Los planteos de la producción y la ceguera del gobierno

Por Tomás Laguna

Incapacidad de respuesta, necedad, displicencia, ignorancia respecto del tenor de la demanda, soberbia, ¿o un poco de cada cosa? Lo cierto es que los reclamos de la producción siguen siendo ignorados con descarada inconciencia por parte del gobierno.

El Consejo de Ministros abierto, ese sainete populista que tanto le satisface al Presidente Vázquez, volvió a reunirse esta vez en Playa Pascual. Un montaje mediático sin más razón de ser que una suerte de concesión terrícola que los dioses del olimpo otorgan a los ciudadanos de a pie para creer que por un momento tienen la posibilidad de ser escuchados en sus planteos más simples frente a los grandes temas del Estado.

La oportunidad fue elegida por los auto-convocados, nucleados en el movimiento Un Solo Uruguay, para manifestarse ante la falta de respuestas del gobierno a sus reclamos, incluso la falta de respuestas a los planteos realizados a través de la llamada Mesa de Trabajo. Un grupo de ciudadanos portando el pabellón nacional se hicieron ver y por momentos escuchar durante la sesión abierta que la corte ofrecía a la plebe. Razonable actitud de quienes representaron a este amplio movimiento que se extiende a toda la República ante un Poder Ejecutivo cuya estrategia es distraer con invocaciones al diálogo sin otra respuesta que absurdas limosnas.

La presencia de los auto-convocados no fue en vano. Logró hacer pública la intención del gobierno en referencia a las reivindicaciones de la producción. El Presidente de la República fue contundente en que no habrá más concesiones que las ya realizadas, un portazo a la última sesión de la Mesa de Diálogo de la que aún se esperaba una respuesta al planteo para la rebaja del gasoil.

Vale recordar las tales concesiones que a juicio del gobierno atenderían los reclamos de la producción: Devolución del IVA del gasoil por el término de un año para los productores lecheros, arroceros y granjeros que no tributan IRAE; Rebaja de la energía eléctrica a los tamberos y arroceros por seis meses; Re perfilamiento del fondo lechero más el congelamiento de los arrendamientos a los colonos lecheros; Extensión de la devolución del IVA al gasoil a los ganaderos que tributan IMEBA; Rebaja de la contribución inmobiliaria rural para los propietarios de padrones rurales de menos de 1000 has CONEAT 100; y finalmente la ampliación de la congelación de las rentas del INC para los vencimientos de abril y mayo próximos. Lo acotado de estas medidas en su alcance y duración obvia cualquier comentario al posible impacto que las mismas pueden lograr. En todo caso es una demostración de cómo se subestima la real magnitud de un problema creciente, el cual de tomarse medidas inmediatas podría aún encausarse.

Un solo dato como botón de muestra. La evolución del endeudamiento bancario indica que el agro en su conjunto debía en el año 2006 el 26% de su PBI, al 2017 debe el 79% (no está considerado el endeudamiento comercial que acrecienta esta diferencia). Pero estas cifras son aún más dramáticas si tenemos en cuenta que en 11 años ese PBI se multiplicó por 1,8 mientras el endeudamiento creció 5,4 veces en dólares corrientes. Del total de la deuda bancaria del agro el 29% corresponde a los cultivos de secano, otro tanto la ganadería, un 13% la lechería mientras que el sector arrocero representa el 7%, igual monto que los servicios agrícolas ganaderos (empresas de servicios). Deben analizarse estas cifras relativizando su magnitud en función de los productores involucrados en cada rubro y volumen de la producción.

Los mezquinos anuncios del gobierno ni siquiera llegan a tiempo. La cosecha está en pleno apogeo sin respiro en sus costos. Peor aún, pagando servicios caros para la cosecha y el transporte de grano, siendo que los servicios a la producción no son alcanzados por las grageas de aspirina de las cuales con aire magnánimo se jacta el Poder Ejecutivo.

En la reciente inauguración de la Expo Melilla, demostración ferial que repica la Expo Activa de Soriano pero instalada a solo 12 kms del centro de la capital, el Ministro de Ganadería, Ing. Agr. Enzo Benech, en una prolongada, desordenada e intrascendente alocución (quiso emular a su antecesor en la longitud pero esta años luz en el contenido…) se dedicó a reivindicar el diálogo, expresando que “El tema de fondo es la capacidad que tenemos que tener los uruguayos para sentarnos a la mesa y discutir cómo salimos como sociedad”, insistiendo que considera necesaria la apertura de instancias con las gremiales agropecuarias, reafirmando el compromiso del gobierno a fin de buscar soluciones para el sector. En su reivindicación de las flores, los pajaritos y las mariposas (quien no recuerda a Mario Sanchez, aquel cómico argentino...) instó a actuar con “conciencia agropecuaria” añadiendo que el “El tema de fondo es la capacidad que tenemos los uruguayos para sentarnos a la mesa y discutir cómo salimos como sociedad”. Que se lo explique a los tantos productores que debieron enfardar la soja o echar animales a pastorearla, o los lecheros que arrastran el lastre del endeudamiento y debieron sacrificar parte de su rodeo productivo para mantenerse activos, o quienes prestan servicios al agro, sea empresas de maquinaria o transportistas que ven peligrosamente resentido su trabajo futuro por la menor cosecha actual o la reducción en el área de siembra futura. Ni mencionar los arroceros, menospreciados por el Sr. Presidente de la República, quienes siendo de los más competitivos en productividad y calidad en el mundo no logra cerrar cuentas en un país inmoralmente caro (el adjetivo no es en vano, hoy la producción debe pagar el agujero progresista en ANCAP).

No es ajena a esta situación la industria manufacturera, no en vano las cifras crecientes de desempleo.

No entienden nada, o se hacen los que no entienden para comprar tiempo. Las invocaciones al diálogo ya perdieron vigencia. El momento requiere acción, no deliberación. Y las acciones no refieren a bajar el precio del gasoil, esto ya no arregla nada. Se deben instrumentar medidas que eviten que se desarme el aparato productivo, se pierdan productores y la red de servicios que opera en su entorno. Y aun implementadas las medidas de urgencia, urge reconsiderar el modelo país. Pero para esto falta aún dos años...



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