Los disturbios navideños en Malvín

Por Jorge Ciasullo

“¿Yo señor -No Señor- pues entonces quién lo tiene? El gran bonete Señor” Nada más adecuado para este comentario que el famoso juego del gran bonete, porque, conocidos los lamentables desbordes (¿festivos?) ocurridos en Malvín el pasado 25 (Calles Orinoco y Amazonas) nadie es responsable de nada.

Como ha sido ampliamente difundido, el pasado 25 en un festejo navideño y callejero en Malvín, que se ha reiterado por años, se llegó a todo tipo de desbordes, sin que ninguna autoridad interviniera, dejando por horas toda la zona liberada- tierra de nadie- provocando daños en vehículos y viviendas, violando los derechos de los vecinos, al descanso y hasta de poder circular, salir o ingresar libremente a sus viviendas, ante el riesgo cierto de daños físicos.

La preparación de la fiesta, se inició horas antes con la instalación en la calle de una enorme piscina, y su llenado, limitando la circulación de vehículos. Nadie, ni la Intendencia Municipal, ni la Alcaldía o aún el Ministerio del Interior, parecen haber percibido la situación y, como mínimo, interesarse en si se contaba con los permisos y habilitaciones correspondientes.

Se instalaron en la vía pública parlantes con un volumen tal que podía escucharse la trasmisión desde varias cuadras a la redonda, imposibilitando, obviamente, el descanso y tranquilidad de todo el barrio. Hoy nadie es responsable de nada, ni de la piscina y su llenado, ni de los parlantes, ni de la contratación de equipos de música y de los encargados de su trasmisión. En una palabra, nadie se hace responsable de nada, el gran bonete fue.

Luego ocurrieron las agresiones entre los participantes, una vez más, nadie intervino.

Repudiados los hechos comenzaron los descargos, el Alcalde del Municipio E, sostuvo que había advertido previamente de los festejos- sin autorización- a la Intendencia Municipal de Montevideo. Ésta a su vez, declaró por medio de voceros, que no había recibido del Alcalde ninguna comunicación, telefónica o escrita sobre el particular y el Ministerio del Interior, una vez más, como en los sucesos vandálicos en protesta por el G20 –que oportunamente comentamos– explicó que no había intervenido “para evitar males mayores”.

La ciudadanía consternada, a través de las redes sociales, se pregunta y nosotros también, ¿dónde están aquéllos valores, que nos eran tan caros, como la convivencia social, la educación, el respeto mutuo y aún la protección que nos asegura la Constitución? Nos respondemos: no están.

¿Y por qué no están? nos volvemos a preguntar: nos respondemos porque el ejemplo viene de arriba.

En efecto, cuando la población percibe que existe un vacío de poder, que es ocupado por grupos organizados y hasta violentos y que en base a derechos humanos, que se aplican sólo a algunos, nadie se hará responsable de nada, entonces se cae, como ocurre ahora aquí paso a paso, en la anarquía.

Es anarquía, que la ejecución de cualquier política o acción del Poder Ejecutivo, legítimamente electo, deba pasar por la llamada mesa política del FA para su aprobación.

Es anarquía que el Presidente o un Ministro, sintiéndose agredidos en su orgullo, divulguen antecedentes, sin que nada los autorice a ello, de quienes osaron, en su visión, faltarles el respeto.

Es anarquía también, que el otrora combativo Pit-Cnt, no se entere que, bajo el gobierno de compañeros, se esté ante la pérdida de más de 40 mil puestos de trabajo, o que un diputado compañero, exija, promueva y aliente el trabajo en negro de obreros.

A esta trágica situación ha llegado nuestro país, costará mucho esfuerzo salir de ella y, sobretodo, recuperar valores de convivencia, que hoy, bajo la total responsabilidad del Poder Ejecutivo, se han perdido.



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