxima amplitud en cada iniciativa y desarrollar la crítica revolucionaria, marxista-leninista, a nuestro propio accionar, que implica construir los caminos prácticos para superar lo criticado”.

¿Y semejantes definiciones se traducen en…? Bueno, en esto: “Para ello necesitamos más y mejor Partido y UJC. Todo lo hecho es enorme, pero no alcanza. Hemos hecho mucho, pero estamos lejos de lo que se necesita. Se precisa más unidad, más lucha y más síntesis popular. Se precisan más UJC y más PCU, más fuertes, más organizados, con más presencia e influencia en la sociedad, con más lazos de relación con nuestro pueblo. Esa construcción es nuestra responsabilidad”. ¡Ay, Rodney, si pudieras ver en qué se ha convertido tu Partido!

Claro, uno no termina de entender por qué tanto “más y mejor Partido y UJC” si, en última instancia, la crisis terminal del capitalismo es “producto del propio desarrollo del sistema”. Alcanzaría con sentarse en el cordón de la vereda a ver pasar el cadáver del enemigo. Ello mismos lo vuelven a afirmar un poco más adelante: “Los comunistas somos conscientes que una sociedad sin explotados ni explotadores, una sociedad comunista, «reino de la libertad y fin de la prehistoria de la humanidad», al decir de Marx, no sería posible si las propias leyes de desarrollo del modo de producción capitalista no condujeran a dicha sociedad del pan y de las rosas”.

Lo que pasa es que es así pero parece que no tanto: “Sin embargo, somos conscientes de que el desarrollo del capitalismo a través de sus leyes no garantiza el advenimiento de la nueva sociedad. El futuro no está escrito ni se llega linealmente a él”. No se entiende muy bien (tampoco en Marx): es inevitable ma non troppo. No me suena muy científico, pero queda presentada la “explicación”...

Pero vayamos ya a lo local, a lo uruguayo.

Primero, las quejas y llantos. El gobierno del Frente Amplio denota “la falta de disposición [...] para salir de los esquemas del gran capital”. Esquemas que llevan a que nuestra economía esté “cada vez más primarizada, concentrada y extranjerizada”. Vázquez, Astori: teléfono para ustedes. Y buena parte de la causa de eso es “el número exiguo de comunistas y compañeros 1001 que participan en el gobierno”. ¿Te queda claro, Tabaré?

Segundo, el PCU reitera sus brillantes propuestas en el plano económico: entes testigos para “el complejo cárnico y agro-pesquero alimentario” (o sea, vuelta al Frigonal, a ILPE, etc.) y muchos otros más, acompañados por un banco estatal de fomento porque el BROU es una porquería que apunta al corto plazo (“Tanto para los emprendimientos estatales como para los mixtos y privados de origen nacional se requiere un financiamiento de largo plazo para las inversiones, lo que implica la creación de un banco de desarrollo, fondeado también con capitales de largo plazo, cosa que no ocurre hoy con el BROU, la mayoría de cuyos depósitos están a la vista”). ¿Fondeado por quién?

Tercero, todo ese esfuerzo de fortalecimiento estatal (aquel Estado que al final de la historia debe desaparecer por arte de birlibirloque) es para derrotar a los “malos malísimos” locales, los que son prolijamente señalados con el dedo, como corresponde: “El bloque en el poder está integrado por los representantes directos del imperialismo, los capitalistas de bandera nacional cuyas ganancias se asocian al capital trasnacional, las cámaras empresariales, los sectores reaccionarios y fascistas de las FFAA, los dueños y operadores privilegiados de los grandes medios masivos de comunicación, la cúpula de los PPTT y otros actores políticos que expresan la integración social del bloque”.

Así, a medida que los malos vayan siendo derrotados, Uruguay podrá “avanzar en democracia hacia una Democracia Avanzada, con rumbo al socialismo y el comunismo”. Y habremos entonces llegado a la sociedad de los pitufos.



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